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26.7.25

Un suceso extraño en Dinkelsbühl, Baviera (1554)

 

Grabado de Hans Glaser en Nuremberg. Se describe un extraño suceso ocurrido cerca de Dinkelsbühl el 26 de mayo de 1554

Este panfleto es un ejemplo temprano de lo que hoy podríamos considerar literatura de divulgación popular o folletín de crónica prodigiosa que narra eventos extraordinarios.  En este caso, se trata de un relato breve, impreso en Nuremberg por Hans Glaser, sobre un suceso extraordinario ocurrido en Dinkelsbühl, una ciudad de Baviera (actual Alemania), el 27 de mayo de 1554.

El texto original presenta un error común en la numeración romana de la época: “M.D.LIIII”, donde se añaden cuatro "I" en vez de escribir la forma correcta "MDLIV". Aunque hoy aquella escritura se considera equivocada, era usada en ciertos círculos tipográficos o artesanales del siglo XVI sin seguir una norma uniforme.

Asimismo, el nombre de la ciudad aparece en el texto con la forma arcaica “Sinckelspübel”, que debe leerse como una variante ortográfica de Dinkelsbühl. Esta confusión ha llevado en ocasiones a traducciones erróneas que mencionan Sindelfingen, una ciudad completamente distinta ubicada en Baden-Wurtemberg. Sin embargo, tanto por la morfología fonética del nombre como por la localización editorial (Núremberg está mucho más cerca de Dinkelsbühl), la identificación correcta es Dinkelsbühl.

 

¿Que dice el panfleto?

 Un suceso extraordinario en Dinkelsbühl  ocurrido el sábado posterior a San Urbano, en el año 1554

El 27 de mayo del año del Señor1554, un sábado posterior a la festividad de San Urbano, ocurrió en Dinkelsbühl un fenómeno insólito y digno de atención.

A eso de las cinco o seis de la tarde, apareció en el cielo una visión sorprendente. Se vieron caer gotas, como de color azul, que descendían desde lo alto. Estas gotas parecían azules y resplandecientes, y cuando la gente trataba de recogerlas, desaparecían sin dejar rastro.

Esto fue observado por muchas personas, quienes lo comentaron ampliamente. El hecho produjo gran conmoción entre el pueblo. Algunos lo interpretaron como una señal del cielo, un aviso o incluso un castigo de parte de Dios.

El acontecimiento fue tan llamativo que pronto se extendió por la región. Las personas comenzaron a compartir la noticia entre amigos y vecinos, y muchos lo consideraron un suceso milagroso o extraordinario.

Quienes lo vieron comenzaron a reflexionar sobre su vida y conducta. Algunos creyeron que Dios quería advertirles algo, y se sintieron llamados al arrepentimiento. Se rezó entonces para que Dios convirtiera esta señal en un bien, y para que concediera a las personas su gracia, a fin de que pudieran reconocer sus errores y volverse a Él sinceramente.

¡Dios nos ayude a comprender y a seguir su voluntad! Que su misericordia nos acompañe. Amén.

Publicado en Núremberg por Hans Glaser, detrás de San Lorenzo, en la plaza.

 

Sobre el fenómeno relatado

El evento descripto tiene características que hoy podríamos interpretar como un fenómeno atmosférico poco comprendido por los observadores de la época: la caída de gotas azules luminosas, que desaparecían al intentar tocarlas. En el marco del siglo XVI, este tipo de manifestaciones era interpretado como prodigios o señales divinas —especialmente en tiempos de tensión religiosa, guerras o pestes—. El pueblo lo entendió como un aviso celestial, y el panfleto adopta un tono de llamado al arrepentimiento y a la reflexión espiritual.

Este tipo de publicaciones circulaban ampliamente y formaban parte de una cultura del asombro muy propia del periodo de los movimientos religiosos de la Reforma y la Contrarreforma, en la cual lo extraordinario servía como soporte para discursos morales o religiosos. No es casual que Glaser, también conocido por ilustrar fenómenos celestes (como el famoso panfleto sobre la batalla aérea de Núremberg en 1561), haya elegido este suceso para imprimirlo y distribuirlo. 

El fenómeno descripto como “gotas azules que caen del cielo y desaparecen” puede explicarse plausiblemente como una combinación de condiciones atmosféricas raras : por un lado rayos globulares, que a veces pueden ser azulados. También podría tratarse de gotas de agua que refractan la luz azulada aparentando ser gotas luminosas  formando el efecto óptico de corona , sumado todo esto, obviamente, a la interpretación subjetiva de los observadores según sus propios temores, interpretaciones y creencias. No cabe duda de que para los lugareños el hecho causó asombro, pero no podemos saber cuanto sucedió realmente y cuanto fue agregado por el autor.

Como no existen registros físicos ni fotografías, nunca podrá confirmarse con certeza como fue realmente el evento, pero estas hipótesis científicas nos permiten entender el relato desde una perspectiva naturalista, sin descartar su enorme valor cultural e histórico como reflejo de la mentalidad del siglo XVI.

4.7.25

El diablo segador (1678), o, la representación más antigua conocida de un círculo de cultivo


 
El siguiente artículo fue publicado por la historiadora de la ciencia Thea Applebaum Licht en The Public Domain Review, cuyo original en inglés está en éste enlace 
 
 
  El diablo segador (1678), o, la representación más antigua conocida de un círculo de cultivo

En el apogeo de la moda de los círculos de cultivo en las décadas de 1980 y 1990, se propusieron numerosas explicaciones —naturales y sobrenaturales— para las parcelas de cereales  perfectamente aplastados que aparecían en la campiña inglesa  y aún más allá. ¿Eran esos círculos obra de visitantes extraterrestres, resultado de fenómenos meteorológicos inusuales, o producto de la manipulación de los campos magnéticos terrestres? Los cereólogos, investigadores dedicados al estudio de los círculos de cultivo, recurrieron a los archivos para localizar cualquier registro histórico existente. En 1989, los editores de la revista británica Fortean Times descubrieron un panfleto que contiene la representación más antigua conocida de un círculo de cultivo que data del 22 de agosto de 1678.  El diablo segador: o, extrañas noticias de Hartford-shire comienza con un grabado burlón. La figura menuda y regordeta del diablo se agacha, guadaña en mano. Avanza por la mitad de un campo de avena ardiente, trazando círculos concéntricos hacia el interior y dejando un rastro de tallos cortados a su paso. Tiene la boca abierta como para recuperar el aliento mientras trabaja, con su pequeña cola de cabrito agitándose.

El panfleto, de apenas cinco páginas, relata una disputa laboral que desemboca en un pacto involuntario con el diablo. Un terrateniente adinerado, con su cosecha de avena lista para la siega, solicita a su vecino empobrecido que la corte. El segador negocia con seriedad, fijando un precio justo (aunque ligeramente superior al habitual) por «el sudor de su frente y la médula de sus huesos». Frustrado por la solicitud, el agricultor contraoferta con un precio inferior al valor de mercado. Incluso cuando el segador reduce su tarifa en un acto de buena voluntad, el rico propietario desdeña el acuerdo: declara a su vecino «que el mismísimo diablo debería segar su avena» antes de negociar nuevamente con el «lamentable campesino». 

 


Según el panfleto, este terrateniente ha olvidado el deber cristiano de los ricos: satisfacer las necesidades esenciales de sus vecinos. El juicio divino se manifiesta mediante extraños «fenómenos preternaturales». Esa misma noche, testigos reportan llamas en el campo de avena. A la mañana siguiente, el agricultor halla su cosecha intacta por el fuego, pero cortada de forma antinatural:

«como si el Diablo [...] hubiera querido exhibir su pericia en el arte de la agricultura: cortó las plantas en círculos perfectos y dispuso cada paja con precisión»
—logro tan impecable que ningún humano podría replicarlo. La siega sobrenatural es de tal maestría que el agricultor «aún teme tocarla», convirtiéndose el diablo en un inesperado instrumento de justicia retributiva campesina: el círculo de cultivo funciona tanto como manifestación sobrenatural cuanto como lección de virtud cristiana. El auténtico fenómeno «maligno» subyace en cómo la economía incipiente de la modernidad corroe las relaciones vecinales.

En última instancia, la lección moral asimilada por el agricultor trasciende cualquier explicación concreta sobre el círculo de cultivo. De hecho, este fenómeno es solo uno de tantos «designios providenciales» que confluyen en la producción agrícola —como la aptitud del suelo, la oportunidad de las lluvias, los solsticios fecundos y los vientos benéficos—. Por ello, «debemos recibir la madurez con gratitud reverente, no entorpecer la cosecha con ansias imprudentes»

Sobre la autora:  Thea Applebaum Licht es escritora e investigadora radicada en Boston, Massachusetts. Ejerce como estudiante de doctorado en el programa HASTS (Historia, Antropología, Ciencia, Tecnología y Sociedad) del MIT, donde investiga la historia de la ciencia. Es licenciada en Historia y Estudios Germánicos por la Universidad de Chicago y se desempeña como asistente editorial de The Public Domain Review.

28.11.24

Dioses extraños forteanos . El libro de los condenados de Charles Fort (1919)

 


El siguiente artículo está traducido del original que se encuentra en The Public Domain Review . Su autor es Joshua Blu Buhs, autor de Think to New Worlds: The Cultural History of Charles Fort and His Followers (2024), Bigfoot: The Life and Times of a Legend (2009), y The Fire Ant Wars: Nature, Science, and Public Policy in Twentieth-Century America (2004), todos publicados por University of Chicago Press.  

 

 Dioses extraños - El libro de los condenados de Charles Fort (1919)

Albany, Nueva York, 6 de agosto de 1874. Charles Hoy Fort nació en el seno de una familia próspera, pero en circunstancias difíciles. Su madre, Agnes Hoy, murió antes de que él cumpliera los cinco años, dejando a Toddy, como le llamaban, y a sus dos hermanos menores al cuidado del viudo Charles Nelson Fort. El padre era estricto y físicamente abusivo, haciendolo llorar y sangrar por su nariz; era una figura tiránica que intimidaba a sus hijos hasta la sumisión, pero nunca hacia el respeto o el amor. 

Travieso desde temprana edad, el joven Fort desarrolló un espíritu independiente y quizá en reacción al despotismo de su padre, forjó una intransigencia que maduró hasta convertirse en escepticismo hacia todas las formas de autoridad. Rechazó la religión y lo que se enseñaba en la escuela. Desde joven se apoderó de él una compulsión por coleccionar , otro rasgo que marcaría su vida adulta: coleccionaba y era obstinado.

Tras abandonar la escuela secundaria se mudó a Brooklyn, donde, como lo había hecho en casa, trabajó como periodista. En 1893, utilizó una pequeña herencia para viajar, recorriendo treinta mil millas en tres años. "Todo esto para acumular experiencia y conocimiento de la vida" . En 1896, una enfermedad lo obligó a regresar a Brooklyn. allí, se reencontró con Annie Filing, a quien había conocido en Albany. Ella lo cuidó hasta que recuperó la salud y se casaron en octubre. La pareja luchó por ganarse la vida: Annie se convirtió en lavandera, y Charles en lavaplatos 1.

Mientras el mundo material de Charles Fort se iba ajustando, por el contrario los reinos metafísicos e imaginativos se iban expandiendo. Fue en este período cuando conoció a sus dioses 2. Estas cuatro  deidades eran ortogenéticas, decía él, porque trabajaban hacia una meta invisible, dirigiendo su comportamiento y transformando al hijo rebelde de un tendero de Albany en el "enfant terrible de la ciencia". 

Esos cuatro dioses eran  Descomposición (Decomposition) , Amorfa (Amorpha) , Sintético (Syntheticus) y Ecualización (Equalization) . El panteón pudo haber sido una broma privada, pero si lo fue al principio, pronto la mentira se convirtió en una especie de verdad 3. La Descomposición, dijo más tarde, era el dios inmediatamente a cargo del mundo, "esta existencia bellamente podrida nuestra" 4. ¿Qué mejor símbolo para una vida de trabajo y sueños incumplidos que éste tipo de dios?

Entre estas pruebas que le presentaba la vida, comenzó a escribir cuentos cortos, logrando ingresar en el mercado de revistas en 1905, principalmente con narraciones detalladas sobre la vida en los edificios de viviendas de Nueva York. Theodore Dreiser, entonces editor en la editorial Street & Smith, consideraba que los cuentos de Fort "eran los mejores cuentos humorísticos que jamás había visto surgir en América"5. Desde entonces, este editor se convirtió en su mecenas, comprando algunas de sus historias para la revista insignia de la editorial, Smith's, ofreciendole críticas, persuasión y aliento. En 1909 organizó la publicación de la novela The Outcast Manufacturers. Unos años después, un par de herencias estabilizaron la situación financiera de los Fort, liberando tanto a Charles como a Annie de la necesidad de trabajar. Fort atribuyó este giro de la fortuna a la llegada de la diosa Amorfa, que valoraba el orden. Sin embargo, la nueva situación provocó una crisis. El escritor se consideraba a sí mismo un bohemio, pero ahora Annie exigía comodidades: habitaciones más grandes, baños, vecinos más respetables — amenidades burguesas que Fort despreciaba.

Charles deseaba, en cierto sentido, el tipo de vida que llevaba Dreiser: una vida excesiva y escandalosa. La escritura de Dreiser exponía y criticaba severamente los sistemas sociales y religiosos que empobrecían a los desamparados y a los inmigrantes. Su novela Sister Carrie lo proclamó como un genio literario, y sus virtudes fueron destacadas por el influyente crítico H. L. Mencken. Siguió publicando una serie de novelas, ensayos, obras de teatro y poemas. Dreiser se movía en círculos literarios, se estableció en Greenwich Village y adoptó puntos de vista radicales 6. En 1915, su novela The Genius, que ficcionalizaba la disolución de su matrimonio y sus numerosas infidelidades, incitó a los mojigatos, que la prohibieron. Fort le confesó a Dreiser que anhelaba ese tipo de notoriedad. Le aseguró  que en un mundo gobernado por la Descomposición, uno debería deleitarse en la decadencia.

 Theodore Dreiser, izquierda, y Charles Fort en el retiro de Dreiser en Iroki, en Mt. Kisco, Nueva York, octubre de 1931 - Fuente (No es de dominio público. Cortesía de la Universidad de Pensilvania. Documentos de Dreiser, ms. coll. 30, vol. 438, ítem 153).

Sin embargo, la forma que la escritura de Fort había tomado desde la llegada de Amorfa era poco probable que causara tal frenesí porque se volvió cada vez más abstracta 7. Incapaz de escribir una segunda novela y ahora liberado de la necesidad de vender cuentos cortos, pasaba sus días en la biblioteca, divagando sin fin a través del estudio de "todas las artes y ciencias", desgastando "la vista, los lápices y los pantalones" mientras tomaba notas sobre todo, desde la evolución darwiniana  hasta el cálculo 8. Utilizó estas notas para apoyar una teoría que había desarrollado: "Que todas las cosas son una; que todos los fenómenos están gobernados por la misma ley" 9. O, como lo expresó en el libro que finalmente surgió de esta toma de notas:

 Pero nuestra expresión indica que no hay diferencias positivas: que todas las cosas son como un ratón y un insecto en el corazón de un queso. Ratón e insecto: no podría haber dos cosas que parecieran más diferentes. Están ahí una semana, o se quedan ahí un mes: ambos se convierten entonces en transmutaciones del queso. Creo que todos somos insectos y ratones, y somos solo diferentes expresiones de un queso que todo lo abarca 10
Fort se había convertido en un monista, su teoría ejemplificaba lo que los filósofos llaman "monismo existencial": solo el universo existe; todos los objetos comunes de la vida son meras partes de este todo y, en un sentido fundamental, no son reales 11. Exploró esta idea en una historia, un romance científico sobre una célula sanguínea humana que toma consciencia de que es parte de un sistema vasto e interconectado, al igual que el ser humano en el que vive es parte de un orden cósmico. El linfocito heterodoxo es silenciado por las células conservadoras. Fort tituló a esa historia "Un Corpúsculo Radical". Él mismo se veía a sí mismo como un radical, alineado con otros inconformistas de la época 12.

Con el tiempo, las lecturas de Fort se expandieron desde lo conocido a lo desconocido, de lo regulado a lo sin ley. Seguía descubriendo anomalías, informes de lluvias de ranas, desapariciones misteriosas y objetos desconcertantes en el cielo. Estos fenómenos lo fascinaban, y comenzó a tomar notas sobre ellos intrigado por su significado. 

Dejando de lado la ficción, Fort ahora se ocupaba de la naturaleza de la existencia. "Veo todo esto como un trabajo de parto", dijo, " de emerger desde un escritor de historias hacia algo así como un metafísico " 13. Organizó las decenas de miles de noticias que tenía  acumuladas en su apartamento en unas mil trescientas categorías. Impulsado "ortogenéticamente", se dedicó en noviembre de 1915 a sintetizar sus notas y sus pensamientos sobre lo anómalo.

 Ilustración xilográfica de la lluvia de ranas de la obra de Conrad Lycosthenes Prodigiorum ac ostentorum chronicon (1557),  un relato de maravillas y fenómenos extraños

 

 Ilustración de la lluvia de ranas que acompaña al relato «Lo!» de Charles Fort en un número de 1934 de Astounding Stories

Esta vez, bajo el dominio de su tercer dios, Sintético, Fort pasó los siguientes seis meses trabajando en un nuevo libro. Aunque el manuscrito se perdió, sus biógrafos han logrado reconstruir el argumento. Fort sugirió allí que la existencia estaba organizada por una fuerza no descubierta a la que él llamaba X, creadora de todas las cosas: "tú, yo, todos los animales, plantas, la tierra y su plenitud, su belleza, variedad y extrañeza", como dijo Dreiser 14.

Enviada por los marcianos por razones desconocidas, X era a menudo invisible, y su operación se confundía con la ley natural o el libre albedrío. Pero al estudiar lo anómalo, Fort podía detectar la presencia de X e hipotetizar la existencia de este rayo misterioso. En cien mil palabras, Fort reinterpretó la historia humana a la luz de esta fuerza. Se estaba dirigiendo así, hacia un nuevo género de escritura tan revolucionario como el de Dreiser, aunque menos profano.

De "X", pasó luego a "Y", y con la productividad llegó para él la seguridad financiera: pasaba los días en la biblioteca, dedicaba las tardes a ordenar sus notas y escribir, antes de que Annie sirviera una comida simple y sustanciosa, y que la noche culminara con un paseo, una visita al cine o un refrigerio tardío de queso y cerveza. 

"Y", decía Fort, era un complemento de "X". Aunque la reconstrucción de este manuscrito es aún más incierta debido a que los restos son aún más fragmentarios, parece que "Y" estaba conectada a un lugar que Fort llamaba Y-land, situado en algún lugar cerca del Polo Norte. Según él, los intentos de los exploradores por atravesar el vasto y duro Ártico traerían una nueva era. La humanidad y los ciudadanos de Y-land se fusionarían, su unión neutralizaría la fuerza de X. Lo que seguiría no sería ya el libre albedrío, sino más bien un estado de nirvana.

Las teorías de Fort tuvieron un impacto inmediato en Dreiser. Al igual que Fort, Dreiser no creía en el libre albedrío: los personajes de sus libros están motivados por emociones básicas y reacciones bioquímicas. Sin embargo, a pesar de su materialismo, Dreiser anhelaba descubrir un reino trascendental, una fuente última de significado, algo más enriquecedor que la mezquina religión de su juventud 15. Los dioses ortogenéticos de Fort le ayudaron a resolver este enigma, uniendo lo mundano y lo espiritual.

 En una época, solía creer que la naturaleza era una fuerza ciega y que daba tropiezos , o bien una combinación de fuerzas que no sabía qué era ni hacia dónde iba. Llegué a esa conclusión en gran parte debido a la aparente falta de inteligencia (relativamente hablando) de los seres humanos y todas las criaturas sintientes. Sin embargo, en los últimos años, me he inclinado a pensar todo lo contrario: que la naturaleza simplemente nos parece oscura debido a su tremenda sutileza y a nuestros muy limitados poderes de comprensión 16.

Dreiser concluyó que existía una fuerza — llamada "ortogénesis ontogenética" u "ortogénesis autogenética" — que impulsaba la realidad hacia un bien superior, aunque desconocido 17. El editor de Fort ilustró estos temas en un par de obras de teatro, The Dream y Phantasmagoria, que presentaban la existencia como el sueño de los dioses, sintetizando así su realismo y trascendencia, la humanidad privada del libre albedrío, pero aún en la palma de la divinidad 18. Convencido de que "X" era uno de los mejores libros que había leído jamás, Dreiser asumió la tarea de conseguir su publicación 19. primero ofreció "X", y luego "X" e "Y" a distintas editoriales e incluso a un estudio de cine, pero no tuvo éxito en ningún caso 20.

Mientras tanto, Fort se angustiaba. Oscilaba entre la preocupación de que sus dioses lo hubieran abandonado y el temor de que ellos, o alguna fuerza cósmica relacionada, estuvieran impidiendo la publicación de sus manuscritos. Se angustiaba, pero, por el momento, no estaba listo para rendirse. 

En diciembre de 1916, decidió emprender su próximo proyecto: "un estudio de—cosas ocultas, ya sabes—cosas que han sido llamadas almas o espíritus" 21. Sin embargo, la composición de esta nueva obra resultó difícil. Al final de cada día, tras pasar horas en la biblioteca, no lograba ponerse a escribir. No estaba seguro de cómo aplicar "el tipo de cerebro que tengo" al tema. "El mío es un pensamiento más burdo y cínico que el de quienes han examinado estos fenómenos anteriormente; además, tiene algunas otras cualidades y una actitud diferente hacia lo que se llama el método científico"

Consideraba a este libro como "Z" 22.

Charles Fort posando ante su pizarra «supercheckers», ca. 1930

Durante los años siguientes, Fort transformó ese manuscrito, Z, en The Book of the Damned (El Libro de los Condenados). Además de romper la convención alfabética para darle nombre a sus proyectos, presentó ahora su material de una manera novedosa. La mayor parte del libro consiste en los extraños informes que había recopilado, en particular historias de cosas que cayeron del cielo, entretejidas con ataques a la geometría euclidiana, la evolución darwiniana, la mecánica newtoniana y la geología. 

Aunque superficialmente caótico con un cúmulo de misterios dispares, subyace ahí un argumento coherente: las teorías excéntricas de Fort no están ausentes, solo son menos prominentes. The Book of the Damned avanzó en el monismo de Fort. Su disputa con la ciencia se centra en la incapacidad del conocimiento científico para reconocer la totalidad del universo. Los científicos mutilan la realidad, la dividen en piezas, algunas consideradas como verdad y otras condenadas como falsas. En el pasado, el cristianismo utilizó el mismo proceso para establecer su régimen de verdad: un Dominante religioso que ahora ha sido superado por un Dominante científico igualmente incompleto. “Demonios y ángeles e inercias y reacciones son todos personajes mitológicos; pero, en sus eras de dominio, fueron creídos casi con tanta firmeza como si hubiera sido probada su existencia ” 23. 

Al rescatar los hechos excluidos y condenados, Fort buscaba demostrar la continuidad de la existencia, es decir, completar el rompecabezas proporcionando las piezas faltantes. Su objetivo era iniciar un nuevo Dominante que reconociera el continuo universal. Esta nueva era no sería un estado uniforme, sino un equilibrio dinámico, un flujo constante. El motor de esta agitación era la inestabilidad de las categorías “verdadero” y “falso”. 

Las cosas verdaderas —lo que él llamaba objetos “celestiales”— eran constantemente declaradas falsas  mientras que lo falso —los condenados— era regularmente resucitado como verdadero 24. La existencia, tal como la experimenta la humanidad, se encuentra en un estado intermedio entre lo celestial y lo condenado, agitada por una transformación constante. “No somos realistas”, escribe. “No somos idealistas. Somos intermediatistas: nada es real, pero nada es irreal” 25. Este reino intermedio, la vida misma, es un purgatorio. En este sentido, Fort estaba cartografiando los departamentos metafísicos del universo, como si fuera un Dante moderno. Le dijo a Dreiser, cuando le envió una copia del manuscrito: The Book of the Damned …es una religión” 26.

Al construir esta extraña teología, Fort se balanceaba al borde de la pura extravagancia, inventando un nuevo sistema, como había hecho con “X” y con “Y”, al igual que los autores de libros sobre la Atlántida o el núcleo hueco de la Tierra. Pero The Book of the Damned era juguetón, escurridizo, muy diferente de los tomos solemnes típicos del género. Si no existe diferencia entre lo real y lo irreal, todo es posible, y también igualmente imposible. “Así que ahí está. He renunciado a la ficción, ¿ves?”, le dijo a Dreiser. “O, de cierta forma, no lo he hecho. Estoy convencido de que todo es ficción; así que aquí estoy, en la misma línea de siempre” 27.

Quizás realmente existía un super mar de los Sargazos en la atmósfera superior en la que se acumulaban objetos provenientes de la Tierra —ranas, peces, hojas— y desde donde luego éstos objetos llovían. Quizás el universo era un ser vivo, y las lluvias de sangre eran su forma de sangrar. Quizás en 1903 la Tierra, en su órbita alrededor del sol, pasó a través de los restos de un mundo destruido en una disputa interplanetaria, y las partículas cayeron como lluvias de polvo y rojo. Quizás la humanidad estaba siendo controlada. “Creo que somos propiedad de algo” 28, escribió Fort. O quizás no; tan escéptico que no podía aceptar ni siquiera su propia autoridad, había renunciado a teorizar. “Tenemos expresiones: no las llamamos explicaciones; hemos descartado las explicaciones junto con las creencias” 29.

 Xilografía de Hans Glaser que representa una lluvia de sangre que supuestamente tuvo lugar cerca de Dinkelsbühl, en la región alemana de Franconia, el 26 de mayo de 1554.

 

 Apariciones celestiales sobre Núremberg el 14 de abril de 1561, que algunos creen que eran ovnis extraterrestres

Dreiser quedó impresionado.“Maravilloso, colorido, inspirador”, lo felicitó. “Como una cima o una ventana abierta en una torre que domina vastos reinos” 30. Alrededor de la época en que recibió el manuscrito de Fort, Dreiser había comenzado a trabajar con una nueva editorial llamada Boni & Liveright, que buscaba revitalizar el negocio fosilizado de la publicación, introduciendo métodos innovadores y arriesgándose con escritores experimentales, tanto estadounidenses como europeos. Según Dreiser, obligó a la editorial a publicar The Book of the Damned bajo la amenaza de abandonar la empresa si no lo hacían. Probablemente esa no fue la única razón; Dreiser amenazaba tan a menudo con irse a otra editorial si no conseguía lo que quería, que sus amenazas debieron percibirse como un bluff 31. 

Cualquiera que haya sido la causa, Boni & Liveright añadió The Book of the Damned a su catálogo de otoño. Originalmente programado para lanzarse en octubre, el libro no apareció sino hasta el primer día de diciembre de 1919, justo a tiempo para la temporada navideña 32. El primer libro de Fort en una década se vendió a un precio razonable de un dólar. Las ventas fueron rápidas, teniendo una segunda impresión en enero.“ Es uno de los libros más asombrosos jamás publicados”, dijo un crítico del Philadelphia Inquirer 33.Durante unos meses, a principios de 1920, Fort y su libro fueron una pequeña sensación. Fue un comienzo incongruente para lo que sería una década difícil para él, la última que viviría completa.  

The Book of the Damned fue reseñado en numerosas publicaciones, desde las más prestigiosas hasta las medianas y locales. Las críticas fueron mayormente —aunque no por completo— positivas, o al menos provocaron perplejidad “A medida que lo leía, me hice cada vez más consciente de que estaba en presencia de un genio que, si ha dado en el blanco con sus abrumadoras deducciones, fácilmente derribará a Euclides, Colón y Darwin de sus pedestales”, escribió el periodista inconformista Benjamin DeCasseres 34. El dramaturgo y novelista Booth Tarkington, cuyo libro The Magnificent Ambersons ganó el Premio Pulitzer en 1919, leyó el libro mientras estaba enfermo de gripe Lo había adquirido por error mientras estudiaba criminología ,porque había malinterpretando el título, y quedó asombrado 35. “¿Quién, en nombre de la locura, es Charles Fort?”, preguntó. “Es ‘colosal’, un magnífico chiflado, con Poe, Blake, Cagliostro y San Juan quedándose muy atrás. ¡Y con un humor de loco grandioso! 36”. El elogio más deslumbrante vino de Ben Hecht en el Chicago Daily News. Él también preguntó: “¿Quién es Charles Fort?” antes de ofrecer su propia respuesta:

 Charles Fort es un payaso inspirado que, al son de un gigantesco redoble de tambor, ha irrumpido en la  arena de la ciencia y ha arrojado su comedia circense y vejiga inflada contra los tronos pontificales de la sabiduría. Ha arrancado las falsas barbas de los planetas. Ha reinventado un dios. Ha expuesto el engaño inmemorial que lleva el nombre de cordura. 37

Hecht, periodista y crítico, se consideraba a sí mismo un alienista, un "experto en locura", y vio en Fort a alguien que se negaba a estar limitado por la racionalidad, abrazando en su lugar la sabiduría del loco 38. Hecht prometió a los lectores que se atrevieran con The Book of the Damned que serían recompensados con la liberación de la locura. "De cada cinco personas que lean este libro, cuatro se volverán locas". 

 Notas

  1. Damon Knight, Charles Fort: Prophet of the Unexplained (New York: Doubleday, 1970), 27.
  2. Charles Fort to Theodore Dreiser, 3 June 1916, in “The Correspondence of, and to, Charles Hoy Fort”, ed. Mr. X, 2004. Available here.
  3. Charlotte Sleigh, “Writing the Scientific Self: Samuel Butler and Charles Hoy Fort”, Journal of Literature and Science 8 (2015): 17–35, 24.
  4. Fort to Dreiser, 19 July 1916, in “Correspondence”. Available here.
  5. Knight, Charles Fort, 39.
  6. Jerome Loving, The Last Titan: A Life of Theodore Dreiser (Berkeley: University of California Press, 2005).
  7. Knight, Charles Fort, 58.
  8. Steinmeyer, Charles Fort, 135, 228.
  9. Ibid., 231.
  10. Charles Fort, The Book of the Damned (New York: Boni & Liveright, 1919).
  11. David M. Cornell, “Taking Monism Seriously”, Philosophical Studies 173 (2016): 2397–2415.
  12. Benjamin DeCasseres, “An American Wrestles with God”, American Mercury, April 1929, 467–473.
  13. Steinmeyer, Charles Fort, 136.
  14. Knight, Charles Fort, 59.
  15. John C. McCole, Lucifer at Large (New York: Longmans, Green and Co., 1937), 37; Louis J. Zanine, Mechanism and Mysticism: The Influence of Science on the Thought and Work of Theodore Dreiser (Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 1993).
  16. Theodore Dreiser, A Hoosier Holiday (New York: John Lane Co., 1916), 374.
  17. Dreiser, Hoosier Holiday, 375; Steinmeyer, Charles Fort, 142.
  18. Thedore Dreiser, Hey Rub-A-Dub-Dub (New York: Boni & Liveright, 1920), 60–73, 182–200.
  19. Steinmeyer, Charles Fort, 140.
  20. Ibid., 155.
  21. Ibid., 161.
  22. Ibid., 160–61.
  23. Fort, Book of the Damned, 16.
  24. Ibid., 8, 18.
  25. Ibid., 17.
  26. Steinmeyer, Charles Fort, 165–66.
  27. Ibid., 139.
  28. Ibid., 156.
  29. Ibid., 117.
  30. Ibid., 166.
  31. Zanine, Mechanism and Mysticism, 127; W. A. Swanberg, Dreiser (New York: Charles Scribner’s Sons, 1965), 241.
  32. “Fall Publications of Boni & Liveright”, Publishers’ Weekly, 27 September 1919, 835.
  33. Philadelphia Inquirer, 15 January 1920, 12.
  34. Benjamin DeCasseres, “The Fortean Fantasy”, Thinker, April 1931, 76.
  35. Fortean 2 (October 1937): 5–6; Booth Tarkington to Harry Leon Wilson, 8 February 1920, Harry Leon Wilson papers, University of California, Berkeley.
  36. Bookman, August 1920, advertising supplement (n.p.).
  37. Fortean 3 (January 1940): 5.
  38. Ben Hecht, Gaily, Gaily: The Memoirs of a Cub Reporter in Chicago (New York: Doubleday, 1963), 159.