2.4.11

Premios "(Pig)aso" a los mayores promotores del sinsentido

Desde 1997 la Fundación James Randi otorga los 1º de abril (April Fools Day, el día de los inocentes anglosajón) los Premios Pigaso (en un juego de palabras con "pig" y "Pegaso") a los mayores charlatanes y pseudocientíficos que hayan hecho especial mérito en destacarse durante el año.

Los premiados en 2011 han sido:

1) El ingeniero de la NASA Richard B. Hoover: Por anunciar por tercera vez en 14 años que había encontrado evidencia de vida microscópica en meteoritos

2) Farmacéutica CVS: Por ser la mayor distribuidora de remedios homeopáticos en USA

3) El Dr. Oz (el de Fox Nature que tiene las orejas como Spock) Por promover prácticas de medicinas "alternativas" en su programa de TV , siendo un respetado cardiocirujano

4) El tele evangelista Peter Popoff: Por resurgir de entre las cenizas luego de que Randi lo descubriera in fraganti cometiendo fraude en sus "curas a enfermos" (Los mensajes de Dios con informaciones determinantes los recibía a través de un audífono)

5) El Dr. Andrew Wakefield (promotor del movimiento antivacunas) : Por seguir presentándose como víctima pese a que se demostró que falsificó su famosa "investigación" publicada en la revista "The Lancet"

http://www.randi.org/site/jref-news/1260-pigasus-2011

11.3.11

Debate Ciencia vs New Age (4 º parte)


EPISTEMOLOGÍA BARATA Y SAPOS DE GOMA

ALEJANDRO J. BORGO

LOS CULTORES DE LA PSEUDOCIENCIA HAN ENCONTRADO GUIONISTA QUE LES DÉ SUSTENTO TEÓRICO: UNA EXTRAÑA EPISTEMOLOGÍA QUE DEFIENDE EL "TODO VALE" EN POS DE UNA SUPUESTA LIBERTAD DE IDEAS. EN REALIDAD, SE TRATA DE UNA MEZCLA DE IDEOLOGÍA, PENSAMIENTO MÁGICO Y FILOSOFÍA OSCURA Y CONFUSA QUE NO HACE MÁS QUE OBSTACULIZAR EL PROGRESO Y PERPETUAR LA IGNORANCIA.

¡ALELUYA! LOS GOURMETS DE LA NUEVA ERA AHORA TIENEN NUEVOS VIEJOS FILÓSOFOS, DISPUESTOS A SAZONAR UN PASTICHE QUE SIGUE SIENDO INDIGERIBLE.


"Examinad fragmentos de pseudociencia y encontraréis un manto de protección, un pulgar que chupar,

unas faldas a las que agarrarse. ¿Y qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡¡Incertidumbre!! ¡¡Inseguridad!!"


Así lo decía Isaac Asimov. Y si esa pseudociencia está avalada por "epistemólogos" mucho mejor, porque adquiere una aureola de seriedad y solidez. Pero un examen detenido de la "epistemología de la Nueva Era" transforma esa aureola en ridiculez y fragilidad. Ahora los cultores del esoterismo, la charla­tanería, los vendedores de talismanes y sanadores de cartón, tienen intelectuales/oides que les allanan el camino, proporcionándoles un discurso teórico que justifica sus prácticas. ¿Y cuál es ese discurso? Veamos.

El profeta metido a filósofo Paul Feyerabend, en pleno siglo XX dio un gran espaldarazo al movimiento New Age con su famoso "todo vale" (any-thing goes). Despotricó contra la ciencia —en esto no fue original—, recomendó dar vía libre a la enseñanza de vudú en la universidad en nombre de la libertad de ideas, y ni qué hablar sobre la objetividad: "es una ilusión, consecuencia de una miopía de la teoría del conocimiento", dijo. El "todo vale" unido al relativismo cultural y a unas divertidas interpretaciones de la mecánica cuántica, formaron el sostén pseudoepistemológico de la Nueva Vieja Era.

Así las cosas, un moderno "teórico de avanzada" debe hoy decidir a favor de la anarquía gnoseológica, le debe dar el mismo valor a la astrología y a la astronomía, debe reconocer abiertamente que el progreso no es posible, y que si la vacuna Sabin se hubiera aplicado en una comunidad africana en el siglo XII no habría surtido efecto porque para ellos la "verdad" era otra y no creían en ella (relativismo cultural dixit). El neoepistemólogo posmoderno deberá tratar siempre de inquisidores y cazabrujas a los científicos, y de cerrado a cualquiera que pretenda pruebas frente a la afirmación "A los duendes extragalácticos les gusta el queso fontina". Siempre deberá confundir ciencia con tecnología, e inevitablemente tendrá que mezclar ideología, poesía y hormonas, coctail que —bien preparado— regala perlas como ésta:

"¿Por qué los Agostinelli temen a una ciencia con cara humana, como de­finió Andrew Ross a la New Age? ¿Por qué siguen fabricando en 1993, Refutadores de Leyendas? ¿Por qué se oponen con tanto fervor a los Cientí­ficos Sentimentales? Tal vez porque temen un poco de locura entre tanta exactitud y precisión del paradigma newtoniano".

Los autores de esta joya diagnostican nuestros temores, nos califican de fabricantes de refutadores (hasta ahora nadie nos había tratado de fabricantes), y habla de Científicos Sentimentales... (¿habrá científicos androides y no nos enteramos?), finalizando con nuestro supuesto miedo a la locura. ¿Paradigma newtoniano? ¿Ciencia con cara humana? ¿Feyerabend? ¿Chachara?

Una epistemología de la New Age debe ser necesariamente oscura y retorcida, contradictoria e irracional. No podría funcionar de otra manera. No puede ser clara porque siéndolo revelaría su frágil y anémica base. Es por eso que nos hablan de "varias realidades", reniegan de la lógica y de la razón y aceptan gustosos el "todo vale". Pero en ciencia las cosas son distintas. Hay una serie de principios ontológicos y gnoseológicos involucrados tácitamente en la investigación científica, entre otros: que el mundo existe por sí mismo, que está compuesto de objetos concretos, que las formas no existen por sí mismas sino que son propiedades de las cosas, que es posible conocer la realidad aunque sea parcial e imperfectamente.

Pero los new-epistemólogos, basándose en la teoría de los múltiples universos de Everett y De Witt, en la especulación de E. Wigner de que la mente del observador determina la realidad, y en la de Wheeler según la cual un observador puede ser res­ponsable de algo acontecido en el pa­sado remoto —principio antrópico—, dan rienda suelta a la fantasía salvaje diciéndonos que no siempre 2 + 2 son 4, que nada existe, que la indeterminación subatómica se puede extrapolar de buenas a primeras a organismos vivos, etc. Fascinante y hermoso, pero en la modesta vida cotidiana, cuando tenemos que pagar la cuenta de luz 2 + 2 son siempre 4 y parece que las "varias realidades" se colapsan en una en la que un cajero impaciente nos ladra para que le entreguemos el dinero, y nos da la sensación de que "la incertidumbre cuántica" se transforma en la "certidumbre mundana" de que nos cortan la luz si no pagamos. Esta graciosa alegoría sirve para intentar aproximamos a terrenos menos inocentes.

En las varias realidades de Feyerabend y acólitos, da lo mismo un tratamiento con flores de Bach que una quimioterapia, y las pirámides calman un dolor de cabeza igual o mejor que la aspirina, pero para el resto de los mortales hay una realidad en la que quien paga la factura del disparate pseudocientífico es la sociedad. Según estos parafilósofos, Galileo, Darwin, Pasteur, Einstein, Sabin, y Ramón y Cajal no nos proporcionaron un conocimiento más acabado de la realidad, ni resultados más eficaces que la magia y la brujería, simplemente porque la realidad no existe, mucho menos la verdad, y da lo mismo cualquier cosa. Las vacunas son una ilusión, también los telescopios (aparatos diseñados con el fin de observar planetas inexistentes en un inexistente universo), las células son quimeras biológicas al igual que los neurotransmisores son espectros químicos, y los televisores y trenes engendros mentales.

Con el slogan "sumar, no restar" se muestra una fachada de benevolencia y de "humanidad" a la que es difícil resistirse. Pero es evidente que el sumar basura y macaneo desenfrenado se paga restando conocimiento y obstaculizando el desarrollo y el progreso. El sutil sapo nuevaerístico nos dice "progreso = bomba atómica", "ciencia = contaminación". De acuerdo a esta extraña forma de pensar ningún conocimiento debería hacerse público por sus posibles consecuencias nefastas; ergo, no deberíamos haber conocido E=mc2, ni la electricidad, ni siquiera que en el cerebro está el centro de las emociones y no en el corazón (aunque para los newagers los científicos directamente carecen de estados emocionales).

A fin de cuentas la defensa epistemológica de la Nueva Era y su anarquía gnoseológica son insostenibles: favorecen el oscurantismo (complican lo simple y lo simple no lo explican), el autoritarismo (líderes, iniciados, elegidos, maestros) y los sistemas de sometimiento (no piense, no razone, no investigue). Dar la bienvenida a la doctrina del "todo vale" y a los filósofos de Acuario constituye un desastre epistemológico. El sapo New Age es de goma, pero contiene vidrio. Tragárselo es un inconveniente, por lo menos en esta realidad. Que para mí existe. €0€

Al cierre de EOE

El mismo día que estábamos por entregar a la imprenta esta edición (19/6/93), Futuro publi­caba el octavo round de la controversia, titulado "Contra los dragones de lo simple", que incluye tres artículos de antología: "El doble filo escéptico" (marcando el retorno de Piscitelli-Umaschi), "La cuestión es darse cuenta" (¿de que lo están en gañando?—agregamos), pero que en realidad es una ingenua apología de la "parapsicóloga" Rivka Bertish, una caminante sobre las brasas que se declara discípula de Louise Hay, y, por último, "¿Y dónde están los hechos?", que es la ¿respuesta? de Denise Najmanovich al artículo en Futuro de Alejandro Borgo. €0€

10.3.11

Debate Ciencia vs New Age (3º parte)

EL DEBATE CONTINÚA

Dr. Fernando Saraví

"En vez de considerar los interrogantes críticos planteados por Agostinelli, Piscitelli y Umaschi se embarcan en una mordaz crítica ad hominem. En ella, al tiempo que se rehusa delimitar la New Age, se delimita caricaturescamente a la "antigua" ciencia, con argumentos trasnochados, como el caso Galileo (que no fue condenado por sus pares sino por la autoridad religiosa), acusaciones sin base (¿quién cuestionó a los terapistas del Hospital Italiano?), exageración del papel de la autoridad (un artículo de Nature merece seria consideración, nunca asentimiento acrítíco) y recurso a motes peyorativos, como "científicos fundamentalistas".

"Al afirmar que los fenómenos paranormales han sido fácilmente desestimados, ignoran — culposamente, si los autores han leído el libro de Susan Blackmore que ellos citan, o el informe de la National Academy of Science estadounidense— la profundidad con que se ha examinado la evidencia en favor de lo paranormal.

"El hecho de que la preocupación — no el terror— de los científicos ante el arrollador avance del pensamiento mágico no sea compartida por el gran público, no hace más ni menos real la existencia de dicho problema. La libertad de opción exige información veraz, y los científicos faltarían a su responsabilidad si no informasen al público.

"La labor del CSICOP (Comité para la Investigación Científica de Supuestos Fenómenos Paranormales) y de otros organismos similares no es inquisito­rial, sino esencialmente docente, dirigida a delimitar hasta qué punto determinada noción o técnica se basa en evidencia firme; no condena la libertad de pensamiento ni de expresión, mas denuncia la superchería y el charlatanismo disfrazado de ciencia.

"El sincretismo despreocupado de la New Age mezcla lo verdadero y lo falso, lo demostrado y lo deseado, en un cóctel indigesto y nocivo, que llevado a su límite implica el colapso del juicio crítico y del pensamiento racional, y deja a sus adeptos inermes ante las afirmaciones más peregrinas de toda clase de charlatanes.

"Sin embargo, para Piscitelli y Umaschi lo verdaderamente peligroso y retrógrado son los "científicos fundamentalistas". Esto equivale a decir que todos tos científicos son iguales, y que la "antigua" ciencia es una institución monolítica y hostil a nuevas ideas. Si bien es innegable la existencia de misoneístas, meter a todos los científicos en la misma bolsa es tan arbitrario y pueril como pensar que los científicos son defensores completamente objetivos y desapasionados (o sea, inhumanos) de La Verdad.

"En el fondo, el tema original parece haber servido solamente como excusa para la apología de las "Ciencias de la Complejidad" (así, con mayúsculas) y sus representantes, como legítimas herederas al trono, ya vacante, de la anquilosada antigua ciencia. Para ello se recurre al mismo maniqueísmo "mutilador" que se aborrece de palabra, al descalificar a la ciencia y a los científicos tradicionales, en favor de unas nuevas "ciencias de la complejidad", a las que se refieren en términos tan elogiosos como imprecisos.

"Por último, el paradójico "relativismo absoluto", muy New Age, con el que concluye la nota, nos deja a fojas cero: si toda realidad es inventada, las presuntas ventajas de la Nueva Era, como las de la Nueva Ciencia, carecen de base objetiva y existen sólo en la imaginación, o en los anhelos, de sus partidarios. €0€


LA CIENCIA NO PUEDE DISPUTARLES EL PAPEL DE “GUÍA PARA LA VIDA” A LOS SISTEMAS DE CREENCIAS

Dr. Celso Aldao- Dr. Manuel Comesaña

"La ciencia no tiene todas las respuestas. No es capaz de decirnos, por ejemplo, cuáles son los fines que debemos perseguir; sólo puede, en algunos casos, indicamos cuáles son los medios más adecuados para alcanzar ciertos fines. Por esto se la ha criticado; se la ha acusado de ofrecemos una racionalidad meramente "instrumental". Esto último es cierto, pero no justifica ningún reproche: nadie en su sano juicio se enojaría con las almohadas porque no sirven para clavar clavos.

"En lo que concierne a la adopción de fines, la ciencia no puede reemplazar a nuestras intuiciones, aunque sí puede ayudar a corregirlas mostrando que algunas elecciones tienen consecuencias que no deseamos, o que algunos de nuestros fines son incompatibles entre sí. Como suele decirse, la ciencia se ocupa de lo que es, y no de lo que debe ser; por eso no puede disputarles el papel de "guía para vida" a sistemas de creencias como las religiones o las ideologías. Sólo se produce conflicto cuando esas creencias pretenden pasar por científicas; es decir, cuando éstas se presentan bajo la forma de pseudociencias.

"El campo de acción de la ciencia es, entonces, limitado; pero en ese campo, hasta ahora, nada ha podido competir seriamente con ella. Su objetivo principal consiste en brindamos una comprensión del mundo mucho más profunda que la que nos dan los conocimientos provenientes del sentido común, y, sobre la base de esa comprensión, también nos permite transformar el mundo.

"Para alcanzar estos objetivos los científicos deben hacer varias cosas. En primer lugar, producir hipótesis y teorías, para lo cual no existe ningún método mecánico (si existiera alguno, la ciencia podría ser hecha por máquinas); esta primera etapa de la tarea científica requiere inevitablemente talento e imaginación. En segundo término, los científicos deben poner a prueba sus hipótesis y teorías confrontándolas con los resultados de la observación y el experimento —cuyo diseño requiere una dosis excepcional de ingenio— aceptando sólo aquellas que resulten confirmadas por tales resultados. Cuáles sean exactamente los vínculos entre teoría y observación es algo que los filósofos de la ciencia siguen discutiendo, pero no puede dudarse razonablemente de que la función de control que los datos empíricos cumplen en la ciencia es la principal diferencia entre ésta y los sistemas de creencias mencionados en el párrafo anterior.

"La Nueva Era es un abanico de creencias y actitudes populares, muchas veces contradictorias, y al mismo tiempo un movimiento de protesta que desconfía de la ciencia y busca desarrollar nuevos "niveles de espiritualidad". La Nueva Era popularizada por Marilyn Ferguson en su libro The Aquarian Conspirancy y su rechazo a lo establecido ha penetrado hondamente en nuestra cultura; la industria publicitaria y los medios masivos de comunicación han abrazado sus técnicas y valores, sus adherentes piensan que la ciencia ha creado una civilización tecnológica que degrada los valores humanísticos (...)

"Sin duda, algunas ideas de la Nueva Era merecen ser compartidas, y de hecho lo son. Por ejemplo, la necesidad de proteger nuestro ambiente y considerar a la especie humana como una comunidad mundial ha sido reconocida por muchos, y seguramente no le corresponde a aquella la paternidad de esta iniciativa. Pero la Nueva Era incluye también una amplia gama de pseudociencias y creencias que no resisten un análisis crítico: la astrología, la canalización (que no es más que el espiritismo del siglo XIX aggiornado con términos de la era electrónica), la psicokinesis, la proyección astral, la levitación, la clarividencia, el "poder de los cristales", la medicina holística y las terapias alternativas, los ovnis y las vidas pasadas. Todas estas creencias tienen rasgos comunes, como la búsqueda del misterio, el uso de mitos y analogías como "pruebas", y la ausencia de una teoría digna de tal nombre (en realidad sólo se dispone de un guión dramático impreciso y, por lo tanto, irrefutable).

"El interés popular por lo oculto se ha intensificado llamativamente en los últimos años. Son muchos los que hoy, en todos los estratos de la sociedad, están deseosos de aceptar, sin crítica, explicaciones que atribuyen causas paranormales a fenómenos poco comprendidos o imperfectamente percibidos. Deben ser muchos los factores que contribuyen al auge del pensamiento mágico en nuestros días, pero seguramente la ineficacia de una educación que no logra estimular el desarrollo del pensamiento crítico y la irresponsabilidad de los medios masivos de comunicación que explotan el rating del dislate figuran entre los más importantes (...)

"Los científicos siempre están preparados para considerar nuevos resultados y nuevas explicaciones. Es por esto que la calificación de "Ciencia fundamentalista" de Piscitelli-Umaschi resulta ser un oxímoron sin contenido alguno. El desarrollo de la ciencia es imposible sin libertad de investigación y de crítica. Por eso nos llevó algún tiempo entender las caricaturas que aparecieron en Futuro... Nunca habríamos representado a la ciencia como a una reina; la figura de una reina no resulta revolucionaria, ni siquiera progresista. Por otro lado, los científicos no tienen poder político alguno. (Para la Nueva Era, sin duda, hubiéramos optado por un charlatán con una víbora enroscada en su cuello).

"A lo largo de todo el artículo se confunde a los inquisidores con las víctimas. Por ejemplo el término "guardián del orden científico" carece de contenido; es sólo un subterfugio para adjudicar a los científicos el papel de inquisidores (no disponen de poder como para llevar a cabo un trabajo de ese tipo) cuando la historia muestra, por el contrario, que los científicos fueron siempre las víctimas.

"El estudio de los fenómenos paranormales se originó fuera de la ciencia. Estos fenómenos son de gran interés y atracción y, en muchos casos, podrían tener importancia científica sí fueran ciertos. Pero las ideas involucradas son incompatibles con el conocimiento científico y no hay pruebas de la existencia de fenómenos de este tipo bajo condiciones controladas que excluyan el fraude. Por el momento debemos seguir escépticos.

"Hoy día carece de sentido decir que un investigador se rebela "contra el mundo mecánico propuesto por Newton, contra la matemática y la física determinista" o el "paradigma newtoniano". Esta crítica desconoce en qué está la física hoy. Moledo ya aclaró que el caos es un tema de actualidad en ciencia.

"Sí las ciencias de la complejidad intentan nuevos caminos, bienvenidas sean. Si sus logros son enriquecedores para el conocimiento científico, serán finalmente juzgadas su solidez y su fecundidad. El futuro dirá si realmente lo son, pero si las cosas no resultan como desearían los entusiastas de la nueva ciencia, la culpa no es del Cairp.

"Las pseudociencias se han convertido en un gran negocio que explota la credulidad pública, al mismo tiempo que pone en peligro la salud y el bienestar de la gente y aun de naciones enteras (Hitler acostumbraba consultar a sus adivinos antes de tomar una decisión; existen ejemplos actuales) y predisponen a la población contra la ciencia. Las pseudociencias no son inofensivas como opina Moledo: el costo social de su proliferación es realmente incalculable. (Una concepción irracional del mundo puede tener consecuencias trágicas. Por ejemplo, ser rechazado en un empleo por incompatibilidad zodiacal (discriminación astrológica ya detectada). Este último caso muestra que aunque las estrellas y los planetas no influyen en nuestras vidas, en el torbellino del disparate nuestra carta natal puede hacerlo.

"Ante el cúmulo de disciplinas irracionales contrarias al conocimiento científico, quienes nos encontramos vinculados a la ciencia tenemos dos caminos: ignorar lo que ocurre o trabajar para desenmascarar a los farsantes y charlatanes. Hay quienes consideran que las pseudociencias se refutan solas, que sus afirmaciones resultan evidentemente falsas.

Desgraciadamente no es así; los consultorios de parapsicólogos, astrólogos, y manosantas desbordan de clientes. Los cultores de estas disciplinas —de alguna manera hay que llamarlas— llegan al gran público regularmente a través de la radio, la TV, y los medios gráficos. A esta altura los falsos científicos tienen allanado el camino. Efectivamente, no son pocos los adherentes y practicantes que abren sus puertas a quienes contemplan permisivamente sus actividades.

"Al investigar y refutar las pretensiones (muchas veces peligrosas) de las pseudociencias no probamos lo evidente. Se trata de denunciar el fraude y prevenir el abuso de la credulidad pública. En esta ardua e ingrata tarea, organizaciones científico-educativas como el CSICOP y el Cairp, llevan a cabo una tarea encomiable, que muchas veces ni siquiera es comprendida por los científicos. €0€

28.2.11

Debate Ciencia vs New Age (2º parte)

RESUMEN DE UNA POLÉMICA FUERTE


Para los lectores de EL OJO ESCEPTICO que no siguieron el debate de punta a punta, a continuación incluímos un resumen cronológico (de octubre de 1992 a junio de 1993) de las ocho entregas que el suplemento Futuro de Página/12 le dedicó a la dicotomía Ciencia/ New Age. Como toda síntesis, solo se extraen los párrafos centrales y esa selección es subjeti­va.



LA "OBJETIVIDAD" SOCIOLÓGICA DE ROSS


En el suplemento Futuro del 24 de octubre de 1992 la periodista Claudia Pasquini traducía "los párrafos cruciales" del libro “Strange Weather” (Clima extraño), de Andrew Ross. La portada del suplemento se titulaba "Ciencia y New Age: ¿Parecidos o diferentes?". En el grueso del artículo (subtitulado "Todo sea por la buena onda"), Ross se compadece de la "racionalidad neo age" porque "los guardianes de la ortodoxia"la condenan "a los márgenes de la pseudociencia y a las zonas oscuras de la razón", motivo por el cual ésta se vería "empujada a emular al discurso dominante del racionalismo". También sostiene que "la new age asumió un rol virtuoso, experimental, en la reconstrucción de una personalidad humanista para la ciencia, una ciencia con cara humana".

En un recuadro aparte, titulado "Los cazafantasmas", Ross se solidariza con quienes caracterizan al CSICOP (Committee for the Scientific Investigaron of the Paranormal) como una "inquisición internacional de académicos cazafantasmas", afirma que las desmitificaciones de lo paranormal "son apelaciones a una suerte de certificación experimental de que la ciencia racionalista está establecida como el único estándar de verdad y razón de nuestros tratos con el mundo natural" y concluye que la "actividad cazabrujas" del CSICOP revela la "crisis de la racionalidad científica".


LA RESPUESTA DEL CAIRP

El 28 de noviembre el suplemento incluye un resumen de la respuesta de Agostinelli titulada "El talismán a transistores". (El artículo completo fue publicado por la revista colega española La Alternativa Racional No 28, Primavera de 1993, pp. 4-9). En el copete de esa nota el editor se extrañaba de que el artículo de Ross suscitara polémica ya que "su posición era ante todo descriptiva". El miembro del Cairp, sin embargo, considera pertinente preguntarse a qué aportes se refiere Ross cuando dice que la Nueva Era reconstruye "una ciencia con cara humana", al tiempo que la define como "un movimiento sincrético en el que una mixtura de disiciplinas ocultistas ha ido creciendo hasta cobrar dimensiones comparables a las de una religión de masas". En cuanto a la emulación del discurso científico por parte de la New Age, Agostinelli responde que "se da la paradoja de que para elevar el prestigio de su idea de espiritualidad necesita adornar sus doctrinas con conceptos que toma prestados de las disciplinas científicas aceptadas, a las que, sin embargo, condena por su 'falta de sensibilidad'".

En su rechazo al ataque que recibe el CSICOP (y por tanto el Cairp, que se identifica con sus objetivos), Agostinelli advierte que "históricamente, los cazadores de brujas han sido quienes han fomentado la creencia en lo irracional, y no los escépticos" y se entristece por "la debilidad de los argumentos de tantos intelectuales que, como Andrew Ross, eligen abrazar los nuevos rostros de la superchería para manifestar su descreimiento de la 'ciencia racionalista'".


SAHUMERIOS VS. PIPETAS

El 6 de marzo de 1993, bajo el título general "Paranoia en las pipetas", y el subtítulo "Sistema de conocimiento, sistema de ignorancia", el neoepistemólogo Alejandro Piscitelli y la periodista Marina Umaschi arrojan la segunda piedra en favor de la New Age y contra el escepticismo metodológico propiciado por el Cairp para investigar las afirmaciones de la New Age. A vuelta de página de un copete anticipando que Piscitelli-Umaschi prometieron "tomar distancia " de los articulistas que les precedieron, no vacilan en tratar al Cairp, al CSICOP, a Carl Sagan e Isaac Asimov de "científicos fundamentalistas"'. Entre otras cosas, los autores aseguran que la comunidad científica desestima los fenómenos paranormales porque mantiene una "visión estrechamente positivista" (aunque enseguida dicen que "no es que en ellos [los fenómenos psí] no haya poco —sino casi todo— para criticar o rechazar"), y que reacciona frente a la New Age porque "envidia las ventas y fondos que movilizan". Pero la preocupación primordial de Piscitelli-Umaschi es que los escépticos, en realidad, temen que "la ortodoxia"se vea amenazada a causa de "la proliferación de formas distintas de practicar y concebir a la ciencia". Buscan impactar agregando una extensa bibliografía pero descalifican al Cairp citando... el libro “Crónicas del Ángel Gris”, del escritor y humorista Alejandro Dolina.


EL CAIRP SE DEFIENDE

Bajo el titulo "El cuento de la buena pipeta" (“Futuro” del 13 de marzo), Agostinelli insiste en su postura, aclarando las malévolas tergiversaciones que hicieron de su artículo la yunta Piscitelli-Umaschi y lamentando que "de un epistemólogo esperaba una critica científica, y no una critica poética, híbrida y ambivalente". Tras subrayar que "escepticismo no es negar a priori", que "deseo y evidencia científica no van de la mano" y que "no todo lo nuevo es New Age", explica con detalle los motivos por los cuales las ECM, el control mental y la parapsicología generan prácticas pseudocientíficas. En el último caso, lo ejemplifica señalando que "poner en su lugar los fundamentos de la parapsicología no es 'un pretexto' para atacar por elevación otros modelos 'que pueden amenazar la ciudadela científica'" sino "una cuestión de salud pública", hecho frente al cual sus críticos sólo se pronuncian para nivelar ciencia con charlatanismo. Por otro lado, se pregunta por qué los defensores de la New Age no intentan una definición "ni ofrecen un solo ejemplo acerca de cuáles son los genuinos logros científicos" de ésta, ya que, "de lo contrario el diálogo será imposible y este debate se irá pareciendo cada vez más al 'cuento de la buena pipeta'". Ante la acusación de "fundamentalistas de la ciencia", Agostinelli responde que éste es un adjetivo "que sólo se aplica a las ideologías y forma parte del campo de las creencias. Desde el punto de vista epistemológico —concluye— tratar a Asimov o a Sagan de fundamentalistas es sumar confusión a un sistema de ignorancia; desde la posición de una estudiante de Ciencias de la Comunicación, una licencia poética".


LECTOR/1

Ese mismo suple­mento incluye el recuadro titulado "Los pesos mosca de la Nueva Alianza", por la lectora Leonor Verza Duarte, que refuta a Piscitelli-Umaschi con una recomendación terminante: "Bueno seria que estos científicos sentimentales en lugar de acusar gratuitamente a los científicos de nuevos inquisidores o a Carl Sagan o Isaac Asimov de científicos fundamentalistas, aterricen sus escobas en algún neuropsiquiátrico para que (...) puedan discriminar realidad y fantasía, o paradigma científico y negocio esotérico".


LA NEW AGE SEGÚN MOLEDO


El 20 de marzo tuvo la palabra el excelente divulgador científico Leonardo Moledo que, en el artículo "Nueva Era para el Nuevo Orden", manifestó acordar con la refutación de Agostinelli —aunque "sin compartir su fervor"—, enfatizando la "ingenuidad" de la defensa de la Era de Acuario emprendida por Piscitelli-Umaschi. De entrada, subraya que la estrategia de los newagers se desmorona por su base ya que consiste en "a) invertir la carga de la prueba: no es necesario mostrar ningún resultado, y son las disciplinas científicas las que deben demostrar que el conjunto de creencias new age no tiene validez; b) se achaca a la 'ciencia oficial' una negativa cerrada basada en el terror que le inspiran estas 'nuevas disciplinas'". Moledo considera que el punto b) "carece por completo de originalidad" porque, como ocurre con "los inventores de máquinas de movimiento continuo, piedras filosofales y cabalas para ganar a la ruleta, o teorías sobre el universo", cuando se les señala un error, "atribuyen la negativa a 'creer' a la soberbia o al poder de la ciencia oficial. El periodista de Página 12 define a la New Age como "un conjunto de creencias bastante zonzas e inofensivas", añadiendo que "me parece injusto reprocharle a nadie sus creencias. Están a la moda, sí, ¿ Y qué pasa si Piscitelli-Umaschi quieren estar a la moda? ¿Qué tiene de malo? No creo que haya por qué cuestionar eso: sería como criticarlos por el color de su corbata."

Cuando le preguntamos a Moledo si realmente pensaba que la pseudociencia que hay en el movimiento New Age no era más que "un con­junto de creencias zonzas e inofensivas" nos contestó que, en verdad, con esa frase, buscó ridiculizar las pretensiones de Piscitelli-Umaschi. El problema es que muchos lectores no advirtieron el sesgo burlesco e interpretaron sus juicios literalmente. ¿Era necesario mini­mizar la Nueva Era para desarticular el argu­mento newager? ¡Chi lo sá!

Moledo advierte que, para él, lo realmente importante es hacer una lectura política de la cuestión. "La New Age y su presencia creciente en los medios de comunicación — prosigue— es sólo una forma light y cultural de la derechización del discurso y las formas políticas a nivel planetario". Más adelante puntualiza que "Agostinelli se equivoca cuando pide que los newagers exhiban resultados. La lógica new-age, que es la lógica del libre mercado ideológico, no requiere pruebas ni resultados ni procedimientos de verificación de sus productos: basta con la propaganda y con que alguien los compre, como cualquier jabón de lavar". Al final, enfatiza que "los objetivos del programa newtoniano en buena parte se han cumplido: el desgarramiento del tejido teológico medieval y la creación de un espacio donde actúan individuos: hombres libres en un espacio laico, tal seria la síntesis de tres siglos de racionalismo, que a Pisicitelli-Umaschi les parece tan deshumanizada. Puede ser que estén cansados y quieran retroceder al clima fragmentado y mágico del Medioevo. Pero es un retroceso, no un avance". Moledo concluye su nota con una ironía deliciosa: "Es agradable que estas 'nuevas ciencias para un nuevo orden' tengan ahora sus epistemólogos. El elenco de la era de Acuario se va completando".


LECTOR/2

Junto con la nota de Moledo, desde un recuadro que exhorta a "No aportar más confusión", Orlando Liguori les pregunta a los newagers: "¿Qué tienen que ver los nuevos paradigmas con la parapsicología, la astrología las mancias, etc" (y siguen las preguntas). "Todo vale, nos dicen. ¿No era suficiente la forma en que se junta la paja con el trigo en medios que ofrecen al público desprevenido algo de divulgación científica con cualquier superchería?" Y concluye sugieriendo que, de dar crédito a "esas otras" realidades, "el aprendizaje social nos hará atribuir el cólera y el SIDA a alucinaciones colectivas llamadas virus y bacilos" o "a un castigo por la iniquidad humana, malos espíritus o energías negativas del agua".


LA NUEVA ERA VUELVE A LA CARGA

El 15 de marzo último, la epistemóloga y docente de la UBA Denise Najmanovich ingresa a las páginas de Futuro para encargarse de pasar el trapo filosófico que tantas veces da brillo al parquet esotérico. En su intento por vincular al escepticismo con la caza de brujas, dice: "Desgraciadamente, la historia está llena de lo que podríamos llamar 'escépticos dogmáticos', que sólo dudan de las creencias de los demás, reservando para las propias el nombre de saber o ciencia (conocimiento verdadero y fundado) . Son escépticos dogmáticos los conquistadores de todos los tiempos, que toman las tierras y los bienes de otros pueblos y destruyen las estatuas de sus dioses" (...) "Eran 'escépticos dogmáticos' los inquisidores que quemaron a Bruno, encarcelaron a Galileo y martirizaron a tantas brujas, judíos y otros 'desviados'..."También intenta ajustar el lazo entre el escepticismo y el positivismo, y aprovecha para meter en el medio al Cairp: "Recordemos que a fines del siglo XIX casi todos los científicos creían que los átomos no eran realidades físicas sino tan sólo artificios explicativos (¿qué hubieran opinado nuestros escépticos del CAIRP?)"Continúa con una exposición acerca de Kuhn y su crítica a la concepción positivista de progreso científico y luego aborda ligeramente el tema que, a nuestro juicio, es el más importante: "Algunos vivillos aprovechan la situación guiados por el siempre válido refrán que dice 'a rio revuelto, ganancia de pescadores': pero el detectarlos y refutarlos es una tarea menor, un pasatiempo para espíritus que gustan más de la crítica a los géneros menores que transpirar la camiseta para crear una sinfonía ", y centra su atención en que "lo interesante del fenómeno New Age no son los Hare Krishna"... ni "las terapias instantáneas por correo electrónico" sino "una necesidad profunda de búsqueda espiritual" y "la posibilidad de concebir nuevos caminos terapéuticos más integradores..."

EL CAIRP CONTRAATACA

Dos semanas más tarde (el 29/5) Futuro publica la réplica del Cairp, esta vez a cargo de Alejandro J. Borgo, en un artículo titulado "¿Y dónde está el epistemólogo?" que hace hincapié en la importancia de referirnos a los hechos: "Frente al torbellino verborrágico de los new-epistemólogos, la respuesta es hechos, no palabras". Por otra parte, Borgo apuntó a la distracción de los filósofos que "ven la invisibilidad de los quarks pero no ven la cruda realidad que está delante de sus ojos" refiriéndose a los astrólogos, videntes, sectas, centros de control mental, etc., que juegan con la salud mental y física de la gente sometiéndola a técnicas y terapias no comprobadas científicamente y a verdades celestiales sólo accesibles a los iniciados. "La pseudociencia herramienta esencial de la New Agenos aleja de la realidad, achata nuestra capacidad de reflexión, fomenta la deglución sin preguntas, constituye un peligro para nuestra salud física y mental, y termina por convencer a muchos filósofos de que es inofensiva", afirma Borgo, para continuar con una respuesta a las acusaciones ideológicas de Najmanovich: "De modo que las acusaciones de inquisidor, dictador, conquistador, nazi y oscurantista son inadmisibles..."(...) "Quienes encaramos la tarea de divulgar la mentalidad científica, frecuentemente nos vemos expuestos a la crítica salvaje, emocional e ignorante de quienes alientan la superchería y la creencia a ciegas. Y de quienes le sirven de sostén: los filósofos de la Vieja Nueva Era". Termina con una exposición del credo de un escéptico y destaca que ser escéptico no significa no creer. Finalmente pregunta: "¿Quién dijo que los escépticos somos escépticos?”.

Continuará...

26.2.11

Debate Ciencia vs New Age (Introducción)

ILUSTRACIÓN DE VIÑUELA PARA ~EL TALISMÁN A TRANSISTORES".SUPLEMENTO FUTURO. 28/11/92



LA CIENCIA ANTE EL EMBRIAGANTE SOPOR DE LOS SAHUMERIOS

"CIENCIA VS. NEW AGE:Las dos caras de una controversia ".Serie publicada en los Nº 7-8 de "EL OJO ESCEPTICO"


Durante los años 1992-1993 , la sección “Futu­ro” del diario Página/12 permitió que se produjera una polémica absolu­tamente inesperada. Por primera vez, la traída y llevada New Age era extensamente tratada en ocho ediciones del suplemento científico de un diario de gran tirada. Los lectores de ese importante matutino tuvie­ron ocasión de evaluar la calidad de los ar­gumentos en pugna suscitados por la dis­yuntiva “Ciencia vs. New Age/New Age vs. Ciencia”, y apreciar el verso y reverso de la moneda.


En la controversia, alternaron púgiles de distintas categorías. El primero en entrar al ring fue el peso liviano Andrew Ross (sociólogo e investigador de temas culturales de la Universidad de Princeton), con un artículo que mereció la refutación del peso pesado Alejandro Agostinelli (periodista y miembro del Cairp). La répli­ca newager aterrizó con cuatro meses de atraso. Fue en la pluma de los pesos mosca Alejandro Piscitelli y Marina Umaschi (profesor de la universidad de Buenos Aires y "epistemólogo constructivista especializado en teorías de la compleji­dad", y estudiante de Ciencias de la Co­municación, respectivamente). Con el tiempo, Umaschi se licenció en Ciencias de la Comunicación y doctoró en el Laboratorio de medios del M.I.T.

El contraataque de Agostinelli llegó una semana después. Con él, otros espec­tadores buscaron su lugar en el ring y fue así como también participaron los lectores Leonor Verza Duarte y Orlando Liguori (por entonces integrado a las filas del Cairp) y un primer cierre a cargo del prestigioso perio­dista científico Leonardo Moledo. Los últimos tres suscribieron la posición defen­dida por el miembro del Cairp a la vez que cuestionaron severamente las afirmacio­nes de Piscitelli-Umaschi.

Posteriormente, científicos con posturas cercanas y miembros consultores del Cairp enviaron a Página/12 al menos dos nuevas colaboraciones. Como no fueron publicadas ni se acusó recibo de ellas, cabía sospechar que los editores resolvieron que cada parte ya había dicho lo suyo, dando por finiquitado el debate. Pero... ¡sorpresas te da la vida! El sábado 15 de mayo el escobillón mágico reapa­rece en la pluma de la epistemóloga Denise Najmanovich* bajo el título de tapa "¿Quiénes son los inquisidores?" y el subtítulo "Ciencia vs. New Age VI: el malestar existe". En algún sentido, una versión descafeinada de Piscitelli-Umaschi y, en varios otros, una escan­dalosa mojadura de oreja a la historia, a los métodos y al cuerpo de conocimientos de las ciencias.

* Con Denise Najmanovich hubo un divertido encuentro previo: al pie del artículo de Moledo, al lado de un aviso del Cairp, ella anunciaba sus grupos de estudio y reflexión sobre determinismo, azar y caos con textos de Kuhn, Feyerabend, Prigogine, Thom, etc.


Esta vez quien recogió el mitón fue Alejandro J.Borgo, que escribió una encendida respuesta que —remedan­do a Bunge— se hubiera podido llamar "el credo de un escéptico" pero que, sin embargo, tituló "¿Y dónde está el epistemólogo?".En los vaivenes del debate, quedaron fuera del match los doctores Celso Aldao y Manuel Comesaña (profesores titulares de la universidad Nacional de Mar del Plata), y Femando Saravi (profesor adjun­to de Física Biológica de la Facultad de Ciencias Médicas de la universidad Nacional de Cuyo), cuyos más que intere­santes aportes ahora son volcados en es­te suplemento. A ellos se suman Alejandro J. Borgo, director de”EL OJO ESCEPTICO”, y Daniel De Cinti, metodólogo y miembro consultor del Cairp. Como corresponde aclarar (sobre todo para quienes afirman que los racionalistas nos creemos dueños de la verdad), nunca está dicha la última palabra y sería deseable que en sucesivas entregas de esta revista se profundice un enriquecedor intercambio de ideas. ¡Filo-newagers incluidos, por supuesto!


PS del autor de éste blog : El debate en su totalidad (como la introducción de arriba) fue recogido en un suplemento especial del volumen doble 7-8 de “EL OJO ESCEPTICO” que iré transcribiendo en próximas entregas



20.11.10

CAMINANDO SOBRE BRASAS ENCENDIDAS, por HENRI BROCH


CAMINANDO SOBRE BRASAS ENCENDIDAS

por HENRI BROCH


Fundador del Laboratorio de Zetética de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Niza

Este artículo fue publicado originalmente en la revista "El ojo escéptico" Nº 7-8 (1993)




¿ Se animaría usted a caminar sobre un lecho de carbones ardiendo porque conoce los fundamentos físicos del fenómeno y está seguro de que tiene a la razón de su parte? PROBABLEMENTE NO. PERO NO SE PREOCUPE: EL DR. HENRI BROCH, MIEMBRO DE HONOR DEL CAIRP, YA LO HIZO POR USTED.


En las biografías de numerosos santos, la inmunidad de la que gozaban sobre los efectos del fuego se explica como producto de una intervención milagrosa. Los mediums y sujetos psi no les van en zaga: en el siglo XIX el célebre médium Daniel Dunglas Home jugaba con tizones encendidos en sus manos... En los albores del siglo XX no se alteró la regla. La "caminata sobre el fuego" es un hecho que se repite en el mundo entero (Macedonia, Argelia, Egipto, Polinesia, India, Sri Lanka...) y desde los tiempos más remotos. Se practica sobre brasas, sobre piedras... Desde hace algunos años la pirobacia también invade Europa. Los seminarios que pemitirán, buena suma de dinero mediante, la iniciación en el desarrollo de la "energía vital" necesaria para dominar el fuego, proliferan...

A menudo, el prólogo de las presentaciones acerca de cómo pasar con éxito la prueba de la marcha sobre fuego pretende que se requiere alcanzar un estado especial de conciencia. Las explicaciones para-científicas más recientes insisten en el rol que juega un pensamiento intenso sobre el tejido humano para que éste no arda al exponerse al fuego.

Pero... se ha realizado la prueba que desmiente tales tonterías. La explicación, convalidada por la experiencia, es en sí misma antigua y se remonta por lo menos a comienzos de este siglo.

¿En qué circunstancias "no quema" el fuego?

La explicación se puede dar, como lo hicieron Leikind y Mac Carthy, sobre dos planos: uno físico y otro psicológico. En el primer caso, los autores se preguntan: ¿qué hace que el pie del caminante no se queme? Y en el segundo, ¿qué siente, qué percibe el caminante mientras camina sobre el fuego?

Observemos aquí el primer aspecto. ¿Por qué son posibles estas caminatas?


La primera razón, a la vez la más importante, es que los materiales sobre los que las personas caminan tienen una débil capacidad calorífica y una mala conductividad térmica, en tanto que las plantas de los pies tienen una buena capacidad calorífica. Aclaremos: la capacidad calorífica es la mayor o menor capacidad que posee un cuerpo de encapsular la energía bajo la forma de calor; la conductividad térmica es la aptitud mayor o menor que posee un cuerpo de conducir, de trasvasar o transferir calor en un sentido o en otro.

Tomemos el ejemplo clásico de la cocción de un pollo. Todo, en el interior del horno, está, digamos, a 200º C. Sin embargo, al abrir el horno, ¿se preocupa usted del aire a 200º C? En cambio, ¿quién no se cuida de tocar la asadera, también a 200º C, donde está asando el pollo, o al pollo mismo, que también sale con una temperatura de 200º C? Todo el mundo sabe, por instinto (y sobre todo... ¡por experiencia!), que diferentes materiales, llevados a la misma temperatura, tienen diferentes capacidades bajo los efectos del fuego. Los materiales también tienen diferentes capacidades de transferir el calor. El pollo, por ejemplo, le quemará menos que la asadera que lo contiene.

Capacidad calorífica débil: Significa que los caminantes apoyan sus pies sobre cuerpos que contienen una cantidad de calor relativamente débil por unidad de volumen. Esto es lo que permite que no se caliente demasiado el pié del caminante, que posee una mejor capacidad calorífica. Es decir, que puede encapsular la cantidad cedida por el carbón sin llegar a la temperatura de partida del mismo.

Mala conductividad térmica: Significa que mientras el caminante apoya el pie sobre las brasas, y su pie absorbe una parte del calor contenido en las mismas, esas brasas y las adyacentes no pueden transferir con rapidez la energía a la parte "fresca", es decir, al pié que la cubre (lo que evita un aporte suplementario de calor al pié del caminante).


El tiempo es también un efecto importante (¡si deja la mano dentro del aire del horno un tiempo suficiente, ella terminará cocida a punto!). Los que caminan sobre el fuego, caminan, y no se eternizan sobre las brasas.


Otro factor adicional a tener en cuenta es el aislamiento: puede incluir el grado de sal que contiene la piel, la callosidad o la humedad (ni hablemos de los productos con que se la puede untar). El espesor de la callosidad presente bajo los pies es un factor importante, ya que ésta constituye una protección adecuada.


El estado "esferoidal" es un factor a e-valuar entre las explicaciones: arroje un dedal de agua sobre una plancha de cocción cuando está apenas caliente o mera-mente tibia. Verá al agua extenderse y evaporarse con rapidez. Si en cambio la placa está muy caliente, la misma cantidad de agua se reagrupará bajo la forma de ampolla aplastada y durará un largo minuto. Estos cambios en la duración se explican por el hecho de que, en el segundo caso, el agua no está en contacto con la plancha: una leve capa de vapor se desarrolló entre ambas, y el vapor, como todo gas, tiene una débil conductividad térmica.

De cualquier manera, parecería que este estado específico no es un factor realmente significativo en la caminata sobre el fuego. (Sí lo es, en cambio, en otro tipo de "milagros" con fuego). Si bien es cierto que numerosos caminantes humedecen sus pies de una manera u otra antes de lanzarse a la prueba, otros se los secan concienzudamente antes de la mar-cha, evitando que las brasas no se peguen a sus pies y los quemen.

Qué puede hacer un simple mortal

Mayne Reid Coe, uno de los primeros en ofrecer explicaciones del fenómeno basadas en la experimentación, señaló en 1957 que no era en absoluto necesario pensar en alternativas "paranormales" para entender las caminatas sobre las brasas y otras experiencias ligadas al fuego.

Es así que, por breves momentos, realizó, sin que interviniera milagro alguno, los siguientes actos:

-- tocó hierro ardiente con los dedos y con la lengua,

-- corrió con los pies descalzos sobre un hierro al rojo vivo,

-- marchó sobre piedras ardientes,

-- introdujo sus dedos dentro de plomo, de cobre y de hierro.

-- se puso una pequeña cantidad de plomo fundido dentro de la boca,

-- caminó sobre un lecho de carbones ardientes,

-- colocó su cara, sus manos y sus pies en el fuego por un corto momento.

De igual modo, el ilusionista francés Jean Eugéne Robert Houdin, el padre fundador de la magia moderna, cuenta en sus memorias cómo se lavó las manos en una fuente de agua en fusión, a más de 1.600º C. De manera general, es mejor tocar objetos muy, muy calientes, que objetos moderadamente calientes. Cuanto más calientes estén, mejor se establece el estado esferoidal y su efecto dura un tiempo mayor.

¿QUÉ MÁS DECIR?

Es preciso señalar igualmente que, en el caso del hierro candente o de los metales

fundidos, se trata de calor que se propaga únicamente por radiación, por lo que el estado esferoidal tiene suma importancia. En la combustión del carbón, por el contrario, el calor se obtiene de la reacción química (oxidación) y el estado esferoidal pierde importancia, pues el contacto le priva del necesario combustible.

Tan es así que, al final, de una hoguera, cuando toda la madera termina quemada y convertida en carbón, el colchón de brasas es tan ardiente que resulta difícil aproximarse sin que sintamos la necesidad de cubrir el rostro. En ese momento, si se su-prime el aire sobre los carbones encendidos, la intensidad de la reacción baja inmediatamente. En ese estado, cuando se camina sobre ellos, se los priva del aporte de oxígeno y la incandescencia es momentáneamente interrumpida.

En síntesis, cualquiera puede caminar sobre brasas; aun-que hay un punto en el que hay que extremar las precauciones: no arrastrar partículas de brasas entre los pliegues de la piel. No es para nada necesario poseer "poderes" de ninguna naturaleza paranormal, aún cuando ciertas personas se jacten de ello. Nada de lo concerniente a la caminata sobre el fuego está más allá de la realidad.

El dolor (es decir, la percepción del daño corporal sufrido, no el daño en sí) puede efectivamente silenciarse mediante técnicas de distracción de la atención, por ejemplo produciendo imágenes mentales de gran intensidad, un esfuerzo físico, una respiración acelerada o aún el canto.

Del mismo modo, al hablar de "temperatura", muchas personas entienden "calor", y es en este efecto donde reside, tal vez, el núcleo del poderoso impacto psicológico que provoca la marcha sobre el fuego. Por el hecho de que se le adjudique una temperatura de varios cientos de grados, la gente interpreta: "¡es un calor insoportable!" Olvidan simplemente que si un calor infernal trae aparejada una alta temperatura, una alta temperatura no supone necesariamente un calor enorme.

Después de la teoría... ¡la experimentación!

Ciertamente, los participantes de una caminata sobre las brasas también se queman (con menor frecuencia y provocando daños de mucha menor gravedad de lo que es dable suponer a priori). Pero el poder, o no-poder, mental o psicológico de la persona quemada no tiene nada que ver, ya que no siempre todos los parámetros son controlables.

El verdadero problema se presenta cuando la gente, honesta y sinceramente, puede pensar que sin el seminario (pago) intensivo en el que ha participado, o sin el auxilio mental del gurú, se hubiera quemado cruelmente, o que las leves quema-duras experimentales fueron producidas por sus mentes desconcentradas y por su propia culpa.

Pero la mejor manera de convencer al gran público de la validez de nuestras propias afirmaciones, es hacer la demostración en vivo.

Así es como, en mayo del ‘92, al finalizar una conferencia sobre los fenómenos para-normales, en la sede del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica) en Marsella, Francia, y hallándome en compañía de M. Antoine Bagady, profesor de karate y récord absoluto de caminata sobre fuego, me encontré con mis pies desnudos frente a las brasas...

El hecho de saber que la física está de nuestra parte no evita que uno se ponga sumamente nervioso antes de pasar la prueba de los carbones encendidos a una temperatura --medida-- superior a los 800º C. Igualmente, esto aumenta la aprehensión natural y uno sabe que, aún conociendo los principios implicados para lograr cierto efectismo, existen diversas técnicas o procedimientos (¡que los debutantes ignoran!) que se deben seguir para correr el mínimo riesgo. Además, para rematarlo, el apoyo de la encantadora mujercita no contribuye a apaciguar esa extraña sensación en la boca del estómago: "Y si la cosa falla, no cuentes conmigo para empujar la silla de ruedas..."

Es por eso que, para que "la fuerza esté conmigo", he efectuado la caminata sobre el fuego mientras leía el capítulo de mi libro El corazón de lo extraordinario, que da la explicación física del fenómeno. El problema fue que, con los pies plenamente a salvo al fin de este cálido experimento, me hago una pregunta inquietante... ¿y si mi libro da verdaderamente el poder de caminar sobre las brasas? EOE

Traducción: Ellen Popper

BIBLIOGRAFÍA:

Broch, H. (1991); "Au Coeur de l’Extra-Ordinaire", éd. L’Horizon Chimérique, Bordeaux, France.

Cherfas, J. (1985); New Scientist, 20 junio, p. 26.

Coe, M.R. Jr. (1958); Journal of the American Society for Psychical Research, vol. 52, N° 3, p. 85.

Dennet, M.R. (1985); Skeptical Inquirer, vol. X, N° 1, Otoño, p. 36.

Gibson, W. (1987); "Les Secrets del grands magiciens", éd. du spectacle, Strasbourg, France.

Leikind, B.J., McCarthy, W. (1985); Skeptical Inquirer, vol. X, N° 1, Otoño, p. 23.

Robert-Houdin. J.E. (1878); "Comment on devient sorcier". rééd. Slatkine, Geneve, 1980.

Tiraspolsky, M. (1988); Karaté, N° 145, marzo, p. 27.

13.9.10

La percepción popular de la ciencia en norteamerica




El artículo que sigue fue publicado originalmente en papel en la revista El ojo escéptico Nº 2 , hace casi veinte años. El análisis del autor sigue teniendo plena vigencia. Para ver más artículos de EOE http://www.elojoesceptico.com.ar/revistas


LA PERCEPCION POPULAR DE LA CIENCIA EN NORTEAMERICA

MarioBunge

Foundations and Philosophy of Science Unit, McGillUniversity

Publicado originalmente en Transactions of the Royal Society ofCanadá / Series V/ Volume IV /1989

Traducido del inglés por Ellen Popper


En el período entre el Iluminismo y la segunda guerra mundial, la ciencia gozó del respeto general en los países industrializados. Incluso, asumió un rol seductor luego de la bomba nuclear; su prestigio llegó a la cumbre en 1957, cuando el Sputnik fuera lanzado al espacio, y permaneció en este lugar de la estima pública durante varios años más. Sin embargo, la imagen pública de la ciencia sufrió una alteración dramática desde fines de la década del '60. Para muchos aparece como el villano culpable de la carrera armamentista, la degradación del medio ambiente y el desempleo. Una consecuencia preocupante de este cambio de actitud, es la aguda declinación, en los últimos años, de la inscripción en carreras científicas por parte de norteamericanos, ingleses y rusos.

Tanto los científicos como algunos otros saben, por supuesto, que la masa anticientífica ,se equivoca, que los individuos que procuran comprender el mundo no deben ser culpados por los pecados de quienes intentan dominarlo, y aun destruirlo. Pero aquí no estamos interesados en la ciencia, sino en el modo como ésta es percibida por el lego, y particularmente por la juventud. Debemos tratar de descubrir qué fue lo que modificó la anterior percepción favorable que tenía el público con respecto a la ciencia. Sólo así podremos encontrar respuestas efectivas para corregir las percepciones erróneas, antes del derrumbe de la empresa científica provocado por la falta de interés y desconfianza en la misma.



Analfabetismo científico en la era de la ciencia

Lo primero que debemos comprender para evaluar correctamente el estado actual de la cultura científica, es el hecho de que el respeto tradicional por la ciencia no era el resultado de una familiaridad con los hallazgos científicos, ni mucho menos con el enfoque científico. La ciencia solía ser respetada de lejos, del mismo modo como hoy se la denigra: a la distancia.

El cambio no ha sido tan notable en cuanto al conocimiento sino a la evaluación. El conocimiento público de la ciencia siempre ha sido descorazonador. El reciente cambio en su valoración simplemente ha empeorado una mala situación.

Cuán calamitosa es la situación en los EE.UU. y en el Reino Unido, fue revelado por una encuesta reciente que mostró que dos tercios de los adultos británicos creen que el sol gira alrededor de la tierra, que el 50 % de los norteamericanos adultos rechaza la teoría de la evolución, y el 80 % cree que la astrología es una ciencia (ver Culliton, 1989).

Otra encuesta, conducida por la Asociación Internacional para la Evaluación del Desarrollo Educacional, entre estudiantes de 14 años de 17 países diferentes, encontró que los EE. UU. ocupan el 15º lugar en logros científicos. Peor aún, desde 1970 los EE. UU. descendieron del 7º lugar a13º contando desde abajo (Hirsch, 1989).

No conozco la existencia de ninguna encuesta realizada en Canadá sobre conocimientos científicos. Sin embargo, el Servicio Americano de Evaluación Educacional, ha conducido un estudio sobre los alcances científicos y matemáticos de estudiantes de 13 años de edad en 4 provincias de Canadá, y 5 países : E E. UU.,Reino Unido, España, Irlanda y Corea del Sur (ver Byrne, 1989). Los coreanos fueron primeros en ambas categorías y los americanos últimos. La Columbia Británica compartió con Corea el nivel más alto en logros científicos.

En matemáticas, los estudiantes provenientes de la Columbia Británica, los angloparlantes de Nueva Brunswick, y los anglo y franco parlantes de Quebec se ubicaron en los segundos 4 niveles de excelencia. Pero no alardeemos de ello pues nuestros estudiantes se hallaban por debajo del nivel de los japoneses, húngaros, holandeses y rusos. Salimos favorecidos de una comparación con los EE. UU., tan sólo porque bajo la presidencia de Reagan éstos se deslizaron a la altura de Tailandia en matemáticas y educación científica.

Las cosas fueron muy diferentes al comienzo de los '60, cuando, luego del Sputnik, el gobierno de los EE. UU. hizo un esfuerzo intenso y exitoso para elevar la calidad de la enseñanza en ciencias y matemáticas. Las cosas tendrán un cariz más negativo para Canadá si nuestros gobiernos provinciales y federales continúan brindando mayor atención a los temas lingüísticos y constitucionales que a los educativos. Pocos notarán el deterioro si no tenemos relevamientos nacionales periódicos del grado de conocimientos y de la actitud pública hacia la ciencia. ¿Es ilusorio esperar que la Royal Society de Canadá conduzca o encargue una encuesta de este tipo , que sirva de herramienta para los planificadores de la política científica y de la educación?


Confundiendo ciencia con tecnología y tecnología con poder

Es probable que el lego crea que la planta nuclear, la computadora, y el aparato de respiración artificial, son logros científicos. Hay quien cree que Einstein inventó la bomba atómica y la maquina para viajar en el tiempo, y muchos otros llegaron a pensar que, en general, la ciencia es maligna y los científicos son locos que se proponen dominar el mundo. En suma, hay un doble malentendido, al equiparar erróneamente a la ciencia con la tecnología y a ésta con la industria y el gobierno.

¿Quién es el culpable de estos malentendidos?. Yo opino que ciertos filósofos son los creadores originales. Por ejemplo, Francis Bacon, el fundador del empirismo moderno, quiso reemplazar la escolástica "filosofía de palabras" con lo que llamó "filosofía de obras".

Dos siglos más tarde, Auguste Comte, el padre del positivismo moderno, acuñó el famoso dicho "Savoir pour prévoir, prévoir pour pouvoir" ("Saber para prevenir, prevenir para poder”). Esta filosofía pragmática alcanzó su punto máximo con William James, quien sostenía que todo lo que tiene valor económico es verdadero. Ninguno de los tres filósofos distinguía entre ciencia y tecnología, ni entendía que la tecnología puede ser usada tanto para bien como para mal.

Los científicos saben, por supuesto, que ciencia y tecnología no son la misma cosa: que sólo los tecnólogos diseñan aparatos o procesos que pueden tener una utilidad práctica. Los científicos saben que el objetivo de la investigación científica es la comprensión del mundo, no su dominio. Sin embargo, cuando escriben propuestas de pedido de becas para la investigación, pocos resisten la tentación de mencionar una utilidad práctica sustancial. La mayor parte de las veces tales pretensiones son directamente falsas, dichas para persuadir a los burócratas, quienes imaginan que la ciencia otorga poder industrial o político en forma directa. -En cualquier caso, contribuyen a la confusión entre tecnología y ciencia.

Si se le reprocha la mentira, es probable que un científico argumente que todos los medios son legítimos para promover el avance del conocimiento. (Muchos físicos que descreen de la posibilidad ola moralidad del proyecto de la “guerra de las galaxias" usan la misma excusa: que "el dinero no tiene olor"). Yo opino que esta estrategia maquiavélica es inmoral y prácticamente perjudicial. Moralmente por" que uno nunca debería hacer nada bajo falsos pretextos. En la práctica, porque los burócratas y políticos eventualmente descubrirán que las afirmaciones de su utilidad fueron exageradas y porque, además, es el deber de los científicos el educar a los servidores públicos, a los políticos y a los que pagan impuestos deben enseñar que la ciencia es un bien en sí mismo y que exigirle utilidad práctica inmediata significa cortarle las alas a la imaginación científica.


El dogmatismo religioso

El dogmatismo es, por supuesto, lo opuesto a la actitud científica, la cual es esencialmente creativa y crítica. El dogmatismo religioso es el mayor obstáculo a la adopción de una actitud científica no sólo porque repudia a la investigación, sino también porque afirma la existencia de lo sobrenatural que, por vía de hipótesis, está más allá del alcance de la ciencia.

La ciencia es naturalista en el sentido de que sólo estudia las cosas concretas y busca leyes, no milagros. Más aún, la ciencia lo hace sin recurrir a revelaciones y sin apoyarse en la autoridad indiscutible. No es extraño, pues, que el adoctrinamiento religioso en la temprana edad sea el obstáculo más efectivo para el desarrollo de una mentalidad científica.

Por cierto, una actitud científica puede coexistir con una sincera fe religiosa –hasta cierto punto. Un conflicto entre ambas es inevitable al examinar cuestiones tales como la evolución del universo, el origen de la vida, la progenie humana, la naturaleza de la mente, el origen de las religiones, y la existencia de un más allá, que son precisamente los interrogantes que más interesan al común de los mortales. Las respuestas a estas preguntas determinan si uno desarrolla una cosmovisión científica o no. Como prueba, la evolución es un buen caso.

Entre los años 1880 y 1960 aproximadamente, parecía que la mayoría de las iglesias cristianas habían hecho las paces con la biología evolutiva. Lamentablemente, esto sólo fue un interludio en la lucha inmemorial entre religión y ciencia. Admitamos que hoy la evolución es negada en bloque sólo por los fundamentalistas y, en los E.E.U.U. por aproximadamente la mitad de la población adulta. Pero, por más liberal que sea, un religioso no puede admitir que la evolución ha sido un proceso enteramente natural; si es coherente debe afirmar que el proceso evolutivo ha sido guiado desde lo alto y que tiene un propósito definido. Al hacer esta afirmación distorsiona totalmente la biología evolutiva. De igual modo puede conceder la utilidad de la neurociencia para la psicología, en tan lo pueda considerar al cerebro como un instrumento del alma inmaterial, inmortal y misteriosa, lo cual se contradice con la psicología fisiológica y la biología evolutiva.

Para generalizar: la preocupación por resguardar a la religión conduce inevitablemente a la mutilación de la investigación científica y a la distorsión de la enseñanza de la ciencia.

Una consecuencia de la aceptación a medias de la ciencia entre quienes se aferran a las creencias tradicionales es que ninguna organización religiosa tiene dificultad alguna en hallar laureados Nobel para que la patrocinen. Otra consecuencia es que la ciencia es a menudo enseñada codo a codo con la religión, como si fueran conceptualmente compatibles. Alcock (1981, p. 30) halló que más de la mitad de los alumnos de ciencia en Mc Gill University creen en Dios y en la inmortalidad del alma; apenas un 15% de ellos rechazaba estas creencias.

Evidentemente, la mayoría de nuestros estudiantes mantiene un enfoque no científico aun cuando logren dominar técnicas e ideas científicas. No extraña que rara vez se animen a enfrentar asuntos controvertidos tales como evolución vs. Creación, el problema mente cuerpo, y las raíces de la creencia en lo sobrenatural. Como lo hubiera dicho Wilhelm Von Humboldt, reciben Unterricht (instrucción) y no Bildung (formación).


La creencia en lo paranormal

A pesar del espectacular éxito de la ciencia y el extendido uso de artefactos, y a pesar de la urbanización y la educación obligatoria, la creencia en lo paranormal es desenfrenada.

Hay toda una industria de lo paranormal y muchos periódicos, canales de televisión y editoras son parte de ella. Por ejemplo, miles de diarios en el mundo entero publican periódicamente horóscopos y difunden profecías de astrólogos y visiones de médiums -pero no se toman el trabajo de informarnos si tales alegatos se han visto refrendados luego por los hechos.

Yo mismo he tenido tres relevantes encuentros con la empresa de comunicaciones CRC. Una vez me solicitaron que sugiriese nombres de personas quienes estarían interesadas en participar en un programa de parapsicología.

Cuando sugerí un profesor de psicología v un mago profesional, el periodista se puso 'suspicaz y preguntó si tales personas eran escépticos. A1 escuchar mi respuesta afirmativa exclamó: "Ah, pero vea, el público quiere creer, no desea escuchar críticas". La segunda vez me solicitaron para aparecer durante media hora en un programa de la CBC francesa, pero mi entrevistador se tornó ostensiblemente nervioso a medida que avanzaba en mis críticas, por lo que a los 15 minutos me interrumpió diciendo: "Ya basta, ya basta, gracias profesor". Más recientemente otro equipo de la CBC, el "Citybeat", me entrevistó durante una hora en mi casa inquiriendo mis puntos de vista sobre el pretendido hallazgo de una casa embrujada en Montreal, y so6re la creencia en lo paranormal en general.

Lo que finalmente emitieron fue una larga entrevista con los dueños de la casa embrujada y con el exorcista que habían llamado (el actor principal, el fantasma, no se dignó a aparecer en el show). Lo único que apareció de la entrevista que me realizaron fue un comentario final: "Por supuesto, alguna gente cree que la creencia en fantasmas es parte de la cultura barata de descarte" [junk culture].

Por suerte no todos los medios son irresponsables cuando se trata de informar sobre ciencia y pseudociencia. Hay algunos espléndidos programas de ciencia por televisión, tales como Nova y The Nature of Thíngs ["La naturaleza de las cosas"], así como una cantidad de series ocasionales de la BBC. Sin embargo, la audiencia que las sintoniza es pequeña comparada con la de las comedias 'kitsch". Por otra parte, algunos diarios y semanarios de influencia no se asocian con lo oculto y ellos, particularmente los periódicos financieros, proveen información fidedigna cuando informan sobre ciencia.

Por ejemplo The Wall Street Journal y The Economist han sido sumamente cautos con el alegado descubrimiento de la fusión en frío, en marzo pasado. Pero estos medios son leídos por una minoría y pocos de sus lectores son jóvenes que pueden ser atraídos por la ciencia. El periodismo masivo se desentiende de la ciencia por completo, o presenta una visión distorsionada dando preeminencia a charlatanes. Incluso la revista Discover publicó avisos de página entera de la Iglesia de la Cientologia. En suma, la popularidad de las creencias en lo paranormal, junto al incremento del fundamentalismo religioso, señalan el renacer del pensamiento mágico, una marcha atrás del die Entzauberung der Welt, el cual Max Weber consideraba como la característica de la cultura moderna.


La contracultura

Anteriormente la mayor parte de los intelectuales respetaban la ciencia, aun sin tener una comprensión cabal de la misma. Más recientemente, el grueso de la inteligentsia estaba dispuesta a conceder que la ciencia es el motor de la moderna cultura intelectual. En la actualidad un gran número de autodenominados intelectuales se han enrolado en la contracultura, movimiento rebautizado como "New Age" [Nueva Era]. La mayoría de los seguidores de esta nueva moda rechazan la ciencia; otros proclaman que el misticismo oriental es la clave de la ciencia moderna y no pocos rechazan de plano todo argumento racional.Sus palabras gancho son "insight", "holismo","espíritu', "sinergia", "natural", y "ecológico"; unos pocos se aventuran a usar en sentido equivocado los términos "información", "catástrofe" y recientemente, "caos".

Toda esta gente afirma que la cultura "oficial" es superficial y está muerta, que no hay desórdenes mentales sino sociedades enfermas, que la ciencia es responsable de los armamentos modernos y de la degradación ambiental. Respaldan a quiromantes, homeópatas, acupunturistas, psicoanalistas, y hasta curadores "por la fe y brujos. Compran cinturones magnéticos, péndulos, cristales, y toda clase de adminículos que suponen sirven para diagnosticar y aun curar enfermedades de todo tipo, desde el resfrío común y dolores de espalda hasta el cáncer y el SIDA. Forman, así, la clientela de la "medicina alternativa" (médécine douce ) y de la logoterapia.

Las críticas a la ciencia por ser racional, analítica y reduccionista no provienen sólo de los pseudointelectuales, ni son los únicos que profieren especulaciones falsas o incontrastables.

Por ejemplo, el eminente topólogo René Thom, afirma haber construído una teoría biológica totalizadora que nos permitiría cerrar sin más todos los laboratorios de biología. El exitoso inventor James E. Lovelock propuso la doctrina Gaia, según la cual nuestro planeta es un sistema vivo autorregulado capaz de cuidarse de cualquier cantidad de polución. Sir John Eccles, quien ganó un premio Nobel por sus trabajos en neurociencia, dice que la mente es una entidad inmaterial que actúa sobre las neuronas vía telequinesis. Eugene Wigner, otro laureado con el premio Nobel, enseña que todos los procesos nucleares, atómicos y moleculares son gobernados por la mente del experimentador. El científico politico Samuel Huntington, de Harvard, escribe ecuaciones pseudomatemáticas utilizando símbolos que representan variables tales como "movilización social" y "frustración social", a las cuales no se toma el trabajo de definir. De modo similar, el profesor Robert Axelrod, conocido autor de una teoría de la evolución de las normas, asigna valores numéricos a variables matemáticas indefinidas tales como "nivel de tentación" y "valentía" con las que alimenta la computadora.

Más aún, la comunidad académica misma no es sólo consumidora sino productora de pseudociencia. Y no se trata de que sea indiferenciable de la ciencia como algunos filósofos afirman. Lo que sucede es que los especialistas sí suelen equivocarse cuando salen de su campo de experiencia; particularmente si tienen una motivación ideológica. Si tales desviaciones de la actitud científica fueran examinadas con ojo crítico dentro del campo académico antes de salir al encuentro de divulgadores y filósofos, serían relativamente inocuas. Como están las cosas, contribuyen a una visión anticientífica del mundo, tal como la propugnada por la "New Age".


Filosofía irracionalista

El componente filosófico de la contracultura es el irracionalismo, esto es, la familia de doctrinas según las cuales la razón es traicionera y peligrosa, mientras que el instinto, el sentimiento visceral, la fe y la intuición son confiables. La más extrema versión del irracionalismo contemporáneo es el existencialismo.

Heidegger y sus imitadores son irracionalistas totales; son ininteligibles, al punto tal que los escritos de Heidegger esperan aún su traducción del alemán. Siendo una filosofía hermética, o más bien una pseudofilosofía, el existencialismo nunca hubiera llegado a ser popular. En razón de su esoterismo, todo lo que el público sabe sobre el existencialismo proviene de las reflexiones de Woody Allen sobre el ser y la muerte. Sin embargo, una cosa está clara: los existencialistas odian la ciencia y la lógica, y ésta es una de las razones por las cuales se explica el apoyo que diera Heidegger al nazismo.

El ataque que hace el existencialismo a la razón y a la ciencia es confuso y torpe y suena como si hubiera sido escrito en el siglo XII. Hay otra táctica más sutil y efectiva: el ataque subjetivista y antirrealista montado contra la ciencia por el historiador de la ciencia Thomas S. Kuhn y por el filósofo de la ciencia Paul K. Feyerabend, en los años '60 y '70. Estos escritores populares sostienen que no hay verdad objetiva, que el científico crea él mismo los hechos, que las teorías científicas son aceptadas o rechazadas como si fueran modas, que los sucesivos puntos de vista científicos son mutuamente "inconmensurables", esto es, no comparables uno con otro, que no hay criterios definidos de aceptación de teorías, que cada revolución científica destruye todas las adquisiciones anteriores, que -aun en el caso de Feyerabend- no hay diferencias entre la ciencia por un lado y la pseudociencia y la ideología por otro; por ejemplo, entre la biología evolutiva y la "ciencia creacionista", entre psicología y parapsicología, entre medicina y curaciones por la fe, y aun entre ciencia y magia.

Publicaciones serias sobre filosofía de la ciencia han sido desplazadas por libros como Against Method [Contra el método], The Social Construction of Reality [La construcción social de la realidad], Ways of World Making [Las maneras de hacer el mundo ], Farewell to Reason [Adiós a la razón], y La science comme mythe [La ciencia como mito].

Estos enfoques irracionalistas y subjetivistas de la ciencia se han vuelto populares especialmente entre gente que halla los standards científicos demasiado altos, así como entre gente joven bien intencionada que culpa a la ciencia por los problemas globales que amenazan la supervivencia de la humanidad. Es sin embargo fácil demoler tales heterodoxias de moda; por ejemplo, median te el análisis de cómo se comparan las teorías científicas entre sí v con los datos experimentales (ver Bunge, 1983). Pero esto no tiene importancia en esta encrucijada. Lo que cuenta en relación a la percepción popular de la ciencia es que el irracionalismo y el subjetivismo no sólo distorsionan la imagen de la ciencia sino que también contribuyen a su descrédito. Moraleja: si le importa la ciencia, no pase por alto su filosofía.


La escuela

No es novedad que la escuela elemental y media no enseñan suficiente ciencia y lo que enseñan tienden a hacerlo de manera dogmática.

Esto es, habitualmente presentan la ciencia como un cuerpo de creencias más que como el proceso de cuestionamiento, conjetura y prueba y de descubrimiento e invención que es en realidad. Más aún" cuando hay algún trabajo en el laboratorio, es por lo general "sin tocar" ["hands off'], y lo que tocan ["hands on"], lo hacen ciegamente, sin la preparación teorica necesaria. Los resultados son el aburrimiento, la extinción de la curiosidad natural, y la incapacidad de afrontar nuevos problemas cognitivos.

Parte del problema es, por supuesto, que la mayoría de los maestros de ciencia han estudiado muy poco sobre el tema y no se sienten cómodos enseñándolo (ver Atkin, 1983). Por ser graduados de facultades de la educación, han pasado años aprendiendo cómo enseñar, diseñar currículums y manejar escuelas, más que familiarizándose con la ciencia. ¿Cómo se puede esperar que transmitan un entusiasmo que ellos mismos no sienten? (ver Hirsch, 1989).

El libro de texto de ciencia típico no ayuda a modificar esta situación. Por el contrario, es parte del problema: voluminoso y aburrido, a menudo erróneo, rara vez con relevancia a los problemas que se encuentran en la vida real, o con contenido entretenido. En particular, la industria del libro de texto de los EE.UU., a diferencia de su par británica, se destaca en la producción de textos voluminosos (y por lo tanto caros) y aburridos. Pero reciben tanta promoción que son elegidos habitualmente con preferencia sobre sus mejores rivales, en especial los que cuentan con el respaldo –sobre todo en los años anteriores a la era de Reagan- del gobierno federal o las organizaciones profesionales. Por ejemplo, en los años '70, sólo el 5% de los distritos escolares inspeccionados usaron materiales para matemáticas aportados por entidades federales, y ningún texto de ciencias naturales con respaldo federal fue usado en más del 25% de los distritos inspeccionados (Jackson, 1983).

Como consecuencia de una pobre preparación profesional pocos maestros de ciencias en las escuelas elementales o secundarias de Norteamérica han adoptado la actitud científica. Para peor, la poca ciencia que han aprendido ha sido con frecuencia insufíciente para arrancarlos de las creencias tradicionales e inmunizarlos contra las supersticiones más en boga.

Por ejemplo, una investigación reciente sobre creencias de los profesores de biología en colegios secundarios de los EE.UU. revela que el 34% de ellos cree que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos y que fueron creados por Dios; el 20% cree que la Biblia es una fuente autorizada y confiable con respecto a temas científicos tales como la edad de la tierra y el origen de la vida; el 22% cree que el relato bíblico de la creación debe ser enseñado en la escuela pública como explicación de los orígenes y el 29% cree que Satán es una persona real trabajando actualmente en el mundo (Eve & Dunn, 1989). Sería interesante hacer un relevamiento similar en Canadá, particularmente en Quebec y en las Praderas canadienses.

La creencia en lo paranormal no está menos extendida entre los maestros de ciencia. Alcock (1981,p. 25)halló que tan sólo alrededor del 30% de los profesores de ciencia natural y social en la Universidad York eran escépticos sobre la percepción extrasensorial, y encontró que tan sólo el 8% de los estudiantes de ciencia en la Universidad de McGill (en los cursos de tercer año) eran escépticos. No sería sorprendente si encontrásemos resultados similares entre los maestros de escuela elemental.

Cuando mi hija cursaba el tercer grado en una buena escuela privada de Montreal, la mayoría de los libros de la biblioteca de la clase tenían como temas la percepción extrasensorial, el triángulo de las Bermudas y otros del mismo tenor. En 10 años ha recibido más enseñanza en la así llamada educación moral y religiosa, que en física o química. Y, por supuesto, el conocimiento de la historia de Quebec y su geografía se considera más importante que el conocimiento de la historia y geografía universales, para no hablar de las ciencias naturales.

En resumen, nuestras escuelas elementales y medias no ofrecen enseñanza científica adecuada. No es que carezcan de fondos, material, o personal apropiados; nunca han tratado de hacerlo presumiblemente porque las autoridades educacionales no han aprendido aún que la ciencia es el núcleo y el motor de la cultura contemporánea intelectual.


¿Qué hacer?

¿Qué se puede hacer para corregir la errónea percepción popular de la ciencia? Sólo una cosa puede hacerse, y es mejorar la enseñanza de la ciencia y de la historia y filosofía de la ciencia. Esto puede y debe hacerse en los 3 niveles de aprendizaje, y también en los medios de difusión y en la industria editorial. Necesitamos una reforma escolar radical que pueda llevar a nuestras escuelas al nivel de las mejores de Europa y del Lejano Oriente. Esto se puede obtener con un mejor entrenamiento de los maestros, mejores elementos de enseñanza --en particular laboratorios, equipos de experimentación científica y libros de texto- y el doble de horas semanales dedicadas a la ciencia y a las matemáticas en todas las escuelas primarias y secundarias.

No obtendremos mejores maestros de ciencia de las existentes facultades de educación y de los colegios de estudios superiores de enseñanza, puesto que éstos son por lo general bastiones del conservadurismo y enfatizan el método de enseñanza a expensas del contenido. Más aún, algunos tales como la Facultad de Educación de la Universidad de McGill, ni siquiera ofrecen un grado de Bachiller en Profesorado de Ciencias o de Matemáticas. En lugar de eso, ofrecen programas de religión (protestante, católica, judía); francés como segundo idioma, inglés como segundo idioma, educación física, economía doméstica, etc. No están actualizados.

Si queremos elevar la enseñanza de la ciencia v las matemáticas debemos pasar por alto las facultades de Educación y los Profesorados en los Colegios de Estudios Superiores y estimular a las escuelas para que tomen a gente competente como maestros que enseñen tales materias, por ejemplo graduados en matemáticas, ciencia o ingeniería. Estos individuos pueden inicialmente carecer de habilidad didáctica, pero la obtendrán con la práctica. Al menos sabrán de lo que están hablando, y cuando se les haga preguntas que no sepan contestar, tendrán el coraje de admitir ignorancia, y la voluntad y competencia para encontrar las respuestas. Los libros de texto sólo se pueden mejorar si son los científicos quienes los escriben. Hay algunos ejemplos imitables en este campo, como los textos de ciencia elemental británicos, mejicanos y cubanos.

El experimento mejicano es particularmente interesante. Cerca de dos décadas atrás, el Ministerio de Educación de Méjico comisionó a algunos de los mejores matemáticos, científicos naturales v científicos sociales del país a escribir libros de texto de nivel elemental. Estos resultaron excelentes: no sólo exactos sino también comprensibles y. atractivos. El gobierno los publicó y distribuyó libremente entre la población escolar. Lamentablemente este esfuerzo prontamente se frustró por la carencia de maestros calificados, la falta de medios adecuados y de aulas abarrotadas. Ninguna reforma puede tener éxito si sólo abarca un sector. Cada componente del sistema tiene que ser reformado. Podemos concebir e implementar tal reforma. ¿Porque no lo hacemos?

Para mejorar el nivel de cobertura del tema científico en diarios, revistas, televisión y radio habría que jerarquizar la profesión de periodismo científico. El reportero en ciencias debe estar mejor educado y recibir una mejor paga. No tenemos suficiente periodismo científico en Canadá. Es cierto que hay una excelente revista de ciencia popular, Québec Science, pero es provincial y Le devoir ha incorporado recientemente a un buen periodista en el área de ciencias, pero sólo le dan una página por semana. La Gazette de Montreal, también tiene su página semanal de ciencias, pero toma su contenido de las agencias de noticias del país vecino. Parece no existir una publicación nacional sobre temas de ciencia dirigida a maestros y estudiantes de escuelas elementales o medias. En contraste, el gobierno de Colombia publica CIMPEC, un excelente mensuario dirigido a ese público: ¿Podría el consejo en ciencias de Canadá hacer algo similar?

Otra cosa que puede y debe hacerse para mejorar la imagen pública de la ciencia es multiplica r el número de centros y museos de ciencia. Necesitamos un centro en cada ciudad de importancia en Canadá que atraiga miles de visitantes que puedan experimentar, ver espectáculos de ciencias y escuchar conferencias y cursos en temas científicos. Toronto y Ottawa tienen sus museos de ciencia popular y un grupo privado de Montreal está planeando construir un Carrefour de ciencias, técnicas e industrias. Pero necesitamos muchos más centros como ése, y todos deberían hacer muestras anuales para atraer a un gran número de visitantes.

Finalmente, a las ciencias de la ciencia, la historia, sociología, la filosofía de la ciencia, se les debería dar más importancia, ya que son las disciplinas que brindan la imagen formal de la ciencia. Hace 350 años, la Royal Society de Londres fue creada a base del modelo propuesto por el filósofo Francis Bacon. Hoy la ciencia es menospreciada apoyándose en caricaturas dibujadas por los filósofos de la contracultura.

Los hombres de negocios saben que el envoltorio, la comercialización v la publicidad de sus productos es tan importante como los productos mismos. ¿Cuándo aprenderán los científicos y los profesores de ciencias que esto también se aplica a sus productos? ¿Cuándo cesarán de sentir desprecio por las ciencias de la ciencia, mientras mantienen obsoletos puntos de vista filosóficos, históricos y sociológicos de la ciencia?


Conclusión

La ciencia y la tecnología se encaminan a una grave crisis en Norteamérica. Se estima que en los EE. UU. harán falta medio millón de científicos e ingenieros a comienzos del próximo siglo (Powledge,1989). Asumiendo que el caso canadiense sea similar, podemos esperar un déficit de alrededor de 50.000 científicos e ingenieros para el comienzo del siglo XXI.

Este déficit se debe a diversas causas: la declinación de la natalidad, el menor apoyo gubernamental a la educación, el aumento del gasto militar y su correlativo desperdicio de talentos, la diseminación de la contracultura y la crecientemente negativa imagen popular de la ciencia. Este último factor no debe ser subestimado, ya que la elección de una carrera es un asunto psicológico determinado en gran medida por el status adjudicado socialmente a cada carrera. ¿Por qué deberían los jóvenes dedicar sus vidas a la ciencia si se les dice que la ciencia es aburrida, no muy diferente de una ideología, responsable de todos los problemas corrientes del globo, y ni siquiera muy prestigiosa? ¿Por qué deberían volcarse a una carrera científica si sus líderes filisteos los exhortan a buscar fortuna y poder antes que conocimiento y servicio? ¿Y por qué deberían sufrir un largo y penoso entrenamiento si pueden hacer buen dinero rápidamente con un título utilitario?

No es milagro que alrededor del 60% de la plana mayor de los profesores y de los graduados en matemáticas, ciencias naturales e ingeniería de las universidades norteamericanas sean extranjeros. Hasta ahora la huída de cerebros del tercer mundo compensaba nuestro déficit en materia gris. De ahora en más no deberíamos contar con el aporte de cerebros extranjeros porque la mayor parte de los países del tercer mundo ha comenzado a declinar rápida, profunda y tal vez irremisiblemente en la mayoría de los casos. Si no entrenamos a nuestros propios matemáticos, científicos naturales e ingenieros nadie lo hará por nosotros.

Afortunadamente, tenemos los medios para evitar la amenaza de decadencia científica y tecnológica. Nos podemos preparar para la paz y así liberar enormes recursos humanos y materiales para aplicarlos a lo social. Podemos mejorar el respaldo a la ciencia básica.

Podemos mejorar la enseñanza de la ciencia reclutando maestros de los programas de ciencia más que de las facultades de educación. Podemos mejorar la calidad de los libros de texto y la cobertura periodística, interesando a los científicos en la educación científica y en la popularización de la ciencia. Y también sería de interés para la industria, que está sufriendo una severa escasez de personal técnico (ver Pearson, 1989).

Resumiendo, la imagen pública de la ciencia se ha herrumbrado en las dos décadas pasadas. Sin embargo, los países industrializados tienen los medios para corregir esta distorsión y evitar el amenazante descenso de la ciencia y la tecnología a través de la acción individual y colectiva. ¿Lo harán a tiempo para evitar la caída irreversible de la civilización industrial? En particular, los gobiernos federales y provinciales de Canadá ¿se darán cuenta a tiempo que Canadá no entrará en el próximo siglo como una nación civilizada si continúa siendo el país industrializado con la menor inversión en investigación y desarrollo y cuyas autoridades educativas muestran pocos signos de preocupación sobre el penoso estado de la ciencia y la tecnología?


Referencias:

Alcock, J. (1981) Parapsyehology: Science or Magic? Oxford and New York: Pergamon Press.

Atkin, J. M. (1983) The improvement of science teaching. Daedalos 112 (2): 167-87. •

Berger, S., M. L. Dertoukos, R. K. Lester, R. M. Solowand L. C. Thurow (1989) Toward a new industrial America. Scientific American 260 (6): 39-47.

Bunge, M. (1983) Treatise on Rasie Philosophy, Vol. 6: Understanding the World. Dordrecht and Boston: Reidel.

Byrne, G. (1989) Overhaul urged for math teaching. Science 24.,: 729.

Chatillon, G. (1987) Les Professeurs de I'UQTR et la croyance au paranormaI. Sceptiques du Québec Nll 3: 5-8.

Culliton, B. J. (1989) The dismal state of scientific literacy. Science 243: 600.

Eve, R. A. & D. Dunn (1989) High school biology teachers and pseudoscientifIc belief: passingon it? Skeptical Inquirer 13: 260- 63.

Hirsch, E. D., Jr (1989) The primal scene of education. New York Review of Rooks, March 2, pp. 29-35.

Jackson, P."W. (1983) The reform of science education: a cautionary tale. Daedalus 112 (2): 143-66.

Pearson, R. (1989) Turning the switch on skill. Nature 337:488.

Powledge, T. M. (1989) What shall we do about science education?

The AAAS Observer, supplement to Seience 5, May 1989.

El presente artículo fue reproducido del "TRSC" con expresa autorización del autor.