15.3.23

Henry Slade y los científicos de la Universidad de Leipzig

 

                                                                   Henry Slade (1835-1905)


NOS ENCEGUECIO CON SESIONES DE ESPIRITISMO 

por Matthew Tompkins

New Scientist, 17 de junio de 2017

 

El estafador"clarividente"Henry Slade hechizó a la comunidad científica europea y llevó a algunos científicos de alto perfil a un paseo que destruiría su reputación

 Fue algo asombroso.

En 1877 empezó a correr la voz de que un equipo de científicos de renombre internacional había presenciado pruebas empíricas de la existencia de una cuarta dimensión espacial habitada por las almas de los muertos.

Entre las eminencias de la Universidad de Leipzig (Alemania) se encontraban Wilhelm Weber, inventor del telégrafo electromagnético, el pionero de la psicofísica Gustav Fechner, Johann Zöllner, profesor de astrofísica en la universidad, y Wilhelm Wundt, más tarde llamado el "padre de la psicología experimental".

¿Cómo llegaron a creer lo que hoy podríamos llamar "hechos alternativos", que eran ya  entonces controvertidos? Les había convencido un embaucador estadounidense, un autodenominado médium espiritual conocido como el "Dr." Henry Slade. Su capacidad para persuadir y confundir demostró el estado de división de la ciencia en el siglo XIX. Incluso Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, pioneros de la teoría evolutiva, se vieron arrastrados al terreno de Slade, aunque en direcciones opuestas.

La prueba aparente de las habilidades del “médium espiritual”, y por tanto de lo sobrenatural, consistió en una serie de 30 sesiones de espiritismo. Se celebraron en Leipzig entre el invierno de 1877 y la primavera de 1878, con la asistencia de los mejores y más brillantes profesores de la universidad. Zöllner se apresuró a registrarlas en su libro “Física trascendental”, y aunque las describió como "experimentos", en realidad eran sesiones caóticas. Slade afirmaba no tener control directo sobre sus poderes, así que aunque por lo común no proporcionaba a los científicos los resultados que éstos esperaban, a menudo ocurría algo increíble.

El sujeto impresionó por primera vez a los científicos de Leipzig desviando la aguja de una brújula con un simple movimiento de la mano. Más tarde, mientras los presentes se sentaban en círculo tomados de las manos, aparecían y desaparecían objetos en la sala. En unas cuerdas surgieron  nudos imposibles de realizar . Las luces parpadeaban. Otras veces se oían golpes y música. Libros y muebles fueron sacudidos por fuerzas misteriosas.

En una de las sesiones, el biombo de una cama situada detrás de Slade se partió por la mitad, una hazaña que los físicos pensaron que habría requerido la fuerza de dos caballos. A continuación, en una pizarra que los científicos habían previamente limpiado ellos mismos aparecieron misteriosamente las palabras "No pretendíamos hacer daño" .

En retrospectiva, puede ser fácil descartar los experimentos de Zöllner como producto de la credulidad y el engaño, pero hoy los investigadores siguen descubriendo formas en que los trucos de magia y las ilusiones pueden confundir la percepción y el razonamiento humanos. Y El estadounidense era un hombre convincente. Un periodista lo describió como un hombre con "una sonrisa ganadora; era un showman y un mago, como una especie de Derren Brown del siglo XVIII, pero con un bigote poblado y sin escrúpulos". Slade había aprovechado una oportunidad de oro con el auge del espiritismo a finales del siglo XIX, que combinaba un movimiento cristiano alternativo con conceptos científicos y pseudocientíficos emergentes. Algunos de sus defensores más destacados, como Arthur Conan Doyle, señalaban los avances científicos en fuerzas invisibles como la electricidad y el magnetismo para argumentar que los médiums podían aportar pruebas empíricas de la supervivencia del alma después de la muerte. Cabe imaginar que el icónico personaje de Conan Doyle, Sherlock Holmes, no estaría de acuerdo con esa explicación.

El ascenso a la fama de Slade comenzó antes de su viaje a Leipzig, cuando decidió embarcarse en una gira mundial de demostraciones psíquicas, acompañado, según afirmaba, por el espíritu de su difunta esposa, Alcinda. Durante sus actuaciones, recibía comunicaciones de "Allie" y de otras almas en forma de mensajes escritos que aparecían misteriosamente en pizarras.

En su primera parada, en Londres, se libró por los pelos de ser encarcelado por fraude. El juicio en el otoño de 1876 atrajo a grandes multitudes y la atención de los medios internacionales. Y como el espiritismo empezó a utilizar el lenguaje de las revoluciones científicas, su auge provocó cismas no sólo en la población general, sino también en la comunidad científica. El propio Darwin pagó los gastos legales necesarios para acusar al sujeto, mientras que Wallace, que se había dejado embaucar por las actuaciones del clarividente, habló en su defensa (una decisión que no contribuyó mucho a su reputación).

 Slade y Zöllner

 

Ningún milagro

El mago John Nevil Maskelyne fue llamado al estrado para demostrar que los milagros de Slade podían reproducirse mediante trucos de magia.

Slade se negó a demostrar sus poderes en la sala del tribunal; al parecer, Alcinda consideraba el procedimiento "indigno".

El abogado del acusado, el Sr. Munton, consiguió que se desestimara el testimonio de Maskelyne, argumentando que el hecho de que el mago pudiera producir efectos milagrosos no significaba que el propio Slade utilizara trucos.

En su argumentación final, el letrado le pidió al juez que considerara a Slade a la luz de otros revolucionarios científicos: si el tribunal condenaba a Slade por afirmar que hablaba con los muertos, eso se asemejaba a los funcionarios eclesiásticos que habían encarcelado a Galileo por afirmar que la tierra giraba alrededor del sol. "Lo que hoy se ridiculiza", advirtió, "mañana puede verse de forma muy distinta".

El juez no se lo creyó y condenó a Slade a trabajos forzados y a tres meses de prisión por utilizar "trucos sutiles o artificios, mediante la quiromancia o de otro modo, para engañar e imponerse a cualquiera de los súbditos de Su Majestad". Pero, afortunadamente para Slade, la condena fue anulada por un tecnicismo y huyó a la Europa continental antes de que pudiera ser juzgado de nuevo. Allí conoció al espiritista en ciernes Zöllner y a sus colegas.

Zöllner llegó a creer que los milagros de Slade eran la prueba empírica de una cuarta dimensión espacial inobservable.

En "Física trascendental" teorizó que las almas de los muertos residían en esta dimensión, donde no estaban sujetas a nuestras leyes habituales del espacio tridimensional. Así explicaba muchos de los "milagros" de Slade: por ejemplo, los objetos que desaparecían no lo hacían realmente, sino que simplemente iban hacia la cuarta dimensión. Era una explicación física elegante, pero basada enteramente en la creencia de Zöllner de que Slade era un caballero honesto.

De todos los científicos que lo vieron en acción durante su estancia en Leipzig, sólo uno le acusó públicamente de deshonestidad: Wilhelm Wundt, uno de los miembros más recientes de la facultad. Tras la publicación de los resultados preliminares de Zöllner, Wundt escribió un artículo que apareció en Popular Science Monthly titulado "El espiritismo como cuestión científica", en el que criticaba la interpretación espiritista de las sesiones y sugería que era mejor atribuirlas a "malabarismos" o a juegos de manos.

Mientras que Zöllner había argumentado que los científicos eran los más indicados para juzgar al estadounidense porque eran observadores físicos entrenados, Wundt sugirió que podrían no ser los más indicados para detectar el engaño. Cuando Slade desvió la aguja de la brújula con la mano, los científicos empezaron inmediatamente a considerar las implicaciones en términos de "corrientes moleculares". Los no científicos, escribió Wundt, "difícilmente habrían descuidado examinar las mangas del abrigo del médium" en busca de imanes. Zöllner respondió con una dura carta a Wundt, sugiriendo que fuera encarcelado por difamación e hipotetizando que las fuerzas magnéticas que rodeaban a Slade podrían haberle revuelto el cerebro.

Finalmente Wundt no fue encarcelado y el trabajo de Zöllner con Slade nunca fue aceptado por la comunidad científica. Más tarde, éste científico se desplomó sobre su desayuno y murió de un derrame cerebral a la edad de 47 años. Hoy en día, si por algo se le recuerda es por sus contribuciones a las ilusiones ópticas y no, como él esperaba, por resolver el misterio de la vida eterna.

 Tras la muerte de Zöllner, Wundt se hizo cargo del presupuesto de su universidad para crear el primer laboratorio de psicología experimental reconocido oficialmente en el mundo.

¿Y qué hay del legado de Slade? En 1885, un comité de magos y científicos de la Universidad de Pensilvania entrevistó a los testigos supervivientes e incluso evaluó al propio Slade. Llegaron a la conclusión de que sus demostraciones estaban "tan cerca del fraude que no se distinguían de él".

Slade siguió viajando y practicando, e incluso regresó brevemente a Inglaterra bajo seudónimo, pero nunca volvería a alcanzar la aclamación o notoriedad de que había disfrutado en Londres y Leipzig. Más tarde, su afinidad con las bebidas alcohólicas se apoderó de él y cayó en el alcoholismo. Murió en un sanatorio de Michigan en 1905. Cuatro días después, el New York Times publicó un artículo en el que afirmaba que Slade aún no había vuelto de entre los muertos.

 

 

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22.1.23

El baile de los esqueletos

 

 

 "El baile de los esqueletos"(1929) fue un cortometraje producido y dirigido por Walt Disney y animado por Ub Iwerks que tardó seis semanas en realizarse. 

En 1994 fue clasificada como una de las 20 mejores películas de animación de todos los tiempos (18ª). 

Para poder verlo, hacé click arriba

19.1.23

Historia de un hombre contada por su esqueleto

                                                                           Edición de 1900

 Después de leer el interesante relato de Alexandre Dumas titulado  "Historia de un muerto contada por él mismo"(1844), me decepcionó un poco la resolución que el autor dio a la curiosa situación que plantea.

Es un gran escritor, la historia está bien contada, la anécdota es muy original, así que ¿por qué evitar el elemento fantástico para dar a la historia un final banal y trillado?

Entonces recordé un libro que había leído de adolescente, con un título que me fascinaba tanto como el de Dumas, pero con una diferencia: "Historia de un hombre contada por su esqueleto".

 

"Pero yo no dormía, no: estaba despierto

Perfectamente despierto.

Y os lo digo, porque es muy vulgar la frase conque concluyen generalmente los cuentos fantásticos,... "


En lugar de un cuento, se trata de una novela , escrita en 1858, por el español Manuel Fernández y González, que merece la pena leerla si no sos muy exigente y te interesan las rarezas. No se trata de un clásico de la literatura ni muchísimo menos y se debe tener en cuenta el  castellano de mediados del siglo XIX, pero a veces sorprende por sus comentarios sociales sarcásticos:

" ¿Sabes que Europa, la grande Europa, dijo Arria interrumpiendo al esqueleto, comete un crimen en no llevar la civilización a esas regiones?
 
- Europa tiene bastante con sus asuntos propios, y no hará poco si logra civilizarse en vez de ir a civilizar a los demás.
¿Quieres que te busque en París, en la moderna Atenas, en el corazón de la civilización moderna , algunos cientos y aún miles de salvajes, comparados con los cuales son unos señores los apaches?
¿No has estado un lunes en los toros? ¿Has estado alguna vez preso e incomunicado? ¿Has sido pobre y te has visto obligado a vivir de tu trabajo? ...
 
...¡ Civilizar las inmensas regiones del Nuevo Mundo!...
 
... Lo que allí ha podido entrar de la civilización moderna es el fusil y la pólvora"
 
Es de dominio público: podés acceder acá.



15.7.22

Aventura paranormal de dos inglesas en Versalles

 

 

 Charlotte Moberly y Eleanor Jourdain

 

En 1911, Charlotte Moberly y Eleanor Jourdain (directora y vicedirectora, respectivamente del  Oxford Ladies' College) publicaron un libro titulado "An Adventure" (traducido al francés como "Les fantômes de Trianon" y al español como "Una aventura en el tiempo").

En ese texto afirmaban que diez años antes, el 10 de agosto de 1901 -la fecha es importante-, estuvieron  paseando por los jardines de Versalles como turistas, pero se habían perdido y se encontraron con las apariciones de María Antonieta y miembros de su corte.

El libro fue recibido con escepticismo por los estudiosos, pero fue un éxito de ventas: llegó a tener cinco ediciones en la década de 1950 y generó muchos elogios populares, tanto a favor como en contra.

¿Por qué es importante estudiar este caso, de hace más de un siglo? Porque en la actualidad algunos creen que se produjeron allí hechos extraordinarios...

El sitio web Europaranormal  cuenta que  

al cumplirse el centenario de aquella jornada, miembros del Ghost Club (sociedad dedicada a explorar y debatir fenómenos paranormales) recorrieron las instalaciones y se encontraron con descendientes de Moberly y Jourdain que querían homenajearlas allí mismo.

Además, la página web del Palacio de Versalles afirma que la historia contada en el libro es verídica:

  “Años después se ha hecho un descubrimiento que confirma su historia. Se ha encontrado un plano del Trianón que demuestra que en 1774 había efectivamente un quiosco chino. La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿cómo consiguieron Moberly y Jourdain esta información, tan inesperada para su época, ... y si las personas con las que se encontraron allí eran en realidad fantasmas de la época de Luis XV?

 

 El relato 

 

 

Plano del Petit Trianon (en pequeñas rayas se ve el recorrido que hicieron las dos mujeres)
 

En el libro "An Adventure" las autoras – que utilizaron seudónimos en su primera edición- cuentan la historia de su visita a Versalles como turistas. Tras pasar por el Palacio principal, decidieron ir al Petit Trianon (palacete rodeado de jardines y varias construcciones) pero se perdieron en los jardines y bosques. 

En aquella época, Versalles era mucho menos visitado que ahora y no todo el recinto estaba habilitado para los turistas. Los terrenos son inmensos: 3,5 km de punta a punta (Dunning, 2012). 

“…llegamos a un  camino verde, ancho y perfectamente desierto. Si lo hubiéramos seguido, habríamos llegado enseguida al Petit Trianon, pero como no sabíamos dónde estaba el edificio, lo cruzamos y subimos por un sendero que había ante nosotras".(Morison & Lamont, 1913)

Algunas observaciones que se extraen del texto publicado:

  • Se suponía  que las dos turistas debían ir del Palais hasta el Petit Trianon por un camino concreto A, pero  se perdieron y tomaron otro camino B que no conducía  directamente a su destino.
  • A lo largo de este camino B se encontraron con personas extrañamente vestidas que les hicieron sentir incómodas y deprimidas.
  • Moberly (no su acompañante) se fijó en una mujer que sacudía una tela a través de la ventana de una casa (Mujer 1)
  • Al girar por un sendero, ambas vieron a “dos hombres con sombreros de tres picos, vestidos con largos abrigos de color verdoso”. Moberly supuso que eran jardineros o funcionaros (Hombres 1).
  • Jourdain, que hablaba un francés de principiante, les preguntó por donde ir y ellos le respondieron que siguieran “tout droit” (todo derecho), frase que malinterpretó como “gire a la derecha”.
  • Mientras caminaban en esa dirección vieron a una mujer y una niña “vestidas de manera inusual” (Mujeres 2). La señora le daba una jarra a la niña, y “por un momento parecieron detenerse como figuras de un tableau vivant" (representación de un grupo de actores para una fotografía).
  • Llegaron al comienzo de un bosque y se toparon con lo que parecía un Belvedere o quiosco de jardín. Como ese tipo de miradores son de tipo oriental, lo más  probable es que se tratara del quiosco chino de 1774 mencionado en el sitio web de Versalles. El lugar se utilizaba antiguamente  para representaciones teatrales.
  • Junto al quiosco se toparon con un hombre sentado (Hombre 2) que para Moberly “tenía un aspecto repulsivo”, y a Jourdain le pareció que “ su cara estaba picada de viruela”
  • Para Moberly  "de repente, todo tenía un aspecto antinatural y, por tanto, desagradable; incluso los árboles detrás del edificio parecían haberse vuelto planos y sin vida, como un bosque bordado en un tapiz. No había juegos de luces y sombras, ni viento que agitara los árboles. Todo estaba demasiado quieto".
  • Jourdain tuvo sensaciones parecidas “como si caminara en un sueño”
  • Ambas se sintieron aliviadas "cuando un caballero con la cara colorada y los zapatos abotonados apareció de repente por detrás de nosotras  y nos advirtió (en un francés con acento) que íbamos en dirección equivocada; y salió corriendo en otra dirección”. (Hombre 3)
  • Tras cruzar un pequeño puente  con un arroyo por debajo,  llegaron al Petit Trianon. Cerca de ahí vieron a una “mujer que estaba dibujando; llevaba un vestido extrañamente  anticuado con un gran sombrero blanco” (Mujer 3)
  • Mientras subían los escalones del edificio, Moberly miró de nuevo a la mujer que dibujaba y “volví a tener  una inexplicable sensación de melancolía”. 
  • De repente, “un joven vestido de lacayo” cerró la puerta tras de sí, se acercó corriendo y “con una extraña sonrisa” les dijo que la entrada principal no era por la que intentaban ingresar sino que estaba “al otro lado”. (Hombre 4)
  • Continúan el relato ya sin incidentes:Fuimos a la fachada del Petit Trianon, donde vimos a una pareja francesa. Dentro había varias personas en una fiesta de casamiento. Recuperamos el ánimo y nos unimos a un grupo de visitantes que recorría las salas”.
  • Ni ese día, ni en los siguientes hablaron de lo sucedido.

 

 ¿Qué pasó después de la "experiencia"?

 

 Una semana más tarde, todavía en París, mientras Moberly redactaba una carta a su hermana en Inglaterra, se sintió repentinamente invadida por una sensación de inquietud similar a la de Versalles. Dejó de escribir y preguntó a Jourdain:  

¿Cree usted que el Petit Trianon está encantado?

  La respuesta fue inmediata: 

Sí, lo creo.


Tres meses más tarde, retomaron el tema y descubrieron que la señorita Jourdain no había visto a la dama que agitaba el paño (Mujer 1), lo que sorprendió a Moberly, porque ella sí.

Decidieron escribir relatos separados para comparar sus experiencias. Moberly terminó su relato 107 días después del incidente, mientras que Jourdain lo hizo 110 días después. Esto es significativo por el tiempo que había transcurrido entre el suceso real y los primeros manuscritos.

Cuando examinaron sus textos, descubrieron que sus sentimientos de depresión y ansiedad habían empeorado cuando se encontraban cerca de los dos hombres, y que los caballeros del bosque habían sido algo "teatrales" en su apariencia y comportamiento. 


Jourdain menciona que una amiga francesa le dijo que 

María Antonieta y otros miembros de su corte rondaban Versalles en cierta fecha determinada 

araíz de ese comentario, empezó a relacionar sus experiencias con la historia francesa y descubrió con asombro que  el 10 de agosto de 1792 fue el día en que el palacio de las Tullerías fue atacado por los revolucionarios, la guardia real masacrada y los Reyes llevados ante la Asamblea Legislativa.

 

Toma de las Tullerías el 10 de agosto de 1792 por Jean Duplessis-Bertaux 
(en el Museo del Palacio de Versalles) 

 

Inmediatamente empezaron a preguntarse si habían 

"entrado inadvertidamente en un acto de la memoria de la Reina cuando vivía, y si esto explicaba nuestra curiosa sensación de estar completamente confinadas y oprimidas".

 

¿Como llegaron a una explicación tan extravagante?

 

  Moberly mencionó que su familia poseía "poderes psíquicos" ya que tanto su abuela como su madre 

"tenían poderes de premonición acompañados de visiones". 

Ella misma había presenciado la aparición de pájaros que anunciaban la muerte de un obispo de Salisbury y, en 1914, había visto a un hombre de dos o tres metros de altura que llevaba una corona en el Museo del Louvre, creyendo que era una aparición del emperador romano Constantino. La Srta. Jourdain afirmaba tener "poderes de percepción extrasensorial deliberadamente poco desarrollados". Añade que "ambas rechazaban firmemente el espiritismo" (Castle, 1991).

Ambas creían poseer habilidades extraordinarias, por lo que bien podrían haber actuado como receptores psíquicos en una situación anómala.

Entre los sucesos de aquel día de 1901 y la publicación de "Una aventura" en 1911, ambas mujeres intentaron dos veces convencer a la Sociedad para la Investigación Psíquica (S.P.R.) de que su caso merecía ser investigado. La primera vez, en 1901, las notas fueron rechazadas por carecer de interés. Este ultraje indignó a Moberly y siguieron años de desesperada investigación y búsqueda de pruebas. Poco antes de que se publicara el libro, los editores Macmillan, le pidieron a la S. P. R. que volviera a examinar otras anotaciones nuevas que, según Moberly, eran insignificantemente diferentes de las primeras. Sin embargo, el oficial de investigación de la S.P.R. volvió a rechazarlas tras comprobar que había añadidos significativos (Lamont, 1919).

Lamont comparó los cuatro relatos (los dos originales de 1901 y los dos de 1911) y encontró pruebas de que estos últimos no eran simplemente una ampliación de los anteriores. Las entradas posteriores no habían sido escritas de forma independiente, como lo habrían sido las anteriores. Descubrió que solo Jourdain volvió a visitar el lugar en 1902 y 1906, y que ambas repitieron la visita al Trianon en 1904, 1908 y 1910. (Lamont, 2019)

 A pesar del doble rechazo, decidieron publicar su historia bajo seudónimos. Tras la muerte de las dos mujeres (Jourdain en 1924 y Moberly en 1937), la edición se publicó con sus nombres reales.

En la década de 1950, el investigador psíquico Guy Lambert propuso una teoría alternativa aún más extraña (Lamont, 2019). Al parecer, Lambert encontró un sorprendente parecido entre los caminos tomados por las damas en 1901 y un diseño de 1774 del arquitecto de Luis XV (Antoine Richard) "que fue rechazado y nunca se realizó". De hecho, sugiere que no entraron en la memoria de la Reina (como había escrito la señorita Moberly), sino que "lo imaginaron todo en trance, en una relación telepática con la mente de Antoine Richard". El hombre con cada picadura de viruela (Hombre 2) sería un "reflejo de la memoria" del arquitecto, recordando el rostro de Luis XV, que había muerto de la enfermedad. Se trataría pues de una "retrocognición" (percepción extrasensorial del pasado), ni de un viaje físico lejano ni de una visión de fantasmas. Sin embargo, no explicó el mecanismo de tal proceso.

 

Escepticismo sobre el caso 

 


Quinta edición del libro (1955), con los nombres reales de las autoras

 

 Tras la publicación de "An Adventure" en 1911, Eleanor Sidgwick le dedicó una crítica muy negativa en el Journal of the Proceedings of the Society for Psychical Research. Un investigador francés empleado por la S.P.R. siguió el mismo camino que los profesores ingleses y comparó lo escrito con lo que vio. Aunque no cuestionó la honestidad de las damas, el revisor opinó que el caso bien podía explicarse por lapsus de memoria y relleno. Para Sidgwick, no había nada inusual en el recorrido, aparte del importante hecho de que, mientras caminaban, las mujeres "en lugar de prestar atención a su entorno, charlaban distraídamente sobre sus amistades de Oxford".

Peor fue lo que ocurrió cuando, en 1950, el investigador psíquico William H. Salter examinó a fondo la correspondencia de Moberly-Jourdain con la S.P.R. y llegó a la conclusión de que muchos de los detalles habían sido añadidos en 1906, después de que ellas hubieran regresado a Versalles y realizado parte de su investigación histórica. No estaban incluidos en los manuscritos de 1901 (Dunning, 2012).

En otro orden de cosas, la crítica literaria Terry Castle (1991) argumentó que toda la historia debía de ser producto de una folie a deux (trastorno psicótico compartido); la personalidad inductora del delirio  habría sido la de Jourdain, que dirigió activamente la investigación. Dos años antes, el psicólogo Leonard Zusne había sugerido que las visiones de las autoras podrían haber sido en realidad experiencias alucinatorias. 

 

El golpe final

 

 La editora de la quinta edición del libro, Joan Evans (que heredó los derechos tras la muerte de las dos creadoras), hizo una descripción muy detallada en el prefacio de las personalidades de las dos mujeres a las que conoció personalmente. Cuenta que en 1910, siendo muy joven, acompañó a Jourdain a tomar fotografías en los terrenos de Versalles "para los investigadores psíquicos", y que "aunque indudablemente honestas, eran muy crédulas y con poco juicio crítico" (Evans, 1955). (Evans, 1955).

Dos décadas más tarde ella misma prohibiría cualquier nueva edición del libro alegando que había salido a la luz "una explicación definitiva de los hechos". (Evans, 1976).

El historiador Philippe Jullian, en su biografía del poeta Robert de Montesquiou, revela que "desde que era un joven veinteañero, a este conde, como a algunos de sus amigos, le gustaba vestirse a la usanza del siglo XVIII". Añade que "era la época de los tableaux vivants con recreaciones históricas y bailes de disfraces".

Montesquiou se trasladó junto al recinto y "con esta finca a sus espaldas, podía sentirse como en casa en las galerías, parques y jardines de Versalles y planear fiestas para sus amigos que renovaran el esplendor del pasado". Todo ello era posible porque "su casa tenía una puerta al parque y el conservador, Pierre de Nolhac, le había prestado una llave privada". Al principio, el aristócrata organizaba fiestas públicas con fines benéficos, "pero luego se cansó de tales eventos y organizó reuniones sólo para sus íntimos, siempre con trajes del siglo XVIII" (Jullian, 1967).


Evans relata que Montesquiou contaba con la ayuda de su secretario, Gabriel Yturri, para organizar las fiestas. "Era moreno y guapo. Normalmente vestían igual, con un toque de elegancia exótica ". (Evans, 1976) 


 


El Conde Montesquiou vestido como Luis XIV

 

 Jullian sugirió en su libro que los dos funcionarios vestidos de forma similar con sombreros de tres picos (hombres 1) eran en realidad "Montesquiou e Yturri, extravagantemente vestidos". Al lado de los hombres, a la derecha, la Srta. Jourdain había visto a una mujer y a una niña (mujeres 2) vestidas de forma inusualmente anticuada. "Ambas parecieron detenerse un momento, como en un tableau-vivant; pero nos apresuramos a seguir y no vi el final" (Morison & Lamont, 1913). La extrañeza de lo que vieron llevó a Moberly y Jourdain a acelerar el paso, deseosas de llegar a su destino lo antes posible. No les interesaba en absoluto investigar la naturaleza de sus posibles visiones.

De esta escena, Evans dijo enfáticamente: "Aquí, creo, está la clave. Estaban ensayando un tableau vivant para una celebración que no necesariamente debía tener lugar en ese momento o lugar" (Evans, 1976). (Evans, 1976)


 


Montesquiou y amigos con vestimenta medieval

 

Según esto, algunos actuarían (Mujer 1, Mujer 2, Mujer 3), otros observarían (Hombres 1 y Hombre 2) y otros simplemente irían a alguna parte (Hombre 3 y Hombre 4).

Así, algunos de estos personajes interactuaban con las turistas, especialmente los caballeros: les advertían de que fueran "tout droit" (Hombre 1), o de que iban por el camino equivocado (Hombre 3), o de que estaban entrando por el lado contrario a la puerta por la que querían ingresar (Hombre 4), o ponían cara de disgusto por la presencia de turistas donde no debían estar (Hombre 2). Curiosamente, las mujeres (Mujer 1, Mujer 2, Mujer 3) no interactuaron con ellas y, según las propias autoras, no les causaron mucha preocupación (Morison & Lamont, 1913).

Si se trataba de un ensayo, los personajes de época se encontraban en un lugar que no correspondía al recorrido turístico, pero que era adecuado para sus actividades.  Los que se perdían y se iban a otra parte eran ellas mismas.

 

Conclusiones

 

 Todas estas explicaciones coinciden en suponer la honestidad de los dos autoras del libro. Hubo errores de juicio por su parte, interpretaciones erróneas de lo que vieron, confusión, credulidad, autosugestión, lagunas en la memoria y una imaginación hiperactiva (no creemos que la experiencia alucinatoria fuera probable).Sobre todo, tenían una necesidad desenfrenada de demostrar que habían tenido una experiencia extraordinaria. La falta de honradez de Moberly hacia los miembros de la S.P.R. evidenciaba su propia impotencia para convencerles con pruebas. El sesgo confirmatorio (tendencia a preferir, buscar, interpretar y recordar información que confirma las propias creencias) dictó su investigación.

Veo el problema no tanto al principio, cuando buscaban un sentido a la experiencia y estaban confusas o perplejas por la extraña situación, sino en lo que vino después.

Este aspecto es crítico porque algunos creyentes y/o investigadores convencidos de la existencia de fenómenos PSI (paranormales) cometen el mismo error al querer demostrar sus conjeturas en lugar de guiarse por las evidencias. Es muy probable que en este caso no haya deshonestidad deliberada, sino un claro desprecio por la duda razonable.

Con todas estas idas y venidas, giros, cambios, descuidos, tergiversaciones y falta de sentido común, no parece extraño que la credulidad haya  literalmente
hecho su agosto.

 

Referencias:

Morison, E. & Lamont,F. (1913). An Adventure. Macmillan & Co Ed.

Castle, T. (1991). Contagious Folly: An Adventure and Its Skeptics. Critical Inquiry 17, 741-72 

Dunning, B. (2012). The Versailles Time Slip . Recuperado 14 de julio de 2022, de Skeptoid website: https://skeptoid.com/episodes/4296

Evans, J. (1955). Preface in Moberly,Ch. & Jourdain, E. An Adventure. Coward-McCann Ed.

Evans, J. (1976). "End to an Adventure: Solving the Mystery of the Trianon. Encounter.  October 1976, 33-46 

Jullian, P. (1967). Robert de Montesquiou a Fin-de-Siecle Prince. Seker & Warburg Ed.

Lamont, M. (2019). The Mysterious Paths of Versailles: An Investigation of a Psychical Journey Back in Time. Amazon Kindle

Society for Psychical Research (1911). An Adventure. [Review.] Proceedings of the Society for Psychical Research. 25 Supplemental, 353-60

Zusne, L. & Jones, W. (1989). Anomalistic Psychology. Taylor and Francis Ed.