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14.6.26

¿Es la psicopatía una entidad clínica?

 

John Wayne Gacy - "El payaso asesino" (1980)
 
  
La imagen del individuo encantador, frío, hábil manipulador que atraviesa la vida causando daño sin culpa, se ha consolidado en el saber popular desde el cine, la literatura y la prensa hasta el punto de que muchas personas creen reconocerlo sin necesidad de formación especializada. Aseguran que muchos delincuentes, políticos, militares y empresarios son psicópatas. De manera tradicional, la cultura popular y la psiquiatría del siglo XX ha abordado la psicopatía desde un enfoque categorial, distinguiendo entre sujetos que lo "son" y quienes no lo son. 

Ya en 1941, el psiquiatra Hervey Cleckley en La máscara de la cordura, describió al psicópata prototípico como una criatura híbrida cuya apariencia superficialmente agradable oculta un interior más oscuro y afectivamente empobrecido. La mayoría de las veces, el psicópata típico parecerá particularmente agradable y causará una impresión claramente positiva en el primer encuentro. Alerta y amistoso en su trato, es fácil de abordar y parece tener muchos intereses genuinos. No hay nada extraño ni llamativo en él y, en todos los aspectos, tiende a encarnar la imagen de una persona bien adaptada y feliz. . . . Parece ser exactamente lo que aparenta. (p. 339. Cleckley,1941 )

Los dieciséis criterios diagnósticos que establece el autor son el marco clásico para identificar el perfil clínico de la psicopatía como entidad clínica diferenciada :

  • Presencia de un encanto externo y de una notable inteligencia.
  • Ausencia de alucinaciones u otros signos de pensamiento irracional.
  • Ausencia del nerviosismo de las manifestaciones neuróticas.
  • Inestabilidad, poca formalidad.
  • Falsedad e insinceridad.
  • Falta de sentimientos de remordimiento o vergüenza.
  • Conducta antisocial inadecuadamente motivada.
  • Razonamiento insuficiente y falta de capacidad para aprender de la experiencia vivida.
  • Egocentrismo patológico e incapacidad para amar.
  • Pobreza general en las principales relaciones afectivas.
  • Pérdida específica de intuición.
  • Insensibilidad en las relaciones interpersonales generales.
  • Comportamiento fantástico y poco recomendable.
  • Amenazas de suicidio raramente llevadas a cabo.
  • Vida sexual impersonal, trivial y pobremente integrada.
  • Fracaso para seguir un plan de vida.

Para el psicólogo forense Robert Hare, investigador en el ámbito de la psicología criminal y autor del clásico Sin conciencia: el inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean, los criterios que definen a la personalidad psicopática pueden evaluarse mediante una lista de veinte características que denomina PCL-R (psychopathy checklist-revised). 

La escala ampliamente utilizada por Hare fue desarrollada a partir de muestras de convictos varones en prisiones de máxima seguridad presenta algunas limitaciones porque generalizar sus normas a mujeres, adolescentes o la población general es metodológicamente arriesgado. Además, conviene aclarar que varios de sus ítems -aunque no todos- se refieren directamente a conductas delictivas. Esta herramienta de diagnóstico se utiliza habitualmente para diferenciar a quienes poseen un alto nivel de este rasgo de personalidad respecto de aquellos que presentan un  trastorno de personalidad antisocialAunque existe una superposición con ésta otra alteración, ambos conceptos no son equivalentes. La mayoría de los individuos que cumplen con los criterios para el trastorno antisocial de la personalidad no son considerados psicópatas según la definición clásica de Hare.

Del modelo categorial al enfoque dimensional 

Sin embargo, la investigación metodológica moderna ha desmentido esta concepción basada en tipos o categorías de personalidad. A través de procedimientos estadísticos diseñados específicamente para determinar si un fenómeno constituye una categoría discreta (enfoque categorial)  o una dimensión continua (enfoque dimensional), la ciencia ha aportado pruebas contundentes a favor del modelo dimensional. Este tipo de abordaje no concibe la personalidad como un conjunto de categorías cerradas o diagnósticos fijos del tipo "sano" o "enfermo", sino como un continuo a lo largo del cual los rasgos se distribuyen de manera gradual en toda la población.

Un estudio clave en este debate fue el de Edens, Marcus, Lilienfeld y Poythress (2006), quienes aplicaron  métodos de análisis estadístico junto con simulaciones computacionales de control para estudiar a 876 reclusos, todos evaluados con la Escala de psicopatía revisada de Hare (PCL-R), considerada el instrumento de referencia en la materia. Los autores no encontraron ninguna evidencia de que existiera una división clara entre psicópatas y no psicópatas; por el contrario, los resultados mostraron una distribución continua de los rasgos.

Asimismo, los autores intentaron replicar de manera específica el influyente estudio de Harris, Rice y Quinsey (1994) que defendía la existencia de la psicopatía como una categoría diferenciada, utilizando exactamente los mismos ítems de la PCL-R. La réplica fracasó. Este resultado es uno de los más contundentes ya que debilita directamente la principal evidencia empírica que sostenía la idea de un tipo natural de psicópata. Vale señalar que este hallazgo ya había sido corroborado de forma independiente por Marcus, John y Edens (2004) mediante una herramienta completamente diferente: el Inventario de personalidad psicopática (PPI), basado en autorreportes.

Los investigadores concluyen que sus hallazgos cuestionan seriamente la idea, tanto popular como científica, de que los psicópatas constituyen una clase especial de individuos cualitativamente distinta del resto de la población. La psicopatía no es una condición que se tiene o no se tiene, sino una región en el extremo de dimensiones de personalidad que todos los seres humanos poseen en alguna medida. El diagnóstico clínico es, entonces, una convención práctica que establece un umbral dentro de ese continuo, no una frontera natural. Cuando un tribunal o un psiquiatra declara que un individuo "es psicópata" por superar los 30 puntos en la PCL-R, está tomando una decisión operativa para gestionar un riesgo, no descubriendo una especie biológica distinta. Fijar ese corte en 30 puntos es una convención útil, comparable a definir a partir de qué estatura una persona es considerada "alta".

En otro orden de cosas, suele decirse que las personas con rasgos psicopáticos elevados carecen por completo de empatía, pero la evidencia demuestra que la relación es mucho más compleja. En un metaanálisis fundamental, Vachon, Lynam y Johnson (2014) analizaron el vínculo entre la falta de empatía y las conductas agresivas o antisociales, y encontraron un resultado sorprendente: la relación estadística entre ambas variables es muy débil.

La empatía explica una parte insignificante de las diferencias en la agresión o la insensibilidad. De hecho, los niveles de empatía se superponen de manera masiva entre la población general y la población clínica, lo que impide usar la "falta de empatía" como un indicador diagnóstico confiable para identificar a un individuo.

El caso del payaso asesino

El caso histórico del asesino en serie John Wayne Gacy ilustra con precisión esta dificultad diagnóstica. Gacy obtuvo una puntuación de 30 sobre 40 en la escala PCL-R, situándose formalmente en el límite operativo de la psicopatía y manifestando conductas de manipulación, encanto superficial y extrema frialdad. Sin embargo, durante su proceso judicial, trece peritos forenses (ocho psiquiatras y cinco psicólogos) discrepaban abiertamente sobre si su diagnóstico principal correspondía a un trastorno antisocial y narcisista de la personalidad o a una forma de psicosis esquizofreniforme. Esta falta de acuerdo unánime no invalida el análisis, sino que refleja la realidad del fenómeno: Gacy no pertenecía a una categoría pura de "psicópata", sino que presentaba una amalgama continua de rasgos antisociales, sádicos y traumáticos que excedían cualquier etiqueta diagnóstica simple. 

Desde nuestro punto de vista, la psicopatía existe como una herramienta de medición científica útil pero frágil. Cuando se afirma que alguien "es un psicópata", se debe recordar que dicha afirmación describe un extremo en un continuo de la personalidad humana, y que la etiqueta refleja tanto nuestras convenciones metodológicas y necesidades institucionales como la naturaleza del individuo evaluado. La ciencia rigurosa no ofrece certezas absolutas, sino marcos provisionales para comprender la complejidad del comportamiento humano.

Referencias 

  • Edens, J. F., Marcus, D. K., Lilienfeld, S. O., & Poythress, N. G. (2006). Psychopathic, not psychopath: Taxometric evidence for the dimensional structure of psychopathy. Journal of Abnormal Psychology, 115(1), 131–144. https://doi.org/10.1037/0021-843X.115.1.131
  • Vachon, D. D., Lynam, D. R., & Johnson, J. A. (2014). The (non)relation between empathy and aggression: Surprising results from a meta-analysis. Psychological Bulletin, 140(3), 751–773. https://doi.org/10.1037/a0035236

21.10.25

El papel de las creencias paranormales en el afrontamiento de la incertidumbre

 

 

Este artículo pulicado por The Conversation me parece introductorio en un sentido particular. No quiero decir que sea un artículo "básico", sino que introduce al lector a reflexionar sobre el papel que, de hecho, desempeñan las creencias en lo paranormal para ciertas personas en determinados casos. Si eso es bueno o malo, es otra cuestión. El texto está basado en investigaciones sugerentes (señaladas en los enlaces), por lo que no se trata de afirmaciones caprichosas o especulativas. De hecho, aunque la refutación de tales fenómenos supuestamente "paranormales"  es algo necesario, decididamente no agota la perspectiva para tratar de entender por qué algunas personas creen en cosas extrañas. 

 

Cómo las creencias paranormales ayudan a las personas a afrontar tiempos inciertos

 escrito por  y 

 

Según revelan ciertos estudios académicos, las creencias paranormales generan una sensación de control, predictibilidad y confort durante períodos de incertidumbre,. Sin embargo, esto no explica por qué resultan más atractivas para algunas personas que para otras, aunque investigaciones recientes comienzan a ofrecer respuestas sobre qué hace que ciertas personas se sientan tan inclinadas por lo paranormal.

Las creencias paranormales son convicciones en conceptos que trascienden lo que la ciencia convencional puede explicar, como los fantasmas o las habilidades psíquicas. Las encuestas muestran que un número significativo de personas en Estados Unidos y el Reino Unido —entre aproximadamente un tercio y el 50%— sostienen este tipo de cogniciones.

Nuestro estudio reciente acerca del tema encontró que quienes se sienten impotentes o inseguros tienen mayor probabilidad de creer en lo sobrenatural. Esto se debe probablemente a la forma en que nuestros cerebros procesan la incertidumbre. Cuando enfrentamos eventos que escapan a nuestro control, nuestras mentes buscan patrones y explicaciones.

Las creencias paranormales constituyen narrativas estructuradas que transforman eventos aleatorios en sucesos aparentemente intencionados. La astrología, por ejemplo, vincula los movimientos planetarios con experiencias personales, brindando a sus seguidores una manera de comprender sus vidas. También las personas depositan su fe en teorías conspirativas por motivos similares.

Una razón fundamental por la que las personas acuden a ese tipo de creencias es para enfrentar la ansiedad respecto a la existencia. Reconocer que la vida es impredecible y finita puede resultar perturbador. Las creencias sobrenaturales ofrecen consuelo al sugerir que un poder superior controla el destino humano.

Esta percepción otorga a la vida un sentido de propósito y significado. Las historias sobre fantasmas y la comunicación con los muertos ayudan a las personas a sentirse conectadas con sus seres queridos fallecidos. Así, el pensamiento sobrenatural les permite enfrentar los temores sobre lo desconocido.

Creer en lo paranormal puede brindar consuelo a algunos, pero resulta contraproducente en ciertas situaciones. Por ejemplo, una creencia profunda en fuerzas sobrenaturales podría llevar a alguien a atribuir sus problemas a dichas fuerzas en lugar de buscar soluciones prácticas. De hecho, nuestra investigación reciente identificó que la creencia en fuerzas sobrenaturales externas que ejercen control, como dioses o el destino, se asocia con angustia. En éste caso, este tipo de creencia refleja una pérdida de control personal.

En contraste, nuestro estudio reciente demostró que la creencia en fenómenos paranormales centrados en la espiritualidad personal, como la manifestación, no se asocia con estrés. Esto parece deberse a que estas creencias enfatizan el control personal y la construcción de significado.

Nota: aquí " manifestación" refiere a la creencia de que las personas pueden materializar o atraer hacia sus vidas aquello que desean (por ejemplo éxito, amor, dinero, salud) mediante el poder del pensamiento, la visualización, las afirmaciones positivas o la "energía" personal

Las creencias paranormales también reciben influencia de atajos mentales que moldean nuestra percepción del mundo. El reconocimiento de patrones constituye un buen ejemplo: las personas perciben conexiones en eventos aleatorios. Esto explica por qué vemos rostros en las nubes o por qué alguien interpreta una serie de eventos negativos como señal de que está maldito.

Otro sesgo común surge cuando las personas creen que pueden influir en cosas fuera de su control. Conocido como la ilusión de control, un estudio de 2024 reveló que este sesgo también se manifiesta en el ámbito de la salud, como cuando se cree en tratamientos o curas médicas sin fundamento. Los investigadores encontraron que las creencias ilusorias sobre la salud se correlacionaban positivamente con la creencia en pseudociencia y negativamente con el escepticismo.

 

Influencias culturales y sociales

La cultura y la sociedad pueden reforzar las creencias paranormales. La manera en que los medios representan eventos sobrenaturales influye en cómo las personas los perciben. Las películas de terror y los programas televisivos frecuentemente muestran seres sobrenaturales interactuando con el mundo real. Las redes sociales amplifican aún más estas ideas, permitiendo que las personas compartan historias personales, videos y experiencias en línea. Estas publicaciones compartidas pueden fortalecer las creencias en lo paranormal.

Cuando las personas se encuentran rodeadas de otras que creen en lo sobrenatural, resulta más probable que consideren estas ideas como verdaderas. Las normas sociales moldean estas creencias al establecer expectativas sobre qué se considera aceptable o real dentro de una cultura. Si una sociedad acepta ampliamente ideas paranormales, aumenta la probabilidad de que las personas las adopten y refuercen.

Comprender el papel de las creencias paranormales puede ayudar a los investigadores a desarrollar una visión equilibrada de quienes las sostienen. En lugar de desestimar tales creencias, resulta importante reconocer su significado emocional y personal. Particularmente, cómo estas creencias moldean las perspectivas y mecanismos de afrontamiento de las personas. Aunque pueden no alinearse con la lógica o la evidencia, el consuelo que ofrecen posee un significado profundo para quienes las sostienen. Un estudio de 2024 encontró que las creencias paranormales no necesariamente se asociaban con un bienestar negativo y, por el contrario, estaban vinculadas con un sentido de significado en la vida.

La investigación ha demostrado que enseñar pensamiento crítico y alfabetización científica puede ayudar a las personas a distinguir entre prácticas espirituales beneficiosas y malentendidos perjudiciales. Fomentar el escepticismo y el pensamiento racional permite interactuar con el mundo de una manera que equilibra la esperanza con la razón.

Las creencias paranormales persisten porque satisfacen necesidades psicológicas profundas. Comprender por qué las personas creen en lo sobrenatural puede conducir a discusiones más compasivas y ayudarlas a encontrar mejores estrategias para manejar la incertidumbre. Crea o no alguien en fantasmas, la necesidad de estabilidad y consuelo es universal y compartida por todos los seres humanos.