| "La mayoría de los brownies, sin importar su nombre o región, actúan como espíritus que golpean o hacen ruido, coincidiendo con las características del poltergeist. En las tradiciones populares, estos elementos se mezclan, llegando a veces a lo burlesco para mitigar el miedo a lo desconcertante." Lecouteux (2012) | ||
Al analizar la figura del duende frente a la del poltergeist, surge con claridad la enorme plasticidad de nuestras creencias ante lo desconocido. Estos términos operan como marcos para procesar sucesos domésticos disruptivos —desde ruidos inexplicables o roturas repentinas hasta el sorpresivo desplazamiento de mobiliario —. Sin embargo, sostengo que desde la psicología anomalística el foco no debe ponerse en la naturaleza de una supuesta entidad, sino en los procesos psicológicos que transforman una experiencia sensorial ambigua en un relato cultural específico
El duende como figura folklórica tradicional
En las tradiciones folklóricas europeas y latinoamericanas, el duende pertenece a un tipo de criatura presente en diversos ámbitos culturales: se trata de seres domésticos traviesos que cada tradición nombra de manera diferente (por ejemplo, brownies, goblins, pombero) que ocupan un lugar definido dentro de sistemas de creencias populares coherentes. Estos seres se describen como entidades de forma aproximadamente humana, pero no personas, de pequeña estatura,(no se les debe confundir con los enanitos) con rasgos físicos reconocibles y, en muchos relatos, vestimentas características. Son de comportamiento ambivalente, pero principalmente traviesos: esconden objetos, producen ruidos, interfieren con actividades humanas y, ocasionalmente, realizan acciones que pueden percibirse como hostiles. No obstante, a veces pueden mostrarse protectores si se les dejan ofrendas .
Estos comportamientos que se atribuyen al duende explican eventos domésticos imprevistos como causados por la acción de seres conscientes no humanos que forman parte de leyendas populares tradicionales. Tales relatos cumplen varias funciones: transmiten advertencias morales o simplemente ofrecen formas de comprender lo inesperado . El duende no es simplemente una explicación aislada para eventos extraños, sino parte de un mundo mitológico coherente. Existe como una "especie" completa de seres, con comportamientos conocidos y una relación definida con espacios específicos como corrales, huertas, pero principalmente el hogar. Por eso, cuando algo inexplicable ocurre en casa, esta figura está disponible como explicación inmediata.
En línea con este mecanismo de pensamiento, un destacado folklorista norteamericano ha señalado que estas entidades cumplen funciones cognitivas claras: personalizan la contingencia, transforman lo azaroso en intencional y permiten integrar experiencias anómalas en un universo socialmente compartido (Dundes, 1980). Es decir, cuando algo inexplicable ocurre en casa, tener una figura cultural disponible como el duende permite dar sentido a la experiencia sin necesidad de asumir que se trata de un evento completamente aleatorio o incomprensible.
El poltergeist como categoría moderna
El término "poltergeist" —de origen alemán— surge y se consolida en un contexto lingüístico y cultural diferente. Desde mediados del siglo XX se populariza en diversas lenguas europeas para designar una serie de fenómenos específicos: ruidos inexplicables, golpes, desplazamientos de objetos, rotura de vidrios o espejos y otras alteraciones físicas atribuidas a una causa invisible. Conviene aclarar que el término "poltergeist" no designa solo un fenómeno, sino una categoría (esto es, una clase o tipo dentro de un esquema clasificatorio), y dicha categoría es de origen moderno, aunque agrupa fenómenos reportados desde hace siglos.
A diferencia del duende, al que se le atribuye una figura reconocible y una identidad compleja como personaje de fábula (con nombre, historia y rasgos de personalidad), el poltergeist no suele representarse con una forma corporal definida .
En su libro de 1979 Poltergeists, Alan Gauld y A. D. Cornell realizaron un estudio exhaustivo y pionero que analizó sistemáticamente 500 casos históricos de supuestos fenómenos de poltergeist y hauntings, recopilados principalmente de los archivos de la Society for Psychical Research y otros registros escritos desde el siglo XVI. No pudieron establecer una clara diferenciación entre hauntings y poltergeists por lo que en su investigación se superponen ambos fenómenos. En su relevamiento encontraron que el 64% de los casos recopilados incluían movimiento o desplazamiento de objetos pequeños, mientras que el 36% presentaba otros tipos de fenómenos inhabituales. También observaron que aproximadamente el 61% de los casos estaban asociados con una vivienda y el 58% ocurrían durante la noche. Identificaron que en muchos casos los fenómenos parecían centrarse alrededor de una persona específica (denominada "persona focal" o "agente"), típicamente un adolescente o joven adulto experimentando estrés interpersonal marcado. La distinción habitual entre un poltergeist —actividad que se atribuye a una persona viva— y una casa encantada —fenómeno asociado a un lugar, generalmente por la presencia de espíritus sólo obedece a dónde se supone que está el origen del fenómeno: en una persona o en un sitio encantado.
Como los investigadores detectaron fraude explícito en aproximadamente el 8% de los casos (41 de 500) se limitaron a presentar los datos de forma descriptiva y abierta a múltiples interpretaciones , a diferencia de otros investigadores contemporáneos como el parapsicólogo norteamericano William Roll, quien propuso la teoría de la recurrent spontaneous psychokinesis o RSPK. Esa hipótesis intenta explicar los fenómenos poltergeist como manifestaciones psicokinéticas involuntarias, causadas por la tensión emocional reprimida o el estrés inconsciente de una persona, generalmente adolescentes o individuos conflictuados.
Sin embargo, desde la evaluación crítica, la hipótesis psicokinética carece de validación experimental robusta, los casos suelen depender de testimonios, observaciones no controladas y contextos donde la posibilidad de error, sugestión o fraude deliberado- en mi opinión- no debe excluirse bajo ninguna circunstancia. La RSPK nunca fue aceptada por la ciencia convencional. Más abajo veremos como otros investigadores reinterpretan esa tensión emocional presente.
¿Por qué ambos conceptos describen experiencias similares?
Duendes y poltergeists comparten un catálogo de travesuras casi idéntico: desde ruidos extraños hasta muebles que se mueven solos. Más que fenómenos distintos, parecen ser etiquetas culturales para una misma experiencia: el impulso humano de encontrar un responsable cuando las cosas se salen de control. Esta conducta tiene una raíz cognitiva profunda en el dispositivo de detección de agencia hipersensible (HADD) propuesto por el psicólogo Justin L. Barrett. Heredamos una mente diseñada para preferir el 'falso positivo' —asumir que hay alguien ahí— antes que ignorar un posible peligro. Así, lo que antes era una ventaja para sobrevivir a los depredadores, hoy se traduce en la tendencia de ver fantasmas o criaturas donde solo hay eventos fortuitos.
Por otra parte, procesos como la atribución causal errónea, la memoria reconstructiva y el sesgo de confirmación contribuyen a la consolidación de relatos de este tipo. Una vez que se establece la hipótesis de un agente causal (duende o fenómeno de poltergeist), los acontecimientos subsecuentes se interpretan selectivamente como evidencia confirmatoria, mientras que las explicaciones alternativas se desestiman .
En el caso específico de los episodios clasificados como poltergeist, varios investigadores han señalado la frecuente presencia de contextos psicosociales tensos, especialmente en entornos familiares donde hay adolescentes o conflictos interpersonales. Para Joe Nickell, (a diferencia de los parapsicólogos) la "presencia de contextos psicosociales tensos" no genera telequinesis, sino que crea un escenario para llamadas de atención a través de trucos (golpes, lanzamiento de objetos) con el fin de manipular su entorno. Es bastante común que los miembros de la familia estén más predispuestos a interpretar esos eventos como algo sobrenatural debido a la ansiedad acumulada y a su propia idiosincracia. Además, algunos casos históricos bien documentados han resultado ser fraudes conscientes o conductas encubiertas de miembros de la familia.
Un cambio de denominación, pero no de fenómeno
La transición histórica desde explicaciones tradicionales, como la atribución a duendes, hacia la etiqueta técnica de "poltergeist" ilustra un cambio de sentido significativo, aunque no universal. En la actualidad, diversos sectores culturales —desde comunidades del litoral argentino hasta otras regiones generalmente poco favorecidas - siguen interpretando dichos fenómenos a través del repertorio de seres mitológicos propios de su cosmovisión. Este marco explicativo ha coexistido y contrastado con los discursos pseudocientíficos y parapsicológicos surgidos desde los siglos XIX y XX, los cuales, con el afán de incorporar estos fenómenos al corpus científico, introdujeron una terminología que pretendía ser más neutra y técnica.
Sin embargo, este cambio terminológico no fue acompañado de un aumento proporcional de evidencia empírica verificable; lo que se transformó fue el lenguaje de la explicación, no la base fáctica de los relatos . Es decir, seguimos hablando de las mismas experiencias domésticas desconcertantes, pero los parapsicólogos las envuelven en un vocabulario que suena más moderno o científico sin que eso implique que comprendan mejor su naturaleza real. Más bien, es la investigación de escépticos la que ha llegado a explicaciones plausibles de los hechos.
En los dos casos se intenta dar forma a experiencias confusas o difíciles de explicar asignándoles un agente que las provoca. Cambia el “responsable” propuesto, pero no el tipo de explicación. Ninguna de las dos interpretaciones aporta evidencias verificables e independientes de que haya algo sobrenatural actuando. Por eso, más que descripciones de fenómenos distintos demostrados por los hechos, se trata de maneras diferentes de contar lo mismo dentro de un mismo marco de creencias paranormales.
Desde este enfoque, resulta claro que la diferencia fundamental entre duendes y poltergeists no es ontológica (es decir, no se refiere a una diferencia en la naturaleza real o existencia de las entidades), sino interpretativa: considero que representan dos modalidades culturales de asignar una causa intencional a fenómenos desconcertantes. La primera arraiga en sistemas tradicionales, dando explicaciones folklóricas a lo inexplicable; la segunda refleja un esfuerzo moderno por categorizar lo paranormal para que encaje en "lo científico".
Desde la psicología anomalística, estos modelos se entienden como formas culturalmente disponibles de dar sentido a experiencias domésticas inusuales o perturbadoras. Más que describir qué entidades existen realmente (o no), muestran cómo distintos contextos socioculturales organizan la interpretación de hechos ambiguos, inesperados o difíciles de explicar. En este marco, las figuras como duendes o fuerzas psíquicas funcionan como esquemas de interpretación que permiten atribuir intención y causa a lo que, de otro modo, se viviría como azaroso o confuso.
Un enfoque investigativo escéptico, tal como lo plantea la psicología anomalística, no se centra principalmente en decidir si esas entidades son reales (aunque se parte del presupuesto de que no son paranormales), sino en analizar la calidad de la evidencia y los procesos psicológicos implicados. El interés está en comprender qué mecanismos cognitivos, emocionales y sociales intervienen en la experiencia y en la formación de la creencia, y por qué estas interpretaciones resultan convincentes para quienes las sostienen.
Referencias bibliográficas
Alcock, J. E. (2003). Give the null hypothesis a chance: Reasons to remain doubtful about the existence of psi. Journal of Consciousness Studies, 10(6–7), 29–50.
Barrett, J. L. (2004). Why would anyone believe in God? AltaMira Press.
Briggs, K. M. (1978). An encyclopedia of fairies: hobgoblins, brownies, bogies, and other supernatural creatures . Pantheon Books.
Colombres, A. (2008). Seres mitológicos argentinos. Ediciones Colihue
Dundes, A. (1980). Interpreting Folklore. Indiana University Press.
French, C. C. (2009). The psychology of paranormal belief. En R. Wiseman & C. Watt (Eds.), Paranormality (pp. 3–18). Macmillan.
Gauld, A., & Cornell, A. D. (1979). Poltergeists. White Crow Books.
Lecouteux, C. (2012). The secret history of poltergeists and haunted houses: From pagan folklore to modern manifestations. Inner Traditions / Bear & Co
Nickell, J. (1995). Entities: Angels, spirits, demons, and other alien beings. Prometheus Books.
Nickell, J. (2012). The science of ghosts. Prometheus Books.
Wiseman, R. (2011). Paranormality: Why we see what isn't there. Macmillan.
Zusne, L., & Jones, W. H. (1989). Anomalistic psychology: A study of extraordinary phenomena of behavior and experience. Lawrence Erlbaum.
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