El "monje volador" Eilmer (o Elmer) de Malmesbury es conocido principalmente gracias al relato que de él ofrece Guillermo de Malmesbury, otro monje e historiador del siglo XII, en su obra Gesta Regum Anglorum (Historia de los reyes ingleses). Elmer y Guillermo pertenecieron ambos a la Abadía de Malmesbury, por lo que el segundo pudo haber tenido acceso a relatos de clérigos conocidos del primero .
Según relata el historiador, Eilmer, inspirado en el mito clásico de Dédalo, construyó unas alas que se ató a las manos y los pies y se lanzó desde lo alto de una torre de la abadía. El vuelo -en realidad un planeo- habría cubierto una distancia de aproximadamente doscientos metros durante unos doce o quince segundos, antes de que el monje se estrellara contra el suelo y quedara con las piernas fracturadas para el resto de su vida.
Esta historia capturó la imaginación de historiadores, divulgadores y entusiastas de la aviación durante siglos. El intrépido monje es considerado por algunos entusiastas como un precursor del vuelo humano, y su historia ha sido invocada en numerosos contextos como prueba de la innovación tecnológica en la Edad Media. La primera investigación histórica detallada sobre el vuelo de Eilmer fue llevada a cabo por Lynn White Jr. en 1961, y su artículo publicado en Technology and Culture sigue siendo el estudio académico más significativo sobre el relato. Richard P. Hallion, en su obra de 2003 sobre la prehistoria del vuelo, analiza aspectos que van desde el diseño y la construcción del dispositivo alado, pasando por el efecto de la presión del aire sobre el aeronauta, hasta la probable ubicación de su aterrizaje forzoso, y concluye que Eilmer se anticipó no solo al ala delta moderna, sino también al piloto de pruebas de ingeniería (Paz, 2013). El consenso general, basado en supuestos no demostrados, ha ubicado ese presunto vuelo entre los años 1000 y 1010 D.C.
El relato de Guillermo de Malmesbury
En la página 175 de la traducción al inglés de la "Gesta"titulada Chronicle of the kings of England, William dice:
"Poco después apareció un cometa -una estrella que, según se dice, anuncia cambios en los reinos- arrastrando su extensa y ardiente cabellera por el cielo. Ante ello, un monje de nuestro monasterio de Malmesbury llamado Elmer, sobrecogido de terror por la visión del astro resplandeciente, exclamó con singular lucidez: "¡Has llegado! Motivo de llanto para muchas madres eres tú que has llegado; ya te había visto tiempo atrás, pero ahora te contemplo mucho más terrible, amenazando con desatar la destrucción sobre este país."
Era un hombre de sólida formación para su época, de edad madura, y en su juventud había acometido una empresa de singular temeridad. Valiéndose de algún ingenioso artificio, se había fijado alas en manos y pies con el propósito de volar como Dédalo -tomando por verdadera aquella fábula-, y lanzándose desde lo alto de una torre , llegó a volar más de un estadio de distancia. Sin embargo, agitado por la violencia del viento y las corrientes de aire, y acaso también por la conciencia de su audaz temeridad, cayó, se rompió las piernas y quedó cojo de por vida. Solía atribuir su fracaso al haber olvidado proveerse de una cola.”
Y no hay ninguna referencia más a Elmer en todo el libro. Sólo esa.
La cuestión del "vuelo"
Para este trabajo omitiremos el primer párrafo de la Gesta, aquel que alude a la aparición del cometa y a su interpretación como presagio de funestos sucesos, como la caída de los reyes anglosajones. Nos centraremos únicamente en el segundo párrafo, el que narra el vuelo del monje.
El principal problema reside en la calidad de la evidencia histórica: no se conserva ningún documento escrito por Eilmer ni testimonios contemporáneos al supuesto vuelo. Toda la historia depende del relato de Guillermo de Malmesbury, redactado casi un siglo después de los hechos, lo que no invalida la narración, pero sí reduce su valor probatorio. Al haberse transmitido de forma oral, el relato pudo sufrir exageraciones o reinterpretaciones, por lo que no podemos dar por ciertos literalmente detalles como las herramientas empleadas o la distancia recorrida. Tampoco existen restos arqueológicos del artefacto ni registros más detallados más allá de la distancia y el abrupto final.
Sin embargo, dado que Guillermo de Malmesbury es una fuente relativamente fiable para su época, resulta plausible que exista un núcleo real en la historia. El cronista describe a Eilmer como un hombre de sólida formación; cabe especular, quizás, que fuera capaz de descubrir los principios del planeo mediante la observación de aves y la experimentación práctica, por lo que no resultaría imposible que construyera una estructura liviana de madera, cuerdas y tela capaz de planear y generar cierta sustentación. Resulta más difícil sostener la distancia del planeo, pero remitámonos a una opinión autorizada sobre estas cuestiones.
James Paz, profesor de literatura inglesa medieval de la Universidad de Manchester, en su artículo Human Flight in Early Medieval England: Reality, Reliability, and Mythmaking (or Science and Fiction) publicado en New Medieval Literatures cree que Eilmer realmente intentó volar y que probablemente logró planear cierta distancia; no considera al episodio como algo inventado, aunque sí un acontecimiento histórico que fue moldeado posteriormente por elementos míticos y reinterpretado de manera literaria. Veamos algunos de sus argumentos:
"Es difícil saber exactamente qué pensaron los compañeros monjes de Eilmer sobre su intento de vuelo. El hecho de que haya podido planificar, diseñar y ejecutarlo en primer lugar- y realizarlo de manera tan pública - sugiere que no desaprobaron el hecho. Además, los monjes de Malmesbury evidentemente recordaron el incidente y estuvieron dispuestos a transmitirlo, hasta que llegó a oídos de Guillermo de Malmesbury, quien fue el primero en documentar la historia en su "Gesta regum Anglorum" en el siglo XII".
El razonamiento anterior solo tiene sentido si efectivamente existió tal intento. Es cierto que también podría tratarse de una fabulación de los monjes, pero no se alcanzan a comprender los motivos que habrían tenido para inventarla. Elmer probablemente pensaba en términos religiosos, cosmológicos y prácticos muy distintos de los actuales, y esto hay que tenerlo muy en cuenta para no caer en el riesgo de proyectar categorías del siglo XXI sobre una mentalidad medieval.
Básicamente lo que Paz rechaza es la alternativa simplista de que el episodio sea o bien un hecho tecnológico puro o bien una leyenda inventada. Su tesis central es que ocupa una posición intermedia: . ¿Estamos tratando con una realidad tecnológica o con una historia imaginativa? Sugiero que la respuesta se encuentra en algún punto intermedio entre ambas.
Para éste autor, Eilmer realizó un intento real de vuelo, pero el significado de ese acto sólo puede entenderse dentro de la cultura medieval, donde se mezclaban conocimientos técnicos, imaginación, mitología (especialmente el paralelo con la historia de Dédalo y el mito del minotauro) y concepciones religiosas sobre el cuerpo, el alma y el ascenso al cielo. Según el estudioso de la literatura anglosajona, el episodio se encuentra en una zona intermedia entre tecnología e imaginación. Por ello propone entenderlo como una especie de “ciencia ficción medieval”, una narración que combina posibilidades técnicas reales con aspiraciones culturales, religiosas y simbólicas.
Paz dedica una parte sustancial de su artículo a explorar el concepto del vuelo en la cultura anglosajona. Según el autor, en la poesía de la Alta Edad Media el vuelo trascendía lo físico para concebirse como un viaje espiritual. Si bien la elevación del alma era deseable, el vuelo corporal resultaba problemático, pues reflejaba la tensión entre el anhelo de trascendencia y la necesidad de controlar los impulsos terrenales. Por esa razón, resulta coherente que en el relato de Guillermo el vuelo de Eilmer se haya consumado, pero a un alto costo para el protagonista.
El artículo también estudia las representaciones de ángeles y demonios alados en manuscritos de esa época. Paz destaca que estas figuras eran concebidas como seres naturalmente aptos para el vuelo. Los humanos, en cambio, carecían de esa capacidad. Las diferencias entre cuerpos humanos y cuerpos angélicos servían para reforzar la idea de que la elevación física no era propia de la condición humana ordinaria (Paz, 2013). El estudioso insiste en la importancia de que el resultado final fuera un fracaso espectacular: todo termina con la caída y rotura de sus piernas.
La única fuente del hecho (la Gesta de Guillermo) posee, para el medievalista, un fuerte componente moralizante: al igual que Dédalo -quien, aunque logra escapar del laberinto del minotauro, paga el alto precio de su proeza con la muerte de su hijo, Ícaro-, Elmer paga su arrogancia con la fractura de sus extremidades, que lo dejan cojo de por vida.
Finalmente, el autor concluye que la historia de Eilmer sobrevivió precisamente porque se sitúa en la frontera entre lo posible y lo imposible: demasiado plausible para ser considerada un simple cuento fantástico, pero demasiado extraordinaria para integrarse cómodamente en la historia convencional de la tecnología.
Estimamos nosotros que nunca podrá saberse qué hubo de realidad en el hecho original (si es que lo hubo). Tomando en cuenta estos últimos argumentos de Paz, no descartamos de plano la posibilidad de que se haya tratado de una ficción literaria con fines moralizantes
Referencias:
Paz, J. (2013). Human flight in early medieval England: Reality, reliability, and mythmaking (or science and fiction). New Medieval Literatures
William of Malmesbury. (1815). The history of the kings of England and the modern history of William of England. Bulmer & Co. London

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