Mientras que la mayoría de las películas del período eran adaptaciones literarias, el enfoque de Christensen fue único: basó su película en obras de no ficción, principalmente el Malleus Maleficarum, un tratado del siglo XV sobre brujería que encontró en una librería de Berlín, así como en varios otros manuales, ilustraciones y tratados sobre brujas y caza de brujas (una extensa bibliografía fue incluida en el programa original del estreno de la película). Sobre las adaptaciones literarias, Christensen comentó: "En principio estoy en contra de estas adaptaciones... Busco encontrar el camino dirigiéndome hacia películas que sean originales". En cambio, Häxan fue concebida, como se indica en los créditos iniciales, como una "presentación desde un punto de vista cultural e histórico en siete capítulos de imágenes en movimiento".
Mientras que la mayor parte del formato de la película, con sus escenas dramáticas interpretadas por actores (incluyendo al propio Christensen en el papel del diablo), habría resultado suficientemente familiar para los espectadores de cine de la época (aunque impactante en contenido), el primer capítulo, de 13 minutos de duración, es otra historia. Con su estilo documental y tono académico —presentando varias fotografías de estatuaria, pinturas y grabados en madera— habría resultado totalmente novedoso: un estilo de conferencia ilustrada proyectada que no se volvería popular hasta muchos años después.
De hecho, la película quizás podría reclamar con fundamento ser el primer documental de la historia (un reconocimiento normalmente reservado para el estudio etnográfico de Robert J. Flaherty de 1922 titulado Nanook of the North). Reportada como la película más costosa de la era del cine mudo sueco, Häxan fue efectivamente prohibida en Estados Unidos y fuertemente censurada en otros países. En 1968, fue estrenada una versión abreviada del film. Titulada Witchcraft Through the Ages, presentaba una ecléctica partitura de jazz de Daniel Humair y narración dramática de William S. Burroughs, de voz maravillosamente grave.
El escritor británico Jon Crabb examina la obsesión colectiva por las brujas durante la Europa
moderna temprana y destaca cómo el crecimiento de la xilografía
accesible y en serie contribuyó a consolidar la imagen icónica de la
bruja montada sobre una escoba, acompañada invariablemente por su
caldero y sus gatos, tal como la conocemos hoy.
La xilografía es una técnica de grabado que consiste en tallar una imagen en una tabla de madera. Luego las partes que quedan en relieve se entintan y, mediante presión, se transfieren a una hoja de papel, creando así la impresión, que será la obra final.
Hecha esta pequeña introducción aclaratoria, sigue la traducción del artículo de Jon Crabbpublicado en The Public Domain Review cuyo original en inglés está en éste enlace.
Xilografías y brujas
Por Jon Crabb
Brujas ofreciendo muñecos de cera al diablo , tomado de Historia de las brujas y los magos (1720) — Fuente: Biblioteca Wellcome
La revolución editorial de los siglos
XVI y XVII trajo consigo una explosión de material impreso que
democratizó el acceso a la información, poniéndola al alcance de más
personas que nunca. Bastaba con imprimir una gran hoja de papel barato
con una proclama, adornarla con un grabado en madera y distribuirla
entre el pueblo. Estos pliegos sueltos se vendían por un penique en las
esquinas, se pegaban en las paredes de las tabernas y se colgaban en los
postes de los mercados. En 1592, el dramaturgo y editor Henry Chettle
describió cómo los romances "infectaron Londres, la cerradura de Inglaterra",
para luego extenderse por el país gracias a los vendedores ambulantes,
capaces de "difundir más panfletos prohibidos por el Estado que todos
los libreros de Londres".1 Existía entonces, como ahora, un apetito
insaciable por historias de sexo y escándalo, y por primera vez, una red
de ilustradores, impresores y distribuidores estuvo en condiciones de
satisfacerlo. El dramaturgo jacobino Thomas Middleton calificó estos
romances como "modas, ficciones, felonías, tonterías".2 La impresión
barata era el medio de las masas, y los rudimentarios grabados en madera
se convirtieron en el lenguaje visual de la Inglaterra moderna
temprana.
Esta revolución editorial
coincidió con lo que se conoce como "la obsesión europea por la
brujería": un pánico moral y una psicosis colectiva que se extendió por
Europa y Escandinavia durante los siglos XVI y XVII. El origen de esta
histeria se remonta a 1484, cuando dos inquisidores dominicos
solicitaron al Papa Inocencio VIII autorización para iniciar una caza de
brujas, a lo que él respondió con una bula papal que avalaba sus
acciones. Dos años después, publicaron su tratado, el Malleus Maleficarum
(Martillo de las Brujas), que por primera vez equiparó la brujería con
el crimen de herejía y justificó su erradicación bajo autoridad papal.
Apoyándose en el supuesto respaldo del pontífice, el Malleus Maleficarum
retrató la brujería de un modo aterrador y defendió la necesidad
absoluta de exterminar este mal hasta entonces en gran medida ignorado.
Parecía que las brujas estaban por
todas partes. Se recomendaba usar la tortura para obtener confesiones,
se consideraba la pena de muerte como único remedio contra la
hechicería, y la hoguera era el método de ejecución preferido. De
pronto, comenzó la persecución sistemática de brujas, con todo un
protocolo establecido. El libro se convirtió en un bestseller que
alimentó la obsesión por la brujería durante dos siglos, extendiéndose
primero por Europa continental y luego por Escandinavia, donde el tema
causó especial fascinación. En Inglaterra, la fiebre brujeril llegó más
tarde, pero generó una avalancha de panfletos y romances que detallaban
con morbosidad las supuestas maldades demoníacas.
Uno
de los panfletos más tempranos y escandalosos se publicó en 1579 bajo
el título: "A Rehearsall both Straung and True, of Hainous and Horrible Actes Committed by Elizabeth Stile..." [Un relato tan extraño como
verídico de los actos atroces y horribles cometidos por Elizabeth
Stile...]. La acusada era Elizabeth Stile, una mendiga viuda de 65 años,
señalada de embrujar a un posadero. El texto la vinculaba con tres
ancianas -Madre Margaret, Madre Dutten y Madre Devell- y con un tal
Padre Rosimunde, quien según decían podía tomar "la forma y apariencia
de cualquier animal que deseara". Los grabados que acompañaban el
panfleto mostraban a estas mujeres (conocidas como las brujas de Windsor) con sus supuestas mascotas que en realidad eran espíritus o demonios en forma animal que servían a las brujas. A estas criaturas las alimentaban con su propia sangre.
Imagen de la portada de «Un relato tan extraño como verídico de los
actos atroces y horribles cometidos por Elizabeth Stile» (1579)
Bruja representada alimentando a sus familiares con sangre, en «Un
relato tan extraño como verídico de los actos atroces y horribles
cometidos por Elizabeth Stile» (1579)
Imagen de un gato en el panfleto «Un relato tan extraño como verídico de los actos atroces y horribles cometidos por Elizabeth Stile» (1579)
La imagen folklórica de la bruja
anciana quedó plasmada en estas representaciones y se perpetuó en
panfletos similares durante el siglo siguiente. Estas supuestas brujas
solían ser mujeres mayores, amargadas y solitarias, que convivían con
gatos u otros animales. Dos ejemplos particularmente influyentes fueron The Wonderful Discoverie of the Witchcrafts of Margaret and Phillip Flower (1619) yA Most Certain, Strange and True Discovery of a Witch
(1643), que consolidaron este estereotipo. Sin duda, esta persecución
se alimentó del sexismo latente y del miedo hacia quienes vivían al
margen de la sociedad. El último de estos panfletos combinaba
abiertamente el sexismo con el desprecio al cuestionar la capacidad
misma de las mujeres para practicar la hechicería:
"Muchos
sostienen que este sexo débil es incapaz de alcanzar esa práctica tan
vil y condenable que es la brujería, debido a su ignorancia y falta de
instrucción, logro que muchos hombres cultos sí han conseguido. Si Adán,
tentado, probó la manzana engañosa, también muchos hombres eruditos han
caído en la misma tentación y han pactado con el Diablo. Como ejemplo,
citemos al inglés Bacon de Oxford, Vandermast de Holanda, Bungay de
Alemania, Fostus del mismo país, Franciscus el monje inglés de Bury, el
Doctor Slackleach y otros tantos que sería tedioso enumerar. Pero que
mujeres débiles puedan lograrlo, muchos lo consideran inconcebible,
aunque otros admiten la posibilidad: acaso la malicia arraigada de una
mujer consumida por su ira vengativa, que frecuenta lugares desolados y
se entrega a la tentación, pueda llevarla a tratar con ese león rugiente
del mundo."
Portada de «Un descubrimiento absolutamente cierto, extraño y verídico de una bruja» (1643)
En 1589, el rey Jacobo VI de Escocia viajó por mar a Copenhague para contraer matrimonio con la princesa Ana de Dinamarca. Durante el viaje de regreso a Escocia, una fuerte tormenta obligó a la nave a refugiarse en las costas de Noruega. Aunque finalmente llegaron a salvo, la experiencia dejó a todos profundamente conmocionados. Lo que siguió fue una cadena de eventos extraordinarios: cortesanos daneses acusaron a varias mujeres de haber provocado las tormentas mediante brujería, lo que desencadenó primero juicios por hechicería en Dinamarca y luego, cuando Jacobo VI decidió imitar el proceso, en North Berwick, Escocia.
La situación se complicó cuando varios nobles escoceses se vieron implicados, y las rivalidades entre ambas cortes reales desataron una oleada de acusaciones mutuas a través del Mar del Norte. El rey Jacobo, cada vez más paranoico, llegó a creer que su vida corría peligro por culpa de las brujas. Interrogó personalmente a los acusados y ordenó el arresto de más de un centenar de personas. Estos dramáticos juicios quedaron registrados en un panfleto publicado en 1591 bajo el título Newes from Scotland, Declaring the Damnable Life of Doctor Fian, a Notable Sorcerer, who was Burned at Edenbrough in Januarie Last, 1591, que incluía dos ilustraciones repletas de detalles significativos.
El grabado principal resume varios momentos clave de la historia. En la esquina superior izquierda se aprecian demonios nadando alrededor del barco real, representando la acusación de que las brujas habían enviado espíritus malignos para agitar las aguas. En la sección superior derecha, un grupo de mujeres aparece trabajando alrededor de un caldero que hierve sobre el fuego, en una clara alusión a prácticas de hechicería.
Primer grabado en madera del panfleto Newes from Scotland, reproducido en un facsímil de 1816
Resulta curioso que esta ilustración en
particular fuera en realidad una imagen de archivo que aparecía en
otros panfletos sin connotaciones mágicas malignas. Los grabados en
madera solían reutilizarse para distintas historias, ya sea como
imágenes independientes o integradas en composiciones más grandes. El
Doctor Fian mencionado en el título era un maestro de escuela local
acusado de dirigir el aquelarre, y en esta representación aparece como
escribano del diablo, quien predica desde un púlpito. Fian sufrió
terribles torturas -incluyendo el aplastamiento de sus pies con un potro de hierro- antes de ser quemado vivo en la hoguera. Newes from Scotland
constituye una de las pocas ilustraciones sobre brujería escocesa que
se conservan de este periodo, pero su influencia perduró al inspirar "la
obra escocesa", el Macbethde Shakespeare, que contiene varias
referencias a los juicios de North Berwick y se estrenó durante la
visita del hermano de la reina Ana, el rey de Dinamarca, en 1606.
Este
episodio marcó profundamente al rey Jacobo y despertó en él un vivo
interés por la hechicería y la brujería, influencia que en parte
absorbió de su joven esposa danesa y de la corte escandinava, donde ya
se habían producido importantes brotes de histeria colectiva por el
fenómeno de las brujas. Tal era el interés del monarca por las artes
oscuras que en 1597 publicó su propio tratado sobre los peligros de la
magia negra, el Daemonologie, que incluía Newes from Scotland
como apéndice. Seis años después, con la unificación de las coronas
escocesa e inglesa, Jacobo VI se convirtió en Jacobo I de Inglaterra e
Irlanda. Aunque con los años adoptó una postura más tolerante y
escéptica, llevó consigo su fascinación por lo oculto a la corte
inglesa, donde la permisividad de las leyes al respecto le sorprendió
tanto que impulsó su reforma.
Grabado en madera de un folleto popular del siglo XVIII sobre la
profetisa y supuesta bruja Madre Shipton, incluido en «Chap-books of the
Eighteenth Century» (1834) de John Ashton
Grabado xilográfico del método de prueba por flotación para detectar
brujas, publicado en «The History of Witches and Wizards» (1720)
La pena capital se aplicaba ahora
incluso a las supuestas brujas "benignas". Esto provocó la persecución
de reconocidos adivinadores y "sabios populares" por una sociedad cada
vez más recelosa y ávida de venganza. Matthew Hopkins, el infame
autoproclamado "Gran Cazador de Brujas" responsable de al menos
trescientas ejecuciones, citaba el Daemonologie del rey Jacobo
como su principal influencia. Paradójicamente, una simple tormenta en
las costas escocesas desencadenó centenares de muertes y transformó
radicalmente la percepción sobre estos "sabios populares" en las islas
británicas.
Las cifras exactas
resultan difíciles de determinar, pero los registros judiciales
documentan aproximadamente tres mil ejecuciones por brujería en Gran
Bretaña durante los siglos XVI y XVII, concentradas principalmente en
Escocia. A nivel continental, las estimaciones alcanzan varias decenas
de miles de víctimas, incluyendo tanto hombres como mujeres. Aunque
estas cifras son de por sí impactantes, algunos grupos neopaganos han
exagerado el alcance al denominar este periodo como "La Era de las
Hogueras", pretendiendo un holocausto de millones de mujeres - una
visión bienintencionada pero históricamente inexacta.
Portada ilustrada de «El descubrimiento de las brujas»(1648) de Matthew Hopkins, que muestra dos brujas invocando a sus demonios mientras Hopkins observa desde arriba
Los casos más notables de aquel período
quedaron inmortalizados en obras teatrales, novelas y publicaciones
extensas. Los grabados en madera que ilustraban estos textos fueron
cruciales para crear el arquetipo de "bruja" que conocemos hoy: mujeres
con sombreros puntiagudos, escobas, calderos y gatos negros. Estas
mismas imágenes xilográficas se reutilizaban en distintas publicaciones,
y con cada nueva aparición, el estereotipo se reforzaba hasta
convertirse en una iconografía perfectamente reconocible.
Con
el tiempo, las historias e ilustraciones más impactantes se compilaron
en obras de referencia populares. Entre ellas destacan The Kingdom of Darkness...
de R.B. (1688), un exhaustivo compendio sobre demonios, apariciones y
brujería. Sin embargo, la mayoría de las imágenes icónicas que circulan
actualmente en internet proceden de una sola fuente: The History of Witches and Wizards... de W.P. (1760), que documentaba juicios por brujería en toda Europa y América.
Brujas volando en escobas, representadas en «The History of Witches and Wizards» (1720)
Brujas en un banquete, representadas en «The History of Witches and Wizards» (1720)
Brujas bailando con demonios, representadas en «The History of Witches and Wizards» (1720)
En estas páginas encontramos escenas
vívidas de brujería: demonios y brujas bailando juntos, muñecos de cera
consagrados por el diablo, espíritus que emergen de círculos de fuego y
festines durante el aquelarre. Esta representación resulta notablemente
dinámica y atractiva, muy distinta a la imagen de ancianas resentidas.
Los autores, quizá sin proponérselo, lograron hacer parecer la brujería
emocionante e incluso seductora. Los relatos son de lectura ágil y
fascinante, con ilustraciones que muestran a jóvenes realizando actos
sobrenaturales. Ambos libros presentan además un marcado tono erótico,
lleno de referencias a actos carnales, sátiros lascivos, escenas de
desnudez, banquetes orgiásticos, hechizos de amor y apuestos demonios
que seducen a doncellas inocentes.
Durante
el siglo XVII, los panfletos sobre brujería evolucionaron desde los
primeros textos basados en registros judiciales hasta publicaciones cada
vez más elaboradas. Paradójicamente, mientras el rey Jacobo se volvía
más escéptico sobre la existencia real de las brujas, su reino caía en
una paranoia creciente. Esta histeria colectiva tardaría décadas en
desaparecer. Las primeras publicaciones se limitaban a transcripciones
sobrias de los juicios, pero las posteriores incluían descripciones
detalladas de torturas y supuestos milagros. Cuando aparecieron las
historias populares sobre brujería, el sensacionalismo dominaba por
completo y los grabados se volvieron más impactantes. En una época
marcada por la peste, la guerra y la pobreza, no es de extrañar que el
diablo resultara una figura casi simpática.
Notas:
Henry Chettle, Kind Heart’s Dream (London: [John Wolfe] for William Wright, 1592).
Thomas Middleton, A courtly masque: the device called, the world tost at tennis (London: Purslowe, 1620).
Sobre el autor: Jon Crabb es escritor y editor, apasionado por la cultura fin-de-siècle,
los temas esotéricos y todo lo insólito y fascinante. Radicado en
Londres, se desempeña como editor en British Library Publishing y
administra la cuenta de Twitter de esta institución, que te invita
cordialmente a seguir.