Por su parte, David Clarke, en su artículo "Rumours of Angels: A Legend of the First World War" , publicado en la revista Folklore, también examina en profundidad el origen y el contexto sociohistórico de la famosa leyenda de los "Ángeles de Mons".(Clarke, 2002)
Por último utilizaremos el modelo cognitivo de las tres vías de creación de creencias extraordinarias para pensar cómo ayudan a entender la creación y consolidación del mito.(Stark-Elster, E., & Singh, M.,2025)
Vayamos a los hechos. En agosto de 1914 en las afueras de un pequeño pueblo minero belga llamado Mons, las tropas británicas lograron contener a un ejército alemán numéricamente superior antes de retirarse en orden. La resistencia al avance germánico era vital porque el ejército imperial alemán avanzaba de forma masiva con el objetivo de rodear París y derrotar a los Aliados en seis semanas. La resistencia británica fue tan feroz y su fuego tan ininterrumpido que los oficiales alemanes llegaron a reportar erróneamente que sus enemigos utilizaban ametralladoras en forma masiva. A pesar de la tenacidad de los defensores, la presión alemana obligó a los británicos a iniciar un repliegue ordenado hacia la frontera francesa entre el 23 y el 26 de agosto de 1914. Esta maniobra militar, conocida como la "retirada de Mons", se realizó bajo condiciones de extremo agotamiento físico y mental, tras días de marchas continuas y combates ininterrumpidos.
El episodio, pese a su crudeza, no contenía nada sobrenatural: la puntería de los fusileros británicos y el uso de herramientas de trinchera que permitían levantar terraplenes protectores en cuestión de minutos explican el éxito táctico de la retirada. Sin embargo, pocos meses después la historia animada con elementos sobrenaturales ya estaba en boca de todo el mundo. ¿Cómo se llegó a eso?
Mientras los soldados se retiraban, en Gran Bretaña la sociedad civil vivía sumida en una profunda ansiedad por el avance enemigo, lo que la hacía receptiva a todo tipo de rumores sobre espionaje y amenazas externas.
Melvin Harris explica que el punto de partida de la leyenda está bien documentado. El 30 de agosto de 1914, el influyente diario The Times publicó un reporte del periodista Arthur Moore titulado "La lucha más feroz de la historia", donde describía la retirada de Mons como una catástrofe inminente. El gobierno británico aprobó deliberadamente ese despacho pesimista, a sabiendas de que contenía exageraciones, porque necesitaba un fuerte impacto emocional para impulsar el reclutamiento de nuevos soldados. Es más: se le añadió un párrafo final, redactado ésta vez por el director de la Oficina de Prensa del Gobierno, que decía: "Inglaterra debe comprender, y debe comprenderlo de inmediato, que tiene que enviar refuerzos y seguir enviándolos. ¿Va a ser aplastado por el mero peso de los números un ejército de valor inagotable, mientras los jóvenes ingleses en casa juegan al golf y al cricket? Necesitamos hombres y los necesitamos ahora."
1914. ¡Los soldados británicos estaban rodeados de ángeles!
El desencadenante literario
Impulsado por los sombríos reportes periodísticos de la retirada, el escritor y periodista Arthur Machen publicó en el periódico London Evening News un breve relato de ficción titulado "The Bowmen"(Los arqueros) .
El argumento del relato es puramente ficticio: en medio del asedio en Mons, un soldado británico recuerda un restaurante de Londres donde los platos estaban decorados con la imagen de San Jorge y la inscripción en latín "Adsit Anglis Sanctus Georgius" ("que San Jorge ayude a los ingleses"). Al pronunciar esta invocación en un momento de desesperación, el campo de batalla experimenta un cambio místico y aparece una larga línea de figuras resplandecientes. Estas entidades son los fantasmas de los arqueros ingleses caídos en la histórica batalla de Azincourt en 1415. Los espectros disparan una lluvia de flechas mágicas que abate a miles de alemanes, dejando los cuerpos sin heridas visibles, lo que lleva al estado mayor enemigo a conjeturar el uso de armas químicas o gas venenoso.
A los pocos días de la publicación, revistas ocultistas y espiritistas como The Occult Review y Light contactaron a Machen para solicitarle las fuentes reales de su crónica. El autor aclaró explícitamente que se trataba de una invención literaria absoluta y contestó una y otra vez que no había fuentes, que todo era inventado. Pero sus desmentidas, lejos de frenar la bola de nieve, parecieron alimentarla. La atmósfera de desesperación iniciada por los informes periodísticos predisponía al público a aceptar cualquier relato de auxilio milagroso.
De los periódicos a los testigos presenciales
Una versión católica, publicada en el periódico The Universe el 30 de abril de 1915, afirmaba que un oficial católico y sus hombres, al gritar "¡San Jorge por Inglaterra!", habían sido seguidos por una compañía de arqueros que encabezaba la carga contra las trincheras enemigas. Una versión protestante, referida por el reverendo Fielding Ould de St. Albans, introducía la figura de un sargento que invocó a San Jorge y así, provocó la huida de los alemanes, quienes afirmaron haber visto jinetes con armadura. En una versión espiritista, la señorita Alice Callow (secretaria del The Higher Thought Centre de Kensington) cuenta en The Weekly Despatch que un oficial británico vio una aparición de San Jorge.
En estos relatos de segunda y tercera mano, los arqueros medievales de la obra original de Machen fueron reemplazados por figuras ecuestres o caballeros con armaduras doradas montados sobre caballos blancos, identificados popularmente como San Jorge, el santo patrono oficial de Inglaterra.Harris afirma que -con el tiempo- la figura de los arqueros resultó demasiado belicosa y secular para el gusto de muchos creyentes, y se produjo entonces una transmutación simbólica: los arqueros y el San Jorge belicoso fueron reemplazados por ángeles, criaturas consideradas más reconfortantes y menos agresivas.
La metamorfosis del mito: de arqueros y santos derrotando dragones a ángeles
David Clarke en "Rumor of angels"remarca que la transición definitiva hacia la versión clásica de los ángeles de Mons se consolidó a través de la revista parroquial de una iglesia de Bristol, en mayo de 1915. Allí se publicó el testimonio de una mujer, hija de un canónigo, quien afirmaba haber conocido a dos oficiales heridos. Según su relato, una tropa de ángeles celestiales se manifestó físicamente entre ambos ejércitos; la visión provocó el pánico y la estampida de la caballería alemana, permitiendo la huida de las unidades británicas. El éxito de esta publicación fue tan masivo que la revista parroquial agotó múltiples ediciones y la historia fue adoptada por prominentes clérigos como una prueba irrefutable de la intervención divina a favor de la causa aliada. Lo curioso es que la mismísima señorita Marrable escribió una carta al Evening News desmintiendo rotundamente aquellas afirmaciones: declaró que no sabía absolutamente nada sobre episodios sobrenaturales en Mons y que las historias que circulaban con su nombre eran meras invenciones. Pese a su retractación explícita, el "testimonio Marrable" siguió circulando durante años, a menudo sin mencionar su nombre.Para Melvin Harris, el caso más elaborado y persistente fue el de la enfermera Phyllis Campbell. En agosto de 1915 publicó un artículo en The Occult Review donde afirmaba haber recogido testimonios de soldados heridos que habían visto a San Jorge, a Juana de Arco o al arcángel San Miguel en el frente. Campbell no era una enfermera cualquiera: venía de una familia con fuertes inclinaciones espiritistas y ella misma había publicado antes de la guerra artículos en esa misma revista .
Cuando Arthur Machen, el autor de "Los arqueros" la desafió públicamente a que presentara pruebas de primera mano, la enfermera no pudo dar ninguna. Respondió con evasivas: que a los soldados se les había prohibido hablar o que todo saldría a la luz después de la guerra. Prometió un libro que daría todas las respuestas, pero ese libro jamás apareció. En cambio, publicó Back of the Front:Experiences of a Nurse (1915), un volumen de memorias donde relataba atrocidades alemanas de una crudeza extrema, tales como mujeres con los senos amputados, niños mutilados, o sacerdotes crucificados sin aportar jamás una sola prueba. Su patriotismo se había vuelto una forma de fanatismo: cualquier mentira era válida si servía para demonizar al enemigo. En sus propias palabras, "toda la maldad, todo el miedo y la inmundicia imaginables pueden resumirse en una sola palabra: ALEMÁN".
Harris señala que veinticinco años después Arthur Machen ya se había cansado. Mirando hacia atrás sobre las diversas historias de ángeles, dijo en un reportaje: "No había una sola palabra de verdad en ellas; esas historias eran mentiras. ¡Todas y cada una de ellas son mentiras, señor!"Hasta aquí los hechos. Existen múltiples enfoques para tratarlos (histórico, sociológico, psicológico). Veamos ahora uno posible, basado en elementos de la psicología cognitiva.
Experiencias intensas y creencias extraordinarias
Un artículo reciente publicado en diciembre de 2025 en la revista de alto impacto Trends in Cognitive Sciences
firmado por Eli Stark-Elster y Manvir Singh propone que las experiencias emocionalmente intensas y los sesgos cognitivos desempeñan un papel central en la aceptación de creencias extraordinarias. Conviene aclarar aquí que el concepto central -creencias extraordinarias- tal como lo toman los autores incluye bajo una misma categoría fenómenos de naturaleza muy dispar: teorías conspirativas, creencias sobrenaturales, pseudociencia, terraplanismo o fe en espíritus. Para estudios que necesiten una delimitación más precisa de sus objetos de estudio esta generalización es un problema, pero para el caso que nos ocupa, los tres mecanismos que proponen los autores para ilustrar como las experiencias moldean las creencias extraordinarias resultan herramientas heurísticas (atajos conceptuales útiles para organizar el análisis) suficientemente admisibles.
Para Stark-Elster y Singh, es "extraordinaria" toda creencia que persiste a pesar de la evidencia en su contra. Con el fin de explicar cómo se forman y consolidan este tipo de convicciones, los investigadores identifican tres vías a través de las cuales la experiencia las moldea.
La primera ruta es la credibilidad perceptiva. Tendemos a adoptar y difundir aquellas creencias que resultan coherentes con lo que percibimos a través de los sentidos. Dicho de otro modo, la experiencia funciona como un filtro: de todas las interpretaciones posibles de la realidad, seleccionamos las que mejor encajan con lo que vemos, oímos o sentimos. En esta ruta, "experiencia" significa simplemente la información sensorial que el entorno nos proporciona en cada momento.
El segundo mecanismo involucra la interpretación de eventos sensoriales anómalos. A diferencia de la ruta anterior, aquí la experiencia no se limita a filtrar creencias preexistentes, sino que opera como detonante de creencias nuevas. Las experiencias causalmente opacas (aquellas cuyo origen no puede ser fácilmente identificado por quien las vive), en particular cuando son estresantes o emocionalmente intensas, producen datos sensoriales ambiguos que los sesgos cognitivos resuelven inclinando al sujeto hacia la formación o el refuerzo de creencias extraordinarias. En esta vía, "experiencia" designa eventos sensoriales anómalos: episodios perturbadores o de alta carga emocional cuya causa no resulta evidente para quien los padece.
La tercera modalidad es cualitativamente distinta de las anteriores. No se trata de recibir estímulos del entorno ni de interpretar experiencias inesperadas, sino de producirlas de manera deliberada. Todas las sociedades conocidas han desarrollado prácticas culturales que parecen diseñadas precisamente para generar estados de inmersión sensorial intensa. Quien participa en ellas (por ej: al orar, o el impacto de los sermones fervorosos) obtiene una experiencia directa y vivida que le resulta difícil de desestimar como evidencia. En esta modalidad, "experiencia" no es algo que le sucede al sujeto, sino algo que el sujeto construye activamente a través de la práctica cultural, con el efecto de generar o reforzar creencias extraordinarias.
La leyenda a la luz de estas tres modalidades
Aunque Stark-Elster y Singh no abordan este caso específico, su marco teórico nos brinda herramientas para analizar, al menos parcialmente, cómo se gestó el mito de los ángeles de Mons.La primera vía se manifiesta en las condiciones de percepción extrema que vivían los combatientes. Los soldados estaban expuestos a humo, niebla, destellos de bayonetas, ruidos estruendosos, siluetas difusas entre la bruma y una intensa fatiga visual y auditiva acumulada. En ese contexto, fenómenos perfectamente naturales tales como reflejos de luz sobre el barro, ecos de disparos o sombras en movimiento, podían ser fácilmente confundidos con figuras luminosas o presencias sobrenaturales especialmente en soldados creyentes. Frente a esas percepciones ambiguas, la creencia en sucesos extraordinarios ofrecía a algunos combatientes predispuestos una explicación coherente y reconfortante, perceptivamente más plausible que las interpretaciones mundanas que provocarían incertidumbre. Su posterior difusión a través de la prensa y de cartas personales contribuyó a consolidar esa plausibilidad de manera compartida.
La segunda vía se manifiesta con aún mayor claridad. Los soldados que participaron en la retirada de Mons vivieron jornadas de pánico, agotamiento extremo y la sensación permanente de estar al borde del exterminio. En ese estado de hipervigilancia (alerta cognitiva sostenida ante el peligro), cualquier estímulo inesperado activaba con facilidad la tendencia a detectar agentes intencionales detrás de los eventos, uno de los sesgos cognitivos más documentados en la literatura científica. La intensa carga emocional de esos momentos contribuyó a que percepciones ambiguas se cristalizaran en recuerdos vívidos y se transmitieran posteriormente como testimonios fidedignos. El fenómeno no se restringió al frente: los civiles en la retaguardia, sometidos a su propia angustia, reinterpretaron rumores y cartas bajo los mismos sesgos.
La tercera vía es la que mejor se adapta a las observaciones de Harris y Clarke, pues da cuenta del efecto amplificador de las prácticas culturales mucho más allá de la línea de combate. El relato de Arthur Machen circuló como si fuera un reportaje verídico; revistas especializadas en "lo oculto" publicaron testimonios sin ningún tipo de verificación; clérigos incorporaron la leyenda a sus sermones, invitando a los fieles a imaginar la escena angélica con tal intensidad que la experiencia vicaria (vivir algo a través del relato ajeno) se volvía casi tangible. Los rituales patrióticos y conmemorativos, con sus cantos, oraciones y silencios solemnes, recreaban colectivamente la presencia de lo sobrenatural. Incluso la controversia pública entre creyentes y escépticos cumplió un papel paradójico: cada refutación era respondida con nuevas supuestas pruebas, lo que mantenía vivo el ciclo inmersivo y otorgaba al mito una vitalidad renovada.
Estas prácticas no solo propagaron la historia, sino que generaron en amplios sectores de la población una evidencia sensorial indirecta: leer un testimonio detallado en una revista, escuchar un sermón apasionado en el templo o contemplar una ilustración en un periódico producía imágenes mentales lo suficientemente vívidas como para sentirse recuerdos propios o pruebas legítimas del evento milagroso.
En realidad, las tres vías descritas por Elster y Singh actuaron de manera sinérgica en la creación y difusión del mito. Los soldados filtraron sus percepciones confusas a través del tamiz de la creencia en elementos extraordinarios; las experiencias anómalas y emocionalmente devastadoras del combate produjeron recuerdos distorsionados que se interpretaron como hechos milagrosos; y las prácticas culturales simularon y amplificaron la evidencia sensorial hasta hacer que tanto soldados como civiles sintieran que el milagro había tenido lugar. Creemos que la conjunción de estos tres factores explica de qué manera una ficción literaria pudo transformarse en una creencia colectiva extraordinariamente persistente, resistente incluso a las reiteradas demostraciones de su falsedad.