3.4.25

Geomitología: ¿Pueden los geólogos relacionar antiguas historias de grandes inundaciones con eventos reales?

 

 

"El Diluvio", por Francis Danby, óleo sobre lienzo creado alrededor de  1840

Geomitología: ¿Pueden los geólogos relacionar antiguas historias de grandes inundaciones con eventos reales? por David R. Motgomery publicado en inglés en The Conversation

Las sociedades modernas han reflexionado durante mucho tiempo sobre las antiguas narraciones de grandes inundaciones. ¿Relatan acontecimientos reales de un pasado remoto o son mitos surgidos de la imaginación? Para muchos en Occidente, la historia del diluvio de Noé es la más conocida. Sin embargo, culturas de todo el mundo han transmitido sus propias versiones sobre desastres naturales devastadores.

Una reciente investigación, publicada en Science por un equipo de científicos, en su mayoría chinos y encabezados por Qinglong Wu, aporta pruebas geológicas de un evento que, según proponen, podría haber dado origen a la historia china de una gran inundación. Este estudio profundiza en el campo de la geomitología, disciplina que vincula las tradiciones orales y el folklore con fenómenos naturales como terremotos, erupciones volcánicas e inundaciones.

 Una vista del Desfiladero Jishi, río arriba de la represa formada por un deslizamiento de tierra que, según los investigadores, desencadenó una gran inundación en China hace casi 4.000 años. Depósitos de limo gris son visibles a decenas de metros por encima del agua. Wu Qinglong, CC BY-NC

 

La historia del Emperador Yu, el fundador legendario de la primera dinastía de China, se centra en su habilidad para drenar las persistentes inundaciones de las tierras bajas, trayendo orden al territorio. Esta antigua narración de inundación destaca el triunfo del ingenio y el esfuerzo humano sobre las fuerzas caóticas de la naturaleza. A diferencia de otras tradiciones sobre diluvios, su héroe no se limitó a sobrevivir a una catástrofe que destruyó el mundo, sino que llevó a cabo obras de ingeniería fluvial que estabilizaron el territorio y facilitaron el desarrollo de la agricultura en las tierras bajas. Sin embargo, surge la pregunta: ¿Fue el Emperador Yu una figura histórica real y, de ser así, qué evento desencadenó la gran inundación que ocupa un lugar central en su historia?

"Diagrama del proceso hipotético de ruptura de la presa en la garganta de Jishi." Wu Qinglong, CC BY-ND

 

En su reciente análisis, Wu y su equipo se basan en investigaciones previas sobre deslizamientos de tierra en la garganta de Jishi, donde el río Amarillo desciende desde la meseta tibetana. Recolectan evidencia geológica y arqueológica para sostener que, cuando una presa formada por un deslizamiento de tierra colapsó, una inundación devastadora arrasó el río Amarillo alrededor del año 1920 a.C. Datando sedimentos lacustres atrapados aguas arriba de la presa y sedimentos de inundación depositados aguas abajo, identificaron restos a elevaciones de hasta 50 metros sobre el nivel del río. Estimaron que el colapso de la presa liberó casi medio millón de metros cúbicos de agua por segundo, una corriente que se precipitó a lo largo del río Amarillo y atravesó la antigua China. Además, destacan que esta inundación coincide temporalmente con una significativa transición arqueológica del Neolítico a la Edad de Bronce en las tierras bajas situadas aguas abajo del río Amarillo.


  Detalle de un pergamino colgante del Emperador Yu. Ma Lin

El estudio publicado en Science no solo presenta evidencia de una gran inundación en el momento y lugar adecuados para corresponder con la inundación de Yu, sino que también señala su coincidencia con un cambio previamente identificado en el curso del río Amarillo hacia una nueva desembocadura a través de la llanura del norte de China. Los investigadores sugieren que la inundación pudo haber roto los diques en el río de las tierras bajas y desencadenado esta alteración en su curso.

Este fenómeno, a su vez, ayudaría a explicar un aspecto singular de la historia de la inundación de Yu. Un gran río redirigido a un nuevo cauce podría haber provocado inundaciones persistentes en las tierras bajas. Una trayectoria más extensa hacia el mar habría generado una pendiente más suave, favoreciendo la acumulación de sedimentos, obstruyendo el canal y dividiendo el flujo en múltiples ramificaciones, lo que habría exacerbado aún más las inundaciones en la región. Este escenario encaja con la narración del prolongado trabajo de Yu para drenar las aguas y encauzarlas hacia el mar.

 

Relatos de inundaciones de culturas de todo el mundo

Las historias de inundaciones están presentes en culturas de todo el mundo. Al investigar los posibles orígenes geológicos de estos relatos para mi libro "Las rocas no mienten: un geólogo investiga el diluvio de Noé", quedé impresionado por cómo la geografía de detalles aparentemente curiosos en muchos mitos locales coincidía con los procesos geológicos que causan inundaciones desastrosas en distintas regiones. Incluso en el valle del Nilo, donde la inundación anual es predecible, la ausencia de historias sobre inundaciones resulta coherente con el hecho de que, en el antiguo Egipto, el verdadero peligro no era el exceso de agua, sino la sequía. Allí, la falta de inundación habría sido catastrófica.

En el Pacífico, una región propensa a tsunamis, los relatos sobre inundaciones describen olas gigantescas que emergen del mar. Los primeros misioneros cristianos se sorprendieron al notar que las tradiciones de las islas del Pacífico Sur no mencionaban los 40 días y noches de lluvia del relato bíblico, sino grandes olas que golpeaban sin previo aviso. Una historia tradicional de la costa de Chile cuenta cómo dos grandes serpientes competían para ver cuál podía hacer subir más el nivel del mar, provocando un terremoto y enviando una ola gigante hacia la costa. De manera similar, los relatos de los nativos americanos en las comunidades costeras del noroeste del Pacífico narran batallas épicas entre el Pájaro del Trueno y la Ballena, enfrentamientos que sacudían la tierra y generaban olas colosales que azotaban la costa. Estas historias parecen descripciones precientíficas de un tsunami: una ola desencadenada por un terremoto que puede inundar catastróficamente las costas sin previo aviso.

 

 

Los glaciares pueden ceder inesperadamente, liberando cantidades masivas de agua que habían sido retenidas por el hielo

 Otros relatos de inundaciones evocan la ruptura de represas de hielo y escombros en los márgenes de los glaciares, que liberan repentinamente los lagos que contenían. Un ejemplo de ello es una historia de inundación escandinava que narra cómo Odín y sus hermanos mataron al gigante de hielo Ymir, provocando una gran inundación que arrasó con personas y animales. No se requiere mucha imaginación para ver cómo este relato podría estar describiendo la ruptura de una represa glacial.

 Las inundaciones más mortíferas y perturbadoras serían tema de conversación durante años. Aquí, los aztecas realizan un ritual para apaciguar a los dioses enojados que habían inundado su capital.

 

 No esperen pruebas definitivas

Por supuesto, los intentos de aplicar la ciencia para vincular relatos antiguos con eventos reales están inevitablemente cargados de especulación. Sin embargo, es evidente que las historias de grandes inundaciones se encuentran entre las más antiguas de la humanidad. Y el patrón global de tsunamis, inundaciones por desbordamientos glaciares e inundaciones catastróficas en tierras bajas encaja bastante bien con detalles inusuales presentes en muchas de estas narraciones.

Y aunque la evidencia geológica descartó la idea de una inundación global hace casi dos siglos, existen alternativas plausibles para una explicación racional del diluvio bíblico. Una posibilidad es la inundación catastrófica que los oceanógrafos Bill Ryan y Walter Pitman proponen que tuvo lugar cuando el aumento del nivel del mar tras el deshielo glacial rompió el Bósforo, vertiendo las aguas del Mediterráneo en un valle de agua dulce en tierras bajas, dando origen al Mar Negro. O tal vez podría estar relacionada con inundaciones catastróficas en las tierras bajas de la Mesopotamia estuarina, como la que en 2008 anegó el delta del Irrawaddy, cobrándose la vida de más de 130.000 personas.

 

28.3.25

El engaño del experimento Filadelfia

 


En los círculos del misterio de la segunda mitad del siglo XX, circuló un mito urbano sobre un presunto experimento secreto de camuflaje tecnológico llevado a cabo por la Marina estadounidense. La leyenda, inicialmente difundida a través de las afirmaciones del marino mercante Carl Meredith Allen, quien se decía testigo del evento, en su correspondencia con el ufólogo Morris K. Jessup relata que durante la Segunda Guerra Mundial, el buque de guerra S.S Eldridge fue objeto de un experimento naval con el objetivo de hacerlo invisible a la detección de radares y submarinos enemigos, lo cual habría resultado en una supuesta teletransportación accidental.

Según el relato de Carl Allen, en un astillero de la costa este de los Estados Unidos, científicos e ingenieros habrían desarrollado un dispositivo capaz de generar un campo electromagnético de ocultamiento visual que haría desaparecer cualquier rastro del navío. Supuestos testigos, incluido Allen, afirmaron haber presenciado un evento en el que el buque desapareció por completo. El individuo añadió que el destructor habría sido teletransportado al puerto de Norfolk, a unos 600 kilómetros de distancia, y luego habría regresado a su punto de origen.

Pero las consecuencias del supuesto experimento, habrían sido devastadoras para la tripulación. El autoproclamado testigo habla de marineros fusionados con la estructura metálica, personal que se desvaneció sin dejar rastro, marinos congelados y sobrevivientes que padecieron alteraciones mentales inexplicables .

La narrativa del Experimento Filadelfia, alcanzó mayor notoriedad en 1979 con la publicación del libro 'El misterio Filadelfia: proyecto de invisibilidad' escrito por el autor bestseller  Charles Berlitz. La obra se basa en gran medida en las cartas de Allen recopilando diversos testimonios de supuestos testigos y participantes del experimento, incluyendo relatos de marineros que aseguraban haber sido parte del proyecto. El escritor argentino  Pablo Capanna asegura que el libro es un plagio de la novela publicada dos años antes  "Aire claro", de George R. Burger y Neil R. Simson. Cinco años después se filmó la película de John Carpenter "El experimento Filadelfia", con guión del mismo Berlitz y el agregado de tripulantes viajeros en el tiempo.

La cuestión se vuelve aún mas delirante gracias a Alfred Bielek , que vinculó al experimento Filadelfia con el Proyecto Montauk, otra teoría conspirativa que afirma que en esa base de la Fuerza aérea norteamericana se hacen experimentos de  guerra psicológica , incluyendo viajes en el tiempo.

Como es típico en los círculos militares, cualquier información sobre estas cuestiones ha sido sistemáticamente negada, alimentando precisamente por esta misma razón décadas de especulaciones y teorías conspirativas entre los denominados "investigadores del misterio" y teóricos de la conspiración, quienes han explorado sin descanso los supuestos límites de la tecnología secreta involucrando a Einstein, Tesla y Von Neumann. La muerte de un ufólogo vinculado involuntariamente con la historia del Experimento Filadelfia incluyó en esta narrativa, el oscuro accionar de los "hombres de negro" .

No habrá ninguna desmentida o prueba que convenza a los teóricos de la conspiración y exploradores del misterio que quieran creer en la verosimilitud del supuesto proyecto. Para el ufólogo Jacques Vallée la historia que dio comienzo al bulo (porque se trata de eso) surgió de exageraciones y distorsiones de "hechos reales" vinculados a)  supuestos experimentos de invisibilidad por radar o bien b) la supuesta desmagnetización de barcos para ayudar a eludir las minas magnéticas alemanas.

Sin embargo, es difícil imaginar como un sujeto común y corriente (como veremos adelante) pudo haber tenido acceso a información secreta clasificada de la marina de los EEUU.

 

Las cartas de Carl Allen

En 1955, Morris K. Jessup (1900-1959), un vendedor de repuestos de automóviles y astrónomo aficionado, publicó el libro The Case for the UFO y emprendió una gira promocional de la obra. El texto, sugirió que la investigación continua sobre la Teoría del Campo Unificado de Einstein podría eventualmente explicar los sistemas de propulsión que supuestamente estaban siendo utilizados por los ovnis.

Según Pablo Capanna, durante una de sus conferencias, un individuo que se identificó posteriormente como Carlos Miguel Allende comenzó a enviarle cartas a Jessup, afirmando haber presenciado el Experimento Filadelfia. Carl Allen, quien adoptó el seudónimo de "Carlos Allende" para dar mayor credibilidad a sus relatos, había sido dado de baja de la Armada cuatro meses antes del supuesto incidente y declaró haber estado a bordo de un barco mercante el día en cuestión. Jessup, preocupado por la información sensible contenida en las cartas, las entregó a la Marina.". En la correspondencia, Allen(de) se extendía en detalle sobre la teletransportación, hombres invisibles, recuerdos hipnóticos, telepatía y temas similares, aunque ofrecía muy pocos detalles específicos sobre el supuesto "experimento" que había presenciado. Posteriormente, una copia del libro de ovnis de Jessup apareció en la Oficina de Investigación Naval en Washington, supuestamente “anotada” por tres personas diferentes, “Mr. A,” “Mr. B,” y “Jemi.”Los autores de estas anotaciones afirmaban ser seres extraterrestres. Esta versión fue reproducida más tarde en copias mimeografiadas por la Compañía Varo Manufacturing de Garland, Texas y se conoce como la “Edición Varo” del libro de Jessup.

El 20 de abril de 1959, Jessup fue encontrado muerto en su automóvil , en lo que se declaró oficialmente como un suicidio por inhalación de monóxido de carbono.Algunos teóricos de la conspiración han argumentado que Jessup no se suicidó, sino que fue asesinado para silenciarlo por hombres de negro. Anna Lykins Genzlinger aseguró que Jessup fue víctima de entidades gubernamentales secretas, preocupadas por su conocimiento especial en temas como el Experimento Filadelfia

Por otro lado, quienes apoyan la teoría del suicidio destacan que Jessup enfrentaba dificultades personales y profesionales en ese momento. Su carrera como escritor ufológico no le proporcionaba estabilidad económica, su esposa lo había abandonado en 1958, y un grave accidente automovilístico había afectado su salud y estado emocional. Estos factores, combinados con su obsesión por temas controvertidos y su posible declive mental, podrían haberlo llevado a tomar la decisión de quitarse la vida.

El investigador escéptico Joe Nickell expresa que 

Las pruebas in situ dejaron pocas dudas sobre lo que realmente ocurrió. La camioneta de Jessup tenía una manguera conectada al tubo de escape que atravesaba una ventana trasera parcialmente abierta. El coche se había dejado en marcha, lo que permitió que se acumularan gases tóxicos en el interior. La muerte se declaró oficialmente como suicidio (Clark 1998, 1:546; Oberg 2001). El único detalle que nos hace dudar es que el coche se dejó en un lugar que pudiera llamar la atención. Esta situación podría sugerir, más que algo nefasto, la posibilidad de que Jessup albergara la secreta esperanza de que alguien interviniera, y eso fue lo que ocurrió, aunque trágicamente demasiado tarde.

A finales del verano de 1969, la organización de investigación de fenómenos aéreos APRO (Aerial Phenomena Research Organization) informó que Carl Allen había visitado sus oficinas en Tucson, Arizona, llevando consigo una copia de la Edición Varo. Allen confesó que el "Experimento Filadelfia" era un engaño. El director de APRO, Jim Lorenzen, escribió al investigador de ovnis Kevin Randle que Allen, quien se dirigía a Denver, Colorado, debido a lo que él creía ser una enfermedad terminal, se detuvo en la sede de APRO en Tucson y, tras conversar durante horas, admitió haber inventado toda la historia del Experimento Filadelfia. Lorenzen añadió que obtuvieron una declaración firmada por Allen confirmando que se trataba de un engaño (Randle 1989, 93). Además, el director de APRO señala que, con el tiempo, Carl(os) Allen(de) se sintió resentido por la publicidad no deseada generada por sus cartas y por el hecho de que otros se beneficiaran de su historia. En 1969, como acto de venganza, le entregó un ejemplar de la Edición Varo de Morris Jessup (El caso de los ovnis) junto con una confesión escrita que está resumida en Allende Letters A Hoax?

El escéptico Robert Sheaffer cuenta en su artículo sobre el experimento Filadelfia escrito para La enciclopedia de lo paranormal que :

El ufólogo Gray Barker grabó una entrevista con Carl(os) Allen(de), que fue vendida al público (Barker 1978). En ella, Allen(de) no solo admite haber escrito las supuestas anotaciones extraterrestres de la Edición Varo, sino que también ofreció a Barker y a su colega James Moseley, también presente, muestras de su propia escritura como prueba de que coincidían. Sin embargo, se mantuvo en su historia original sobre haber presenciado cómo un barco de la Marina—el Destructor Escolta (DE) 173, para ser precisos—desaparecía el 18 de octubre de 1943 a las 5:05 p.m. exactas. No se dijo nada sobre supuestos viajes en el tiempo o contacto con extraterrestres. Como cuando habló con APRO casi una década antes, Allen(de) en la grabación nuevamente se presentó a sí mismo al borde de la muerte: “Tengo 53 años, estoy demacrado, no me queda mucho tiempo de vida.”  Sin embargo, Allende aún no tenía una enfermedad terminal y continuó viviendo por muchos años más.

Otro escéptico, Brian Dunning relata que su amigo, el investigador de lo paranormal Robert Goerman, descubrió que Allen era hijo de un amigo cercano de la familia. Así descubrió que Carl Allen era una especie de oveja negra de la familia, un solitario creativo e imaginativo, conocido por anotar cualquier cosa en la casa y enviar escritos y afirmaciones extravagantes a todos los miembros de la familia para cualquier ocasión.

Desde nuestro punto de vista, es posible que Allen haya presentado pseudología fantástica o mitomanía, un trastorno psicológico caracterizado por la creación de historias elaboradas y fantásticas, que los afectados pueden llegar a creer como reales.

Por último, Pablo Capanna hace la siguiente revelación. En el cuento "El pequeño Antón", publicado en 1949 (seis años antes de que Allende abordara a Jessup en aquella conferencia) por el escritor Reginald Bretnor, un personaje llamado Schimmelhorn aparece trabajando para la marina en un proyecto avalado por su amigo Einstein, en los buques de guerra usando un revolucionario sistema electrónico que los hará “invisibles” al radar. Ante el asombro de todos, un acorazado británico desaparece en alta mar y reaparece unas horas más tarde en New Haven. Es el “efecto Schimmelhorn”, que resulta de conjugar los sistemas electrónicos con los poderes mentales de Antón, el sobrino del genio, quien envía el barco “a otra dimensión” por unas horas. Cualquier parecido con la realidad, se diría que no es casual.

El escritor argentino concluye su artículo sugiriendo que quizás nos encontremos ante otra de las perversiones de la ciencia ficción, fuente de inspiración para numerosas pseudociencias