13.1.26

Vulnerabilidad emocional e influencia psicológica en grupos religiosos cerrados


 

Foto cortesía del Observatorio del pluralismo religioso en España

Importante. Queda autorizada la reproducción de este texto con fines educativos o de divulgación, siempre que se cite la fuente y se enlace directamente a este blog

 

En los debates sobre grupos cerrados, nuevos movimientos religiosos u organizaciones con liderazgos fuertes, suelen aparecer términos como "control mental" o "lavado de cerebro". Estos conceptos generan confusión porque, aunque remiten a preocupaciones válidas, no siempre cuentan con el mismo respaldo científico. Está documentado que ciertos grupos, como Peoples Temple of the Disciples of Christ y Heaven's Gate , aplicaron el aislamiento y el control emocional para retener a sus miembros. Sin embargo, esto no implica que todas las organizaciones con creencias alternativas utilicen métodos coercitivos.

Hace ya varias décadas que investigadores como Dick Anthony y Thomas Robbins cuestionaron la idea del "lavado de cerebro", que supone que una persona pierde su voluntad de forma automática al entrar en un grupo. Estos autores señalaron que tales modelos eran conceptualmente vagos y que tendían a ignorar la voluntad de los propios participantes (Anthony & Robbins, 1980). Si bien el modelo de persuasión coercitiva es útil para explicar situaciones de violencia de género, su aplicación en grupos cerrados se basa mayormente en estudios de caso y testimonios, lo que dificulta la replicación experimental de sus hallazgos.

 

La vulnerabilidad como estado situacional 

Para analizar estas situaciones con mayor precisión, resulta más productivo recurrir al concepto de vulnerabilidad psicológica. Es importante aclarar que este término no describe un rasgo fijo de la personalidad ni una enfermedad mental; tampoco implica una debilidad moral o intelectual.

En psicología, hablamos de estados situacionales en los que una persona, debido a circunstancias vitales (como un duelo, una separación o un período de estrés intenso), puede experimentar una disminución temporal de sus recursos emocionales. En esos momentos, evaluar opciones complejas o tolerar la incertidumbre se vuelve mucho más difícil. Este enfoque está alineado con el modelo diatesis-estrés: los eventos vitales estresantes interactúan con factores personales y afectan transitoriamente la manera en que pensamos y decidimos (Monroe & Simons, 1991).

Como bien señalaron Lazarus y Folkman (1984), en contextos de presión elevada, las personas tienden a buscar respuestas claras y estructuradas. Esto no es exclusivo de los grupos cerrados; ocurre también en ámbitos laborales, políticos o familiares. Cuando la incertidumbre resulta difícil de procesar, las soluciones simplificadas pueden volverse psicológicamente atractivas.

La gran mayoría de las personas que atraviesan crisis vitales no llegan a integrarse en grupos cerrados ni adoptan creencias extremas. Además, muchos acercamientos a grupos espirituales o ideológicos son exploratorios. Como señalan estudios sociológicos clásicos sobre conversión, la curiosidad inicial suele traducirse en una participación superficial. (Lofland & Stark, 1965). La incorporación plena solo ocurre cuando la persona acepta activamente comprometerse con el grupo. 


Procesos de influencia y control 

La psicología social describió procesos normales y cotidianos que pueden darse en muchos contextos grupales y que explican la permanencia en estos grupos sin necesidad de recurrir a ideas tales como "lavado de cerebro" o "control mental":

  1. Refuerzo comunitario y pertenencia: Los seres humanos tenemos una necesidad básica de pertenecer. Baumeister y Leary (1995) mostraron que esto no es un lujo, sino una motivación fundamental. Cuando un grupo satisface esa necesidad en un momento difícil, la experiencia resulta gratificante, especialmente en momentos difíciles. Eileen Barker (1984) documentó cómo muchas personas permanecen en grupos controvertidos no por obligación, sino porque el entorno les resulta emocionalmente significativo. Este tipo de refuerzo puede convertirse en dependencia emocional si el grupo pasa a ser la principal (o única) fuente de validación, sin que sea necesario que medien amenazas ni engaños explícitos.

  2. Internalización de normas y exclusión del disenso: En grupos cohesionados, las normas no siempre se imponen desde afuera, sino que se internalizan. Herbert Kelman (1958) explicó la diferencia entre obedecer por miedo y adoptar normas como propias; en este último caso, la autocensura surge de manera espontánea. Es lo que Irving Janis (1972) llamó "groupthink": el disenso se percibe como una amenaza a la armonía y se termina desconfiando sistemáticamente de la información externa.

  3. Culpa y autoexigencia como mecanismos de control: A menudo, el control no se ejerce mediante castigos, sino generando expectativas morales internas. Cuando alguien duda, puede sentir culpa o una sensación de fracaso personal Tangney (2007) y Bandura (1991). La teoría de la disonancia cognitiva de Festinger (1957) ayuda a entender por qué, tras haber invertido mucho emocionalmente, una persona prefiere reafirmar su adhesión al grupo antes que enfrentar el malestar que implicaría cuestionar sus decisiones. En muchos casos, la forma de presión más determinante es aquella que el propio individuo internaliza y ejerce sobre sí mismo.

  4. El costo emocional de abandonar el grupo:  Salir de un grupo no es sencillo, incluso si nadie lo prohíbe. Implica perder identidad y sentido de pertenencia. Como explicó Iannaccone (1994), muchos grupos funcionan aumentando los costos sociales y emocionales de la partida, lo que refuerza la permanencia sin necesidad de coerción. 

 

Mi posición personal sobre el debate 

Desde mi punto de vista, una postura escéptica debería evitar los dos extremos: tanto el alarmismo sin evidencias  como la negación absoluta de cualquier impacto asociado a la vulnerabilidad emocional. Este tipo de indefensión constituye un estado situacional, común en distintos momentos de la vida  que puede dar lugar a experiencias subjetivas complejas. Las experiencias en grupos religiosos cerrados no implican necesariamente la comisión de delitos ni una pérdida total de la autonomía, pero sí requieren un análisis atento y matizado.

 

Bibliografía de consulta 


Barker, E. (1984). The Making of a Moonie. Blackwell. 


Bonanno, G. A. (2004). Loss, trauma, and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? American Psychologist, 59(1), 20–28. 


Cialdini, R. (2001). Influence: Science and Practice. Allyn & Bacon. 


Escudero Nafs, A., Polo Usaola, C., López Gironés, M., & Aguilar Redo, L. (2005). La persuasión coercitiva, modelo explicativo del mantenimiento de las mujeres en una situación de violencia de género. I: Las estrategias de la violencia. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 25(95), 85–117. 


Janis, Irving. (1972) Victims of Groupthink: A Psychological Study of Foreign-policy Decisions and Fiascoes. Boston: Houghton, Mifflin.

Kelman, H. C. (1958). “Compliance, identification, and internalization”. Conflict resolution VII N° 1

Lofland, J., & Stark, R. (1965). Becoming a world-saver: A theory of conversion to a deviant perspective. American Sociological Review, *30*(6), 862–875. Monroe, S. M., & Simons, A. D. (1991). “Diathesis–stress theories in the context of life stress research”. Psychological Bulletin.

Robbins, T. & Anthony, D. Brainwashing and the persecution of “cults”. J Relig Health19, 66–69 (1980). https://doi.org/10.1007/BF00996781

3.1.26

La ciencia detrás de por qué tantas personas creen en los poderes psíquicos

 

 


 La clarividente Claire Reichart juzgada por el tribunal de jueces legos de Múnich por el delito de engaño, según el artículo 54 del Código Penal de la Policía de Baviera (1926), foto procedente del Archivo Kester

 

El siguiente artículo es una traducción al castellano del original que se encuentra en The Conversation The science of why so many people believe in psychic powers escrito por Neil Dagnall y Ken Drinkwater en 2019. También hay una traducción al castellano del mismo artículo en el blog Marcianitos verdes de Luis Ruiz Noguez, aquí  .

 

 La ciencia detrás de por qué tantas personas creen en los poderes psíquicos

por Neil Dagnall y Ken Drinkwater 

La transmisión de pensamientos y la capacidad de predecir el futuro no son habilidades que comúnmente asociamos con los seres humanos. Sin embargo, las investigaciones demuestran que muchas personas creen genuinamente en la existencia de poderes psíquicos.

Podría pensarse que los numerosos casos de fraude psíquico comprobados a lo largo de los años habrían debilitado la credibilidad de estas afirmaciones. Existen casos históricos, como el de Lajos Pap, el médium espirititualista húngaro que fue descubierto fingiendo apariciones de animales durante sesiones espiritistas. Más recientemente, James Hydrick fue desenmascarado como un farsante. Hydrick confesó que sus supuestas manifestaciones paranormales eran en realidad trucos que aprendió en prisión.

Otro caso notable involucra al televangelista Peter Popoff. Su esposa utilizaba un transmisor inalámbrico para enviarle información sobre los asistentes a través de un auricular oculto. Popoff afirmaba recibir esta información por medios paranormales y se hizo famoso conduciendo un programa televisivo a nivel nacional, durante el cual realizaba curaciones aparentemente milagrosas en miembros de la audiencia.

A pesar de estos casos, muchas personas continúan creyendo firmemente en las capacidades psíquicas. Según una encuesta Gallup realizada en Estados Unidos, más de un cuarto de la población cree que los humanos poseen habilidades psíquicas como la telepatía y la clarividencia.

Los creyentes

Un estudio reciente ayuda a arrojar luz sobre por qué las personas continúan creyendo en estos poderes. La investigación evaluó a creyentes y escépticos con el mismo nivel educativo y rendimiento académico, encontrando que quienes creen en los poderes psíquicos tienden a pensar de manera menos analítica. Esto significa que interpretan el mundo desde una perspectiva personal y subjetiva, sin considerar la información de forma crítica.

Los creyentes frecuentemente consideran las afirmaciones psíquicas como evidencia confirmatoria, independientemente de su fundamento real. El caso de Chris Robinson, quien se autodenomina "detective de sueños", ejemplifica esto.

Robinson afirma haber predicho ataques terroristas, desastres y muertes de celebridades. Sus afirmaciones se basan en pruebas limitadas y cuestionables. Aunque las pruebas realizadas por Gary Schwartz en la Universidad de Arizona respaldaron la capacidad de Robinson, otros investigadores que utilizaron métodos similares no pudieron confirmar las conclusiones de Schwartz.

Afirmaciones imprecisas

Las afirmaciones psíquicas suelen ser generales y vagas, como predecir un accidente aéreo o la muerte de una celebridad. Esta vaguedad contribuye en gran medida a que muchas personas crean en la posibilidad de las capacidades psíquicas.

Este fenómeno se conoce como el efecto Barnum, un mecanismo psicológico mediante el cual las personas aceptan descripciones vagas de personalidad como si fueran exclusivamente aplicables a ellas.

Las investigaciones han demostrado, por ejemplo, que las personas otorgan altas calificaciones de precisión a descripciones de personalidad supuestamente diseñadas específicamente para ellas, cuando en realidad son lo suficientemente generales como para aplicarse a un amplio rango de personas. El nombre hace referencia a Phineas Taylor Barnum, el famoso empresario circense, quien tenía reputación de ser un maestro de la manipulación psicológica.

Imposible de validar

Muchas afirmaciones psíquicas también han resultado imposibles de verificar. Un ejemplo clásico es la afirmación de Uri Geller de que él "hizo mover" el balón durante un penal en la Eurocopa 96. El movimiento de la pelota ocurrió espontáneamente en un entorno no controlado, y Geller hizo la afirmación retrospectivamente.

Cuando las supuestas habilidades se someten a escrutinio científico, los investigadores las desacreditan. Este fue el caso de Derek Ogilvie en el documental de televisión de 2007 The Million Dollar Mind Reader. La investigación concluyó que Ogilvie creía genuinamente que tenía poderes, pero en realidad no era capaz de leer las mentes de los bebés.

Cuando algunos científicos han respaldado afirmaciones psíquicas, las críticas no se han hecho esperar. Esto ocurrió en la década de 1970 cuando los físicos Russell Targ y Harold Puthoff publicaron un artículo en la prestigiosa revista Nature que respaldaba la idea de que Uri Geller poseía habilidades psíquicas genuinas. Psicólogos como Ray Hyman lo refutaron, señalando importantes fallas metodológicas, incluyendo un agujero en la pared del laboratorio que permitía ver los dibujos que Geller reproducía "psíquicamente".

Evidencia mixta

Otro factor que facilita la creencia en las capacidades psíquicas es la existencia de investigación científica con resultados positivos. Esto refuerza la opinión de los creyentes de que las afirmaciones son genuinas y el fenómeno es real, pero ignora el hecho de que los estudios publicados frecuentemente son criticados y requieren replicación para obtener aceptación general.

Un ejemplo destacado es un artículo del psicólogo social Daryl Bem publicado en el Journal of Personality and Social Psychology. Se afirmó que la investigación mostraba evidencia de la existencia de precognición (conciencia cognitiva consciente) y premonición (aprehensión afectiva) de eventos futuros. Sin embargo, otros investigadores no lograron reproducir estos resultados.

Creer a pesar de todo

Así que parece que, a pesar de los casos de falsedad, falsificación y fraude, así como de la evidencia mixta, las personas continuarán creyendo en los fenómenos psíquicos. De hecho, las investigaciones muestran que uno de cada tres estadounidenses siente que ha experimentado un momento psíquico, y casi la mitad de las mujeres estadounidenses afirman haber sentido la presencia de un espíritu.

Parece que los creyentes seguirán creyendo, a pesar de que la ciencia indique lo contrario, ya sea por falta de habilidades analíticas, por experiencias que consideran genuinas, o simplemente porque hace que el mundo sea un poco más interesante.